12/10/2000 | 684

Cambio de gabinete: un golpe de los servicios

Complicidad de Chacho y el Frepaso

El cambio de gabinete que provocó la renuncia de Chacho Alvarez ha cumplido la función extremadamente útil de dejar completamente al desnudo el enorme compromiso de la camarilla presidencial con la corruptela descubierta en el Senado y seguramente con muchas otras que se irán revelando con el tiempo.


Representa mucho más que un intento, en parte frustrado, de conservar a Flamarique y a De Santibañes. Como se podrá ver enseguida, se trata de un virtual golpe de Estado perpetrado por la Side para poner al gobierno bajo su control y evitar que las denuncias de corrupción acaben por derribar al gobierno de De la Rúa.


 


No hay como una familia unida


En Clarín del domingo, Pablo Calvo es el primero en señalar que el nombramiento de Jorge de la Rúa, en Justicia, en reemplazo del fidelísimo Gil Lavedra, apunta a descabezar a la Oficina Anticorrupción (OA): «cambios en la cúpula y la estructura». Dice Calvo que «los conductores del organismo … están muy incómodos por haber quedado bajo la conducción orgánica del hermano del Presidente». Jorge de la Rúa es el mismo que junto con la dirección de Renault y el embajador francés fueron a ‘apretar’ a De la Sota, el año pasado, para que cesara el proceso judicial por contrabando contra ese pulpo, por mil millones de dólares. En el marco de la crisis del Senado, la ‘incomodidad’ de los funcionarios de la OA y la perspectiva de que los despidan, tiene la clara explicación de que el gobierno pretende evitar que la investigación del Senado siga saliendo de madre y, en definitiva, busca enterrarla. Que el operativo haya sido acaparado por la familia De la Rúa y por la camarilla presidencial es una evidencia del grado de compromiso oficial con las coimas en el Senado.


Al día siguiente, el ‘insospechable’ diario La Nación confirmó la información de Clarín. «No pocos (!) funcionarios se adelantaron a decir a La Nación *relata la periodista Laura Zommer* que creían que ‘De la Rúa llegaba para poner orden y controlar a la OA’. La misma sospecha sobrevoló *agrega* algunos despachos de los Tribunales». Es claro que el único objetivo que podría tener ese ‘control’ es encubrir los delitos que se están investigando. Además del Senado, la OA tenía a su cargo la investigación Pami-Alderete y el enriquecimiento de la Alsogaray; es querellante en la causa Emir Yoma; e impulsa la causa por el uso de los Adelantos del Tesoro (ATN) que involucra a Corach. Cualquier posibilidad de acuerdo con los senadores peronistas y con Menem pasa por poner punto final a estos asuntos. La Nación dice que las investigaciones de la OA «inquietaron al gobierno de De la Rúa y molestaron a Menem». Para Clarín, los «detractores» de la OA ponen en tela de juicio la conveniencia de seguir jaqueando al menemismo, «un inesperado aliado del gobierno tras la crisis con Alvarez».


Veinte días antes del operativo Gabinete, un senador ‘histórico’ de la UCR, Raúl Galván, había enviado «un duro telegrama al presidente Fernando de la Rúa reclamándole… evitar interferencias del Poder Ejecutivo en la investigación de los supuestos sobornos pagados en el Senado» (La Nación, 23/9). Por esos días, Gil Lavedra merodeaba por las oficinas de Liporaci con objetivos que nunca fueron precisados a la opinión pública. El día anterior al telegrama de Galván, De la Rúa había recibido el «firme respaldo de Menem», con quien «coincidieron en que actúe la Justicia» (ídem) *lo que en boca del riojano es casi una contraseña*. La reunión oficial entre los dos blanqueaba otra secreta, realizada diez días antes. El ‘intocable’ Joaquín Morales Solá, periodista de La Nación, cuenta sin vueltas que el cambio de gabinete fue orquestado por De Santibañes, jefe de la Side, en «reuniones conspirativas» (textual) en quintas del Gran Buenos Aires con Nosiglia y Colombo, el nuevo jefe de Gabinete, lo que éste desmintió, pero Nosiglia no.


La conclusión que emerge de esto es que el cambio ministerial fue una operación de los servicios, para salvar a De la Rúa de las derivaciones de la crisis del Senado, operación en la que intervinieron el menemismo y el nosiglismo radical. En un régimen republicano, esto equivale a un golpe de Estado. Para un gobierno que debe su nacimiento a la demagogia que hizo con la «transparencia» y la «ética», todo esto no es poca cosa. Después hay quienes se asombran de que el «primer magistrado» haya caído al 20% en la estimación de los encuestados.


El nombramiento de Patricia Bullrich en Trabajo, para el cual no tiene antecedentes ni relaciones, confirma la naturaleza especial de la crisis de gabinete. Bullrich ha transitado por el Sistema Penitenciario, lo que requiere vínculos con los organismos de seguridad, y está vinculada con un funcionario de la Side, Albornoz, envuelto en el operativo que pretendió manipular una infidelidad matrimonial de Alvarez. Cuando se juntan todas las piezas del cuadro, ¡cómo extrañarse de que los ex Gallo y Gil Lavedra se hayan ido dando un portazo en las narices de su entrañable amigo Fernando!


 


La madre de todas las coimas


La otra pieza del recambio ministerial (la salida de Gallo y Terragno y el nombramiento del presidente del Banco Nación, Chrystian Colombo, como jefe de Gabinete) tiene relación con la primera. Es que el Nación ha mantenido en vida al Grupo Yoma, el cual le debe al banco casi 80 millones de pesos, pese a lo cual ha seguido cobrando los reintegros por exportaciones que debían servir de garantía de pago de la deuda (La Nación, 9/10). Ahora que Colombo comandará la AFIP, que paga esos reintegros, el Grupo Yoma podrá decir que tiene el futuro asegurado.


Pero según Juan Alemann hay más, pues dice que Nicolás Gallo fue ‘castigado’ por demorar la firma de las concesiones ferroviarias por otros 25 años y aumentar las tarifas de tren, y porque al final «pretendió acortar los plazos, disminuir el monto de la inversión y aumentar menos las tarifas», lo cual para Alemann «son todas decisiones equivocadas…», naturalmente (La Razón, 9/10). Sin embargo, Alemann le reconoce a Gallo el mérito de plantear el adelantamiento de las licitaciones por las rutas por peaje, pero le critica no haberlas llevado a cabo con más premura. El encargado de perpetrar estas «recomendaciones» será el secretario Kogan, vinculado de antiguo a los pulpos ferroviarios, que por supuesto sigue en el cargo.


Ana Ale (Clarín, 8/10) aporta algo más, pues dice que: «Sin Alvarez ni Gallo, Aerolíneas pierde apoyo político local», pues defendían su continuidad como una estrategia de Estado, lo cual suponía, entre otras cosas, perdonarle a los españoles las deudas con el Estado argentino. Ahora, la situación de AA puede empeorar con «el ascenso de la Secretaría de Turismo a Ministerio (porque) el ahora ministro de Turismo, Hernán Lombardi, es un defensor de los cielos abiertos», o sea del copamiento del transporte aéreo por los pulpos internacionales, en especial norteamericanos.


Con el reemplazo del Melchor Posse por Bullrich, salen beneficiadas las AFJP y las ART, toda vez que el radical era partidario de abrir la posibilidad de que se pudiera volver al sistema estatal de jubilación, en un caso, y porque se frena el proyecto de que los trabajadores puedan recurrir a la justicia civil en caso de accidentes (Bermúdez, Clarín, 7/10).


¿Pero no son acaso todas estas concesiones, licitaciones y privatizaciones la madre de todas las cometas? El operativo golpista de la Side, comandado por De Santibañes bajo la dirección de De la Rúa, no podría cerrar sin este otro aspecto de la trama. La corrupción capitalista se ha adueñado del Estado aún más que con Menem. El gobierno se prepara ahora para seguir adelante con la licitación de los enormes terrenos de Retiro-Puerto y la Corporación del Sur, e incluso otros negociados, como con las propiedades que quedaron en manos del Estado luego de que se abandonaran los proyectos de algunas autopistas (AU3).


 


Chacho, el cómplice


Chacho no fue sorprendido por el cambio de ministros, ni podría haberlo sido, pues co-dirigió toda la política oficial en estos diez meses. Pero Joaquín Morales Solá cuenta algo más. «En dos diálogos con La Nación, el jueves último, uno al mediodía y otro en las primeras horas de la tarde, el vicepresidente manifestó su acatamiento a los cambios delarruístas» (La Nación, 8/10). Pero ya a fines de setiembre, los diputados del Frepaso en la Comisión de Juicio Político, como Nilda Garré, habían rechazado el enjuiciamiento de Flamarique, ¡propuesto por el peronismo!; Juan Pablo Cafiero salió a defender esta posición públicamente. «En rigor *informaba entonces La Nación (28/9)* la decisión de rechazar de plano el pedido de juicio político fue una exigencia de la Casa Rosada». Y antes aun, Chacho y el Frepaso fogoneaban con éxito la reforma de los fueros parlamentarios para que los senadores y funcionarios enjuiciados pudieran continuar con la augusta labor parlamentaria de votar las leyes que pide el FMI.


Chacho decide renunciar sin denunciar para nada que se perpetró un golpe de Estado por parte de la camarilla presidencial en una alianza nítida con la «patria privatizadora», que necesita de un mayor apoyo del Estado para no irse a pique. Es claro que tiene que dar un paso al costado porque el régimen de camarilla no admite terceros socios y porque es su último recurso para evitar el hundimiento del gobierno de la Alianza. Todas sus declaraciones después de la renuncia repitieron su solidaridad política con el gobierno de De la Rúa. Si declaraba disuelta a la Alianza quedaba planteada la necesidad de elecciones generales, al quedar deslegitimada la mayoría electoral del 24 de octubre.


Pero el gobierno de la Alianza se acabó; de ahora en más hay un gobierno de camarilla y habrá, por lo tanto, nuevos choques. La cobardía política del Frepaso lo condena a vivir una prolongada crisis dentro del gobierno. La pequeña burguesía progresista, que pretendía sacar adelante al país a fuerza de golpes éticos, ha fracasado en medio de su propia inmundicia. Pretende poner un pie en la oposición, que será exclusivamente verbal, mediática y, por sobre todo, confusionista, porque la aterroriza que la izquierda revolucionaria le pase por encima.


 


El próximo fusible, Machinea


«Si lo necesario era un shock de credibilidad, los cambios en el gabinete probablemente sean vistos como una oportunidad perdida».


Este comentario del gurú de los monopolios, Angel Broda, en el suplemento económico dominical de La Nación, se justifica: el recambio de ministros fue una operación de los servicios, no del FMI ni de los acreedores. Con el nombramiento de Colombo en la Jefatura de Gabinete, se pretende soldar una alianza entre un sector de las AFJP y de los bancos, encabezado por el Galicia y el Credicoop, y el Polo Productivo de Techint. Queda congelada la pretensión de otro sector de la banca de privatizar el Banco Nación, mientras se volverá a discutir por enésima vez el financiamiento y los beneficiarios del Plan de Infraestructura. De todos modos se las verán en figurillas, porque, como dice el Financial Times (7/10), «el éxito económico argentino deja indiferentes a los inversores extranjeros». Los ingleses conservan, si no el imperio, por lo menos la ironía. El propio grupo Techint ha perdido un montón de plata en el último año debido a la menor demanda de tubos sin costura causada por la falta de inversiones de la industria petrolera y gasífera internacional.


Como el cambio de gabinete ha dejado sin resolver la puja capitalista, ésta habrá de manifestarse en el próximo recambio, el cual apuntará al Ministerio de Economía. Como la perspectiva es que la recesión se prolongue y que incluso se agrave como consecuencia de un nuevo estallido de la crisis mundial, las crisis políticas son una cosa segura.


No hay entonces ninguna razón para abandonar la posición de lucha y las consignas de la huelga general y de un congreso de delegados de todo el movimiento obrero, con los desocupados, y de otros sectores populares en lucha. Para la burocracia sindical, en cambio, la crisis del gobierno y hasta el golpe de Estado de la camarilla delarruista son una convocatoria a la prudencia. Maffei y compañía ya se apresuraron a apoyar la concertación con el nuevo ministro Juri, un privatizador. De Gennaro había propuesto hace diez días integrar la CTA a un «gabinete de emergencia» (muy visionario el planteo). Aunque Moyano confirmó el paro y movilización del 11, es claro que por la falta total de preparación y agitación, será de aparato, una sombra de las huelgas del 5 de mayo y del 9 de junio pasados. Una perspectiva diferente sale de los «impactantes» actos del Polo Clasista en Buenos Aires y Rosario; del Congreso de desocupados de Córdoba; de la votación anti-burocrática en Sanidad; de la sublevación del activismo en ferroviarios; de las luchas del Pami y La Razón; y de la agitación que existe entre los trabajadores desalojados y de las villas.


Frente al hundimiento del régimen aliancista; frente al golpe de los ‘servicios’; frente a la cobardía insuperable de la pequeña burguesía frepasista; para salir del sometimiento nacional, de la desocupación y de la miseria, el Partido Obrero reclama una Asamblea Constituyente que se haga cargo del gobierno del país para modificar por completo su base social.