11/12/1997 | 568

Alianza: Hay que atomizar a los sindicatos

El gobierno se comprometió ante el FMI a que la reforma laboral entre en vigencia antes del 30 de junio del año próximo. El contenido de esa reforma está detallado en el acuerdo firmado por Roque Fernández e incluye 6 temas:


  • Modificación del sistema de indemnizaciones «a fin de reducir significativamente el costo de los despidos».
  • Eliminación de «ciertos» contratos de trabajo temporario.
  • Eliminación gradual de la ultractividad, o sea, de la prórroga de la vigencia de los convenios cuando no hay acuerdo entre las partes.
  • Eliminación gradual de los estatutos profesionales.
  • Descentralización de los convenios de trabajo (por empresa).
  • Estímulo a la «competencia» entre las obras sociales.


Si se mira con atención este compromiso, se aproxima muchísimo al «Acta de Coincidencias» que la CGT firmó con el gobierno. Significa que el Ministerio de Economía, que el año pasado objetó que el acuerdo con la CGT no fuera más lejos en el arrasamiento de la legislación laboral, ahora se inclinaría por sacar adelante, como mínimo, el ‘pacto negro’ con la burocracia cegetista, convencido, además, de que en las nuevas negociaciones logrará avanzar otro tanto.


Es que el acuerdo con la CGT representa toda una ‘conquista’ de la patronal, porque para los nuevos empleos reduce de inmediato al 70% la actual indemnización por despido, y luego la baja a menos de la mitad, porque crea un fondo de retiro sobre la base de un aporte patronal anual del 30% del salario obrero.


Como al mismo tiempo se mantienen ‘ciertos’ contratos temporales, y sobre todo el más importante, el período de prueba, la ‘precarización laboral’ da otra vuelta de tuerca en eliminar la estabilidad en el empleo: a las patronales despedir no les costará casi ni un centavo.


Existe, asimismo, un preacuerdo para crear un «régimen para el primer empleo juvenil», mediante la extensión del actual y negrero «contrato de aprendizaje».


La derogación de los estatutos profesionales, los convenios por empresa y la obligatoriedad de renovar los convenios (caída de la ultractividad) apuntan a lo mismo: atomizar el poder de negociación de los trabajadores.


Divergencias


Si esto mismo se acordó el año pasado, ¿por qué no salió hasta ahora esta mayor flexibilidad laboral?


Es que un sector de las patronales, en especial los grupos más concentrados de la industria, quieren ir más lejos en tres puntos claves:


* Que la reducción de las indemnizaciones comprenda tanto a los nuevos como a los trabajadores que están en actividad.


* Que los convenios por empresa puedan ser firmados al margen del sindicato, y que las patronales incluso puedan firmar acuerdos individuales con cada trabajador.


* Que las obras sociales puedan ser acaparadas por la medicina privada.


Para este sector patronal habría que arrasar con la estructura sindical actual y dejar que «en el ámbito de cada empresa» existan varios «sindicatos de rama o aun independientes, como es el caso, por ejemplo, en España o en Estados Unidos». Es lo que propone, concretamente, el asesor de los grandes pulpos, Ernesto Kritz (La Nación, 30/11).


«El modelo de negociación colectiva depende del modelo sindical», insiste Kritz, para quien es insuficiente el convenio por empresa si en la propia estructura de la fábrica los trabajadores no están segmentados en «varias listas» o sindicatos.


No por casualidad, el ‘referente’ económico de la Alianza y principal asesor de la Unión Industrial, del Grupo Techint y de Pérez Companc, planteó (BAE, 28/11) que «hay un tema que todavía no fue incluido en la discusión por la reforma laboral y que en la Argentina es el monopolio de la representación gremial», o sea, el sindicato único por industria. Y para que no quepan dudas que Machinea, como un chirolita, habla por boca de sus patrones, Julio Macchi, el presidente de la Bolsa, dijo que la propuesta de Machinea le parecía «una idea bárbara».


Más importante aún es que Chacho Alvarez, que se desvive por ganar el corazón y el bolsillo del gran capital, «coincidió con las declaraciones de Machinea» y agregó que estaban «en línea con las de la Central de Trabajadores Argentinos» (CTA). En la CTA, «la propuesta de Machinea no fue mal vista» (Página 12, 28/11), pero propone ir más lejos: «ponerle fin al unicato» sindical y que haya tantos convenios como sindicatos. Para la CTA, éste sería el camino de la democratización de los sindicatos, cuando no es otra cosa que reservarse su propia cuota en la integración al Estado capitalista y a las patronales, y servir como punta de lanza para una ofensiva reaccionaria de las grandes patronales.


Pero para el gobierno, las pretensiones de ‘máxima’ de las patronales serían inalcanzables en el actual cuadro político: llevarían a una mayor disgregación del menemismo y a un debilitamiento de la burocracia sindical, que estima peligroso en un cuadro económico-social que se agrava al compás de la crisis internacional.


Para las grandes patronales, la crisis económica y la irrupción de la Alianza son nuevas herramientas para permitirles avanzar no sólo en la flexibilidad, sino también en la atomización del movimiento obrero, enarbolando el discurso ‘democrático’ del centroizquierda.

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