11/05/2006 | 945

Blanco y Correa sacuden a la Constituyente


El pasado martes 9 se convocó a la primera sesión plenaria “de trabajo” de la Constituyente tucumana. La sesión fue precedida por un agravamiento de la crisis política y de la lucha de camarillas entre el gobernador Alperovich y su vice, Juri, en torno, precisamente, de la reelección que la Constituyente debe sancionar. Para disimular esta crisis y ganar tiempo, la sesión del 9 fue convocada para debatir el capítulo de “derechos y garantías”. De todos modos, del “debate” en torno de esta cuestión ya había sido excluido el PO pues se nos impidió participar de la comisión respectiva. El Partido Obrero no contaba con el derecho de que sus proyectos presentados fueran dictamen “de minoría”. El oficialismo esperaba contar con un plenario sin sobresaltos. La Gaceta pronosticó “una sesión tranquila”.


 


Cuando, al comenzar la sesión, Martín Correa y Daniel Blanco se anotaron para realizar “una manifestación”, pocos imaginaron lo que ocurriría después.


 


Correa repudió el “cajoneo” del proyecto de declaración del PO por el esclarecimiento del crimen de Paulina Lebbos (ver extractos del discurso). Blanco denunció hasta qué punto la Constituyente era el taparrabos de una riña entre dos facciones del gobierno (ver extractos). Desenmascaró la ficción de la Constituyente, a la que estigmatizó como una “amenaza a la democracia”, y reclamó su disolución. La intervención de Blanco superó largamente los “diez minutos” autorizados por el reglamento. Sin embargo, nadie se atrevió a interrumpirlo. Una tensión extrema se apoderó del recinto y, en cierto modo, de la provincia, que siguió por televisión las alternativas del debate.


 


Los convencionales del PO habían desbaratado la tentativa distraccionista del oficialismo. En el recinto, la crisis política se había instalado en toda su magnitud.


 


Disparen sobre el PO


 


El golpe del PO fue tan certero, que obligó a los convencionales oficialistas a desplegar, durante tres largas horas, una larga lista de intervenciones. Sin procurarlo, los convencionales alpero-juristas “trabajaron” para el PO: la estrechez política e intelectual de sus “respuestas” terminaron ilustrando lo que Martín y Daniel acababan de denunciar, es decir, la descomposición de todo un régimen político.


 


Reivindicaron, por caso, la metodología “democrática y transparente” de una Convención que funciona con reuniones secretas y donde en la comisión electoral, que discutirá la reelección del gobernador, los siete legisladores pertenecen al Frente para la Victoria… Otro convencional del PJ cayó en el ridículo al enrostrarle al PO “mucho libro, mucho estudio, pero poca recorrida a los barrios”, ello mientras miraba a Martín Correa, es decir, al animador de decenas de cortes de ruta del Polo Obrero a lo largo de toda la provincia. Otro convencional nos reprochó, por el contrario, la falta de “cultura parlamentaria”, aunque en este caso con razón. En efecto, es clara nuestra “falta” de disposición a los enjuagues y conspiraciones de la política patronal. Por el contrario, el PO concurrió a la Constituyente a exponer sus planteos de un modo claro y frontal, como lo haría en una asamblea obrera.


 


El torneo de obsecuencia hacia Alperovich fue ganado por el convencional de Barrios de Pie, quien señaló que las marchas por Paulina revelaban el “clima de democracia” que existía en la provincia. Es decir la transparencia para protestar por un crimen del cual los “transparentes” son los encubridores.


 


La intervención de otro convencional fue una confesión de parte, porque nos acusó de “meternos en la vida de otro partido (el PJ)”, ante nuestra denuncia de que “las facciones se disputan el botín del juego y la obra pública sobrefacturada”.


 


Oposición política


 


En la respuesta final a cada uno de los ataques, Daniel Blanco refrendó la posición del PO. “No se trata de la interna de un partido. Ustedes han colocado a todo un Estado, y principalmente a esta Convención, a disposición de las camarillas que se disputan el poder”.


 


Cuando Daniel y Martín exigieron que nuestras manifestaciones fueran consideradas mociones de orden, y se colocaran a votación, el desconcierto y el temor ganó a la presidencia y a la secretaría de la Convención. “¿Cómo votar nuestra propia disolución?”. “Está fuera del reglamento”, se justificó, vacilando, el secretario. De todos modos, los treinta y seis oficialistas insistieron en el “archivo” del proyecto por Paulina. En repudio al cajoneo, Correa y Blanco abandonaron la sesión. Toda la prensa de la provincia siguió sus pasos. En la puerta de la asamblea, se realizó una extensa conferencia de prensa.


 


Una joven convencional alperovichista sintetizó el fastidio oficialista: “ustedes denuncian a nuestras instituciones, pero vienen y participan en ellas”. Al desbaratar el carácter ilegal y ficticio de la Constituyente (una cueva de conspiradores), en la propia tribuna parlamentaria, el PO se ha convertido en el defensor de los principios de la democracia y de los principios republicanos contra una Constituyente trucha.


 


El mismo diario que por la mañana pronosticó “una sesión tranquila”, informaba por la tarde que la “Convención se ha transformado en un ring político”. En uno de sus rincones estaba el PO, levantando una oposición política socialista contra el régimen de camarillas en Tucumán.