04/09/2003 | 816

¿Campaña electoral o conspiracion politica?

El contraste entre la reciente campaña electoral en la ciudad de Buenos Aires y la que ahora debería tener lugar en la provincia no podría ser mayor. Es que los debates y la divulgación de posiciones que hubieron en la primera, con todas las proscripciones y discriminaciones conocidas, están completamente ausentes en el «territorio» de Duhalde. Existe un verdadero apagón informativo que ha transformado a la campaña política bonaerense en algo que raya con la clandestinidad. El único que aparece con alguna notoriedad es el gobernador Solá, pero tampoco en calidad de candidato (expuesto al debate y la crítica), sino en su función de funcionario, inaugurando obras truchas de la mano de Kirchner (siempre concebidas mediante la explotación de los compañeros de los planes Trabajar).


Este escenario de conspiración política no es cosa del azar. Es el resultado de una política oficial que pretende esconder la inmensidad de la crisis del peronismo y que también pretende meter clandestinamente en el Congreso y en la Legislatura a los candidatos que van en su lista. Un grupo de esos candidatos son los Ruckauf y los Camaño, que no aparecen en las tribunas ni en ningún otro lugar para que la ciudadanía no se entere de que el PJ va repleto de los peores elementos de la vieja política. El otro grupo lleva escondidos a los que responden a Kirchner y que pretenden hacer un bloque propio en el parlamento en el caso de ser electos. La clandestinidad de la campaña apunta a ocultar esta verdadera tramoya entre los «transparentes» del kirchnerismo y los patoteros del duhaldismo.


La manifestación descarnada de esta realidad la tuvo que poner en evidencia el propio Solá en un reportaje en Clarín, al cual declaró que su lista era virtualmente impresentable, algo que volvió a repetirle al diario bahiense La Nueva Provincia (como para demostrar que lo ha hecho adrede y no que se le soltó la lengua). Es que como dicen estos mismos diarios, Solá quiere sacar más votos que la lista colgada a su candidatura para poder marcar una independencia futura de Duhalde y manejarse con cintura propia. Esta conspiración de Solá contra sus propios candidatos cuenta con el apoyo de Kirchner y ha sido entendida de esta manera por los centroizquierdistas del ARI y del Polo Social de Farinello, que han comenzado a «rescatar» a Solá del resto del peronismo duhaldista. Se trata, claro, del mismo Solá que fuera ministro de los terratenientes con Menem, que depredó la riqueza pesquera en beneficio de los buques factoría extranjeros y el mismo que, recientemente, le pagó 22 millones de dólares al Citibank para que negocie la continuidad del pago de la deuda externa provincial, de más de dos mil millones de dólares. Como señalamos en un editorial anterior, con relación a los ataques de Kirchner contra Scioli ( que ahora se han «reencontrado» en la cena aniversario de la Unión Industrial), Solá también está obligado a aplicar la política o el método de la crisis permanente para sobrevivir en el marco de la crisis sin precedentes del peronismo y del Estado, lo que sin embargo no puede hacer en forma «transparente» sino conspirando todo el tiempo.


Los métodos conspirativos y el apagón electoral bonaerense reflejan igualmente la crisis que se está incubando como consecuencia del fracaso electoral de Kirchner en la Capital y en Río Negro. En este último caso, no solamente perdió el candidato oficial del gobierno y del peronismo, Carlos Soria, sino que salieron aún peor los pichones apoyados por el propio Presidente. Según La Nación, estos fracasos se han hecho sentir en el bloque peronista en el Congreso, que no ve ningún resultado de su alineamiento completo con Kirchner en la sanción de las leyes que éste ha reclamado. De prosperar, como ocurrirá, esta tendencia, la disgregación del peronismo fraccionará al Parlamento y obligará a Kirchner a rosquear y conspirar con todos los bloques y en especial con los más puros y transparentes de ellos, que son indudablemente los centroizquierdistas y la alianza IU-PS, como ya ha ocurrido en varias votaciones y en el asunto Zaffaroni.


El apagón electoral bonaerense ha afectado fuerte a los partidos con menores recursos económicos y a los revolucionarios como el Partido Obrero. Es que para satisfacer a todas sus fracciones enfrentadas, el peronismo pretende explotar a fondo el derrumbe de la UCR y copar las intendencias que los radicales tenían en sus manos, además de los cargos legislativos. El desplome de la UCR acentúa los métodos punteriles del PJ, porque, prácticamente solo, podrá meter la mano en las urnas y en los cuartos oscuros casi a su capricho. Los Rico y los Patti van muy atrás de la patota bonaerense oficial y además deben tener mucho cuidado para que los duhaldistas no les abran sus frondosos prontuarios a la menor transgresión. En estas condiciones, las encuestas dan a Solá holgadamente al frente, Rico y Patti bastante atrás y el resto de los partidos peleando una franja que va del 4 al 1% del electorado. No hay datos sobre los otros cargos en disputa, pero la posibilidad de conseguir legisladores y diputados para el centroizquierda y la izquierda dependerá del grado de corte de boleta. Solá y Kirchner alientan algún corte a favor de sus socios centroizquierdistas.


La intensidad de la campaña del Partido Obrero se ha podido apreciar en las ediciones de Prensa Obrera. Es no solamente una lucha por el punteo personal de los votos sino, por sobre todo, mediante esta movilización, un desarrollo político sin precedentes de los luchadores del Polo Obrero (ocupados y desocupados), que por medio de esta actividad se están convirtiendo, aceleradamente, muchos de ellos, en cuadros políticos socialistas. La campaña político-electoral del PO se vincula a su estrategia (gobierno de los trabajadores) y a la perspectiva política de esta etapa: el fracaso de la tentativa de recomposición política y económica capitalista de la mano de Kirchner y la emergencia de mayores crisis políticas y grandes luchas populares. Para eso es necesario que los miles de compañeras y compañeros que han ingresado a la lucha conciente con el Polo Obrero se conviertan, en el curso de la misma lucha y de los desafíos políticos que ella plantea, en dirigentes socialista de su clase.


El pantano político en el que rápidamente se va metiendo el nuevo gobierno se encuentra ejemplificado en su decisión de entregar el equivalente al 3% del PBI al pago de la deuda en «default», lo que significa unos 12.000 millones de pesos al año. Esto, sin embargo, no le aseguraría ni un acuerdo con el FMI ni un acuerdo con los acreedores internacionales, es decir que seguiría el saqueo sin aquellos «beneficios» que podría importar ese saqueo. La discusión con el Fondo ha puesto de manifiesto, de nuevo, los choques entre los imperialismos norteamericano, de un lado, y europeo, del otro, como ocurrió cuando cayó De la Rúa. Los yanquis respaldan un acuerdo aunque no haya un aumento inmediato de tarifas de los servicios, porque esto perjudica a sus rivales europeos y los pone en mejor situación para disputarles esos mercados. Los yanquis temen, también, que un nuevo «default» de Argentina, ahora con el FMI y el Banco Mundial, a los que se debe cerca de 40.000 millones de dólares, pueda desatar una crisis internacional. El imperialismo pretende, como se ve, que Argentina use sus recursos para pagar la deuda y para hacerse cargo de evitar un estallido internacional, que a lo sumo se podría postergar, nada más.


En otro tema, los crímenes de la dictadura, los elementos de crisis no hacen más que acumularse. El periodista Morales Solá reveló el sábado pasado en La Nación que todo el tema de la anulación del punto final y de la obediencia debida fue armado por Kirchner cuando vio que era el único recurso a mano para evitar las extradiciones a España. Es decir que actuó para defender a los militares, no para acabar con la impunidad. La reapertura de los procesos abortados por aquellas leyes ahora irán a parar a la Corte, que se tomará su tiempo para decidir, pero incluso si reviera sus decisiones anteriores y ahora declarase la inconstitucionalidad de los «perdones», cada juicio volvería en apelación a la misma Corte, la que no solamente volvería a tomarse su tiempo sino que todo este manoseo llevaría su propio tiempo, dándole al régimen el espacio político para controlar la situación. Aún así, los sectores más canallescos de las fuerzas armadas han decidido salir con los tapones de punta: las declaraciones de Díaz Bessone y de Bignone, exaltando asesinatos y torturas, procuran armar una crisis que ya se manifiesta en los choques del ministro de Defensa, Pampuro, con Kirchner, aunque en este caso la reacción del Presidente estuvo lejos de ser «temperamental».


Kirchner no es Menem, aunque co-gobernaron una década, simplemente porque la Argentina actual no es la que fue. El derrumbe del menemo-cavallismo ha dejado al desnudo la bancarrota del capitalismo. Mientras que Menem pudo actuar como agente más o menos del imperialismo, Kirchner no tiene espacio para tanto, por eso es un gobierno de compromiso y claudicaciones frente al imperialismo, esto hasta que el margen de los compromisos se reduzca a nada. Para que los trabajadores no seamos arrastrados al fracaso inevitable de esta imposible tentativa capitalista es necesario delimitarnos del gobierno y de sus alcahuetes izquierdistas y luchar por las reivindicaciones con estrictos métodos de independencia política.