01/06/2020

Aunque la represión se vista de seda: acerca de la “revalorización” de las FF.AA.

El gobierno nacional busca limpiar la imagen del Ejército.

“La pandemia es una oportunidad que tenemos para revalorizar a los militares.” La frase pertenece a uno de los jefes del Ejército, Agustín Humberto Cejas, en declaraciones del lunes pasado al portal Infobae. El grueso de la entrevista del reconocido medio virtual al “General de Brigada” trata la idea de que es necesario que “la sociedad” supere las “diferencias” con las FF.AA., que en tiempos de pandemia serían capaces de “dar un gran apoyo”. Cejas no ahorra elogios para la política del ministro de Defensa, Agustín Rossi, y al gobierno nacional, y resalta el nivel que las fuerzas de seguridad tienen para llevar adelante la “ciberdefensa”.


Coronavirus y embellecimiento de las FF.AA.


Las declaraciones no sorprenden ni son una posición aislada. Desde la llegada del coronavirus, las fuerzas de seguridad de todo tipo se desplegaron en una parte del territorio nacional (principalmente en las villas y los barrios más empobrecidos). Desde el propio gobierno nacional y los medios de comunicación de la burguesía (sean estos oficialistas u opositores) se buscó presentar esto como una “colaboración social” a fin de repartir alimentos y “ayudar a los más necesitados”. En ese sentido es que el esfuerzo discursivo para embellecer al Ejército no sorprende.


La realidad, sin embargo, supera al relato. Por un lado, la “ayuda alimentaria” en las villas no es tal, en la medida en que el trabajo de las fuerzas de seguridad es deficitario en comparación al de los comedores populares. Como hemos dicho en en el Informe Especial de Prensa Obrera: “el déficit a la hora del reparto de comida es indudable. Lo que reparten las Fuerzas Armadas está muy por debajo del trabajo que realizan los comedores que trabajan día tras día en cada barrio. En La Matanza, por ejemplo, el ejército supuestamente reparte a diario 24.000 raciones de comida (datos oficiales). Eso cubre solo al 1% de la población. En cambio, los 700 comedores populares que reciben alguna asistencia municipal realizan alrededor de 300 raciones de comida diaria cada uno, por lo que en total reparten algo más de 200.000 mil raciones. La diferencia es abismal en este municipio, pero esa lógica es la que se repite en todos los rincones del país”.


En contraste con el faltante de comida, lo que sí hay de sobra en los barrios son palos. Los casos de gatillo fácil aumentan a pasos agigantados. En los últimos días, casos como el brutal asesinato policial en la Isla Maciel, las detenciones arbitrarias en José C. Paz, el “cerco” en Villa Azul, la escalada represiva en el conurbano (San Fernando, Berazategui, José León Suárez), la desaparición forzada y el asesinato de Fernando Espinoza en Tucumán y demás casos en todo el país muestran un patrón determinado.


El objetivo de las FF.AA. no es ayudar a nadie más que al gobierno para poder hacer pasar el ajuste y que la crisis la paguen los trabajadores. Las fuerzas de seguridad juegan un papel de represión sobre todo en aquellos lugares en los que el “descontento social” crece fruto de la crisis, ya que el gobierno ha destinado poco y nada de recursos para las villas mientras le subsidia el sueldo a los funcionarios de Clarín y Techint y sigue pagando la deuda.


La apertura de la cuarentena (en la que el gobierno cede ante la burguesía y la derecha) y una crisis que es pagada indudablemente por “los que menos tienen” no pasa sin represión. La política de “disciplinamiento social” apunta a acallar y disuadir cualquier protesta. A eso apuntan las fuerzas de seguridad y el embellecimiento que el gobierno quieren hacer con ellas.



La cuarentena no tiene la culpa


Cierto es, para ser justos, que la política para cambiar la imagen de las FF.AA. comenzó mucho antes de la pandemia. Ya el propio Alberto Fernández había pedido no condenar al Ejército por los “excesos” e “inconductas” del pasado (en referencia a la última dictadura militar). El operativo para “acercar” a las Fuerzas Armadas está en la agenda de este gobierno, como lo estuvo en todos los que tuvieron el poder desde 1983 hasta la fecha.


Es una iniciativa que apunta a reestructurar y recomponer a las fuerzas de seguridad para reafirmar su autoridad y, así, allanar un terreno para la represión, clave en tiempos de ajuste.


El sector progresista e incluso de izquierda que apoya y ha sido cooptado al gobierno no ha dicho una palabra de todo esto. Muchos que antes pintaban en las paredes murales del Che Guevara o de Camilo Cienfuegos hoy están con el Ejército. Estos sectores (Patria Grande, etc.), con la antropóloga Sabina Frederic a la cabeza, buscan lavarles la cara a los represores para que tengan una mejor imagen entre los trabajadores y la juventud. Por eso callan ante todos los casos de violencia institucional de los últimos días. Buscan vender una conciliación de algo irreconciliable: o se está con quienes luchan o se apoya a quienes reprimen.


Un hecho simbólico pero muy significativo sucedió el pasado viernes. Nadie del gobierno (lógicamente) criticó el tweet de Alberto Fernández que “saludaba” con énfasis al Ejército en su día con un video “emotivo” y la alegría del “compromiso con la democracia”. En la misma fecha se cumplió el aniversario del Cordobazo, sin que esto mereciera un recordatorio ni del presidente ni de ninguno de sus funcionarios. Dime qué reivindicas y te diré qué intereses defiendes. La juventud y los trabajadores deben estar explícitamente del lado contrario.



 

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