02/10/1997 | 559

Baja la ‘productividad’ pero suben las ganancias

En el último número de Prensa Obrera denunciamos el balance oficial de los primeros seis meses de vigencia del nuevo sistema de Aseguradoras de Riesgo de Trabajo: 1.000 trabajadores muertos en accidentes laborales —una cifra proporcionalmente cinco veces superior a la registrada en los Estados Unidos— y una cifra anualizada récord de accidentes: 336.000.


El nuevo récord de accidentes, sin embargo, no es comparable, con las cifras de anteriores registros: los 336.000 casos de accidentes bajo el nuevo régimen no incluyen —como antes— las llamadas‘enfermedades accidentes’ y enfermedades profesionales tan frecuentes como las várices y la lumbalgia. Su inclusión aumentaría todavía más el registro de los accidentes laborales.


Tenemos un aumento exponencial de los accidentes laborales como consecuencia de la sistemática política patronal de liquidar las condiciones mínimas de higiene y seguridad: apenas el 3% de las empresas cumplen la totalidad de estos requerimientos, mientras el 33% no cumple las normas básicas (el periódico, Tucumán, 21/9).


Estas cifras brutales, con todo, están lejos de pintar acabadamente la realidad, porque se refieren sólo a las empresas registradas; millones de trabajadores ‘en negro’ trabajan en condiciones laborales aterradoras, que no aparecen en ninguna estadística. En estas mismas páginas, por ejemplo, se denuncia el asesinato de cuatro jóvenes obreros rurales intoxicados con pesticidas: los muertos trabajaban‘en negro’ y, por lo tanto, no tienen lugar en las estadísticas de las ART.


La causa de semejante masacre social salta a la vista. Lo que para el obrero es su vida, para el patrón es apenas un ‘insumo’ más. Al reducir su ‘costo’ —abaratando las indemnizaciones por accidente y enfermedades profesionales e impidiendo a los trabajadores el recurso a la justicia en caso de accidentes—, el nuevo régimen de las ART alienta a los patrones a liquidar las condiciones mínimas de higiene y seguridad laboral.


Las consecuencias están a la vista: la llamada ‘tasa de siniestralidad’ aumentó brutalmente. Uno de cada diez trabajadores sufre un accidente por año; en las industrias riesgosas, como la construcción, esta tasa se duplica: el 17% de los trabajadores —uno de cada cinco— se accidenta por lo menos una vez al año.


Accidentes y productividad


Los accidentes laborales provocan la pérdida de millones de jornadas laborales al año. Según un estudio de la propia Superintendencia de ART, «los accidentes laborales generan en Argentina una disminución de la productividad económica de casi 500 millones de dólares por año. En realidad, la cifra es mayor si se toman en cuenta los daños materiales padecidos por las empresas y el hecho de que el cálculo comprende el trabajo en condiciones regulares, con lo que el enorme volumen que se desarrolla en condiciones informales —en negro— elevaría la pérdida productiva a 700 millones de dólares» (ídem). Bajo el nuevo régimen de las ART, el aumento del número de accidentes laborales implica una todavía mayor disminución de la «productividad económica».


¿Por qué las patronales —que alargan las jornadas laborales, aumentan los ritmos de producción, liquidan las vacaciones, eliminan las indemnizaciones por despido, revientan los convenios y reducen los salarios con la excusa de la ‘productividad’— defienden con uñas y dientes un régimen de accidentes laborales que la reduce de manera tan drástica?


Porque lo que le importa al patrón no es la ‘productividad’, sino los beneficios. Cada centavo de ‘costo laboral’ que se roba, es un centavo de beneficios que se acumula. Cada centavo de indemnizaciones por accidente que se ‘ahorra’, es un centavo que va a la bolsa de las ganancias. Cuando el aumento de la ‘productividad’ sirve para aumentar los beneficios, ¡viva la ‘productividad’! Pero cuando para aumentar los beneficios es necesario reducirla, entonces, ¡abajo la ‘productividad’ y vivan los accidentes!


El nuevo régimen de las ART pone en evidencia la mentira patronal de la ‘productividad’ y la verdadera razón de la liquidación de las condiciones de trabajo: el aumento salvaje de los beneficios a costa de la salud y hasta de la propia vida del trabajador.

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