17/07/2008 | 1046

Ayer un juramento, mañana una traición

En la madrugada del jueves quedó deshecha en un par de minutos la criatura más mimada del kirchnerismo: «la construcción de poder».

Con una resolución del ministerio de Economía, perdió primero a la patronal rural que lo votó en octubre pasado; después, durante 120 días, perdió la prueba de fuerza con ella en las rutas.

Al final, quebró a su mayoría parlamentaria en Diputados y en el Senado, y al propio vicepresidente, al que había llevado a ese lugar en nombre de una ‘concertación plural’.

Desde el comienzo dijimos desde estás páginas que se creaba «una crisis de régimen político», que se había «agotado el modelo productivo» y que «con estos no llegamos al bicentenario».

En el desarrollo de la crisis, el kirchnerismo demostró que era una pantomima de movimiento nacional y popular.

En ningún momento movilizó a los trabajadores del campo o de la ciudad, tampoco podía hacerlo porque gobernó con un millón de obreros rurales en negro, con topes salariales, con jubilaciones desvalorizadas y, al final, con una inflación imparable.

Apenas atinó a un par de provocaciones comandadas por D’Elía o Moreno en Plaza de Mayo, y a dos actos regimentados.

Los que llamaron a ‘parar a la derecha defendiendo al gobierno popular’, se tienen que rendir a la evidencia de que el kirchnerismo ha sido una traba para la movilización de los trabajadores, rodeado de los Moyano, los Cavallieri y hasta los Venegas -o de los Scioli y los Alperovich.

Típicamente argentina, la crisis no tiene nada de heroica, trágica o dramática: es una pelea por 120 dólares de diferencia, por tonelada, por las 30 millones de toneladas acaparadas por la patronal sojera a partir de la suba de las retenciones.

Durante toda la crisis, sojeros y gobierno se mantuvieron unidos en la defensa de la estructura social terrateniente y monopolista del campo, y en el régimen de superexplotación del obrero rural; hubo innumerables modificaciones al proyecto de ley, pero ninguna por la derogación de la ley del peón rural de la dictadura.

Llambías, de CRA, gritó «Viva la Patria» a en Palermo, pero la consigna sojera es… «el restablecimiento de los mercados de futuro»; la Bolsa de Cereales de Rosario declaró, con esa reivindicación, un cese de tareas (especulativas), el miércoles pasado.

«Todos revolcados», la izquierda campestre se sumó a los festejos de los ‘procesistas’ de la Rural por una votación de diputados y de senadores que han respondido fielmente toda su vida a las órdenes del capital.

¡El voto decisivo, del santiagueño Rached, fue ordenado por el banquero Ick, el gran patrón de la provincia y el verdugo de sus trabajadores!

No tiene tampoco nada de heroica la redistribución de ingresos que volvió a prometer K luego de cinco años de gobierno, como lo demuestra la decisión de cargar sobre las espaldas de los argentinos la deuda de mil millones de dólares del grupo Marsans por Aerolíneas.

El toque final de la farsa la dio el pobre Cobos, que justificó su decisión de votar en contra recordando con satisfacción los acuerdos que permitieron que las provincias privaticen los yacimientos petroleros y los que autorizan el subsidio de la patronal vitivinícola (francesa).

Se ha colocado como hombre de confianza para una salida ‘institucional’ a la crisis de poder.

El gran ausente en todo esto ha sido el proletariado de la ciudad y del campo; pero la crisis recién comienza.

El gobierno ha perdido en el Congreso su mandato político, y no tiene condiciones de recuperarlo apelando a un nuevo voto popular; está fragmentado el propio Ejecutivo.

La oposición política patronal no querrá precipitar las cosas, en primer lugar porque está dividida y porque no ha liderado esta crisis sino que ha ido a su rastra.

Pero, por sobre todo, porque quiere que el ‘ajuste’ lo haga este gobierno: cambiar las retenciones, aumentar tarifas, devaluar la moneda, reforzar los topes salariales, renovar los contratos con los pulpos internacionales suspendidos desde la ‘emergencia’.

El gobierno deberá decidir si quiere continuar; ahora como chirolita de la patronal sojera a la que estuvo ‘combatiendo’  y de los pulpos que tienen cuentas pendientes con el Estado.

Los trabajadores debemos reunirnos para deliberar, en especial las corrientes obreras que se pronunciaron, en sindicatos y lugares de trabajo y estudio, contra los sojeros y el gobierno.

Montemos un gran frente único para superar la confusión entre los trabajadores y luchar por una alternativa obrera y socialista al derrumbe del régimen de turno.

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