29/05/1998 | 586

Algo está podrido en la Capital

La renuncia del secretario de Hacienda, Rodríguez Giavarini, revela una crisis profunda del gobierno ‘aliancista’ de la Capital. Esta crisis está dictada por una combinación de choques por el control de la caja porteña por el aparato radical, de intereses capitalistas ligados a los negociados de la ciudad y del empantanamiento del plan de ‘ajuste’ delarruista y por la tenaz resistencia de los trabajadores afectados.


Giavarini se habría convertido en un obstáculo para el ala ‘política’ del radicalismo en sus demandas de fondos. La gota que derramó el agua fue «un pedido de fondos extras para las obras ‘de campaña electoral» (Clarín, 25/5). En particular, se señalan los choques con Nicolás Gallo, secretario de Producción y Servicios, impulsor de la prolongación del subte y de remodelaciones urbanas, dirigidas a la valorización inmobiliaria de ciertos barrios y a apuntalar a De la Rúa como candidato «que hace obras». Giavarini exigió que se hiciera la licitación pero «No puede haber licitación. ‘La interna es la interna’, habría dicho Gallo» (Página 12, 24/5). Se reveló, así, el manejo discrecional de fondos para el financiamiento de punteros y el pago de ‘favores’, esto bajo este gobierno de‘probos’ y ‘transparentes’.


Otro factor decisivo habrían sido las diferencias en materia de renegociación de los millonarios contratos para la recolección de basura. Giavarini objetó las negociaciones dirigidas por Gallo, con los nuevos contratistas y también con el gremio de los camioneros (Perfil, 24/5). Si se suma a todo esto el deschave de las coimas del bloque radical de la Legislatura, la podredumbre del gobierno de la ciudad no tiene nada que envidiarle a la de los Menem,Yoma y Yabrán.


Otros choques se produjeron alrededor del pago de compromisos con proveedores heredados de gestiones anteriores (La Nación, 23/5) y por el manejo de la privatización del Banco Ciudad (Perfil, 23/5). Indice de que un sector del capital contratista, inmobiliario y de la banca estaría también detrás del desplazamiento de Giavarini.


Pero el telón de fondo de la crisis es el atascamiento del plan de ajuste del gobierno porteño, consistente en recortes presupuestarios y aplicar la flexibilización laboral en áreas como salud, educación y cultura y en el aumento de impuestos bajo la forma de un revalúo de la propiedad. Los radicales meten la mano en la lata, mientras Giavarini la llenaba reventando a los trabajadores y quería destinarla a la asociación con los banqueros (privatización del Banco Ciudad). Todo tiene un límite.


Fue la huelga de médicos y la movilización de los residentes, lo que frenó las medidas de recorte presupuestario y de reducción de personal en los hospitales públicos. Luego, la movilización de los estudiantes secundarios con sus cortes de calle y, especialmente, el gran paro de los maestros primarios, lo que paralizó la aplicación de los decretos 1990 y 747 de ‘reforma educativa’ en la Capital. Estos decretos reducen cursos, introducen un presentismo que obliga a trabajar a los trabajadores enfermos y una vasta modificación de los regímenes de licencias, nombramientos y categorizaciones, para facilitar el despido de maestros y reducir salarios. Fue calificado como mucho más reaccionario que el proyecto Decibe.


Si se agrega la tenaz movilización de los trabajadores de los teatros oficiales, también contra la precarización y la reducción presupuestaria y el repudio generalizado de la población al impuestazo, tenemos un verdadero cuadro de sublevación de la base electoral de la Alianza contra el gobierno que viene de votar.


Es acertada la comparación de la caída de Giavarini con la de Cavallo, es el mismo fracaso del ‘plan’ por sus contradicciones y los choques que provoca, es la resistencia de los sectores populares afectados. La diferencia reside en la enorme aceleración de la crisis. La Alianza ‘menemizada’, reproduce en meses, lo que al menemismo le llevó varios años.

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