03/12/1998 | 610

Cavallo propone otra estafa

Por qué se enfrenta con Roque Fernández

El grupo cavallista viene propo­niendo desde hace algunos meses la sustitución del peso por el dólar y el reemplazo del Banco Central por un asiento en la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de los Estados Unidos. El propósito de convertir al régimen monetario argentino en un sucedáneo del que rige en Panamá obedece a la ilusión de querer acoplar a Argentina, en condición de satélite, a la ofensiva económica mundial del imperialismo norteamericano. Con la misma finalidad, se reclama que Bra­sil adopte la convertibilidad argentina como un primer paso hacia la dolarización.


Pero en la semana que acaba de transcurrir, Cavallo ha salido a pedir el socorro… del Banco Central. Frente a la crisis económica y la quiebra de algu­nas grandes empresas (Alpargatas, por ejemplo), Cavallo exige que el Cen­tral reduzca las exigencias de dinero que los bancos deben mantener inmo­vilizado como garantía, para inyectar


así nuevos créditos en la economía. Como en 1982, cuando desató una vio­lenta inflación para licuar las deudas de las empresas con los bancos; o como en 1990, cuando confiscó con el mismo fin los depósitos bancarios y los reem­plazó por Bonex; ahora Cavallo sale nuevamente a reclamar plata para res­catar a la burguesía.


Una mayor disponibilidad de fon­dos por parte de los bancos, sin embar­go, no va a aumentar los créditos a la industria que los necesite ni bajar las tasas de interés. Aunque tengan plata, los banqueros no se la van a prestar a quienes tengan dificultades para de­volverla debido a la crisis, o solamente lo harán a tasas de interés elevadas que los cubran del riesgo de no recupe­rar el crédito. Hoy mismo a los banque­ros no les falta dinero, como lo demues­tra el hecho de que suscriben los bonos del Tesoro argentino que el gobierno no puede colocar en el exterior. El riesgo de estos títulos es, por el momento, nulo.


Lo que quiere Cavallo no son más créditos sino la posibilidad de rescatar en forma gratuita de la crisis a las grandes industrias vinculadas a los bancos e incentivar la colocación de títulos públicos, los cuales son el mayor negocio bancario. Las grandes empre­sas no pueden refinanciar sus deudas con el exterior, debido a la retracción de los acreedores internacionales; Cava­llo quiere que los suplante el Banco Central con emisión de moneda. Se pretende que sean liberados entre cin­co mil y diez mil millones de pesos. Una de las razones es que esa emisión de moneda serviría para aumentar la coti­zación de los títulos del Estado argenti­no, lo que elevaría enormemente los beneficios de los bancos, que tienen una fuerte proporción de títulos públi­cos en sus activos.


Dada la naturaleza de la operación de rescate, el dinero emitido termina­ría en el mercado de cambios y afecta­ría fuertemente las reservas en dólares del Banco Central. Cuando se trata de salvar a los capitalistas, el ‘padre’ de la convertibilidad no vacila en repudiar a su ‘hijo’. Dado que Argentina deberá pagar 20.000 millones de dólares en 1999, esta emisión de rescate podría afectar la solvencia del Estado.


Es precisamente por este motivo que Roque Fernández no está de acuer­do con Cavallo, ni tampoco el FMI, para quien el pago del Estado a los acreedo­res internacionales es un deber sobera­no. El dinero inmovilizado de los ban­cos está computado entre los diversos fondos que creó el gobierno para soco­rrer a los bancos en caso de una crisis bancaria. Como resultado de la quiebra de varios bancos (Crédito Provincial, Patricios, Mayo, Almafuerte, Medefin), muchos de esos fondos están va­cíos; no es el momento, juzga el FMI, para vaciar otro más, como lo reclama Cavallo.


La violenta disputa entre estos dos socios, Cavallo y Fernández, testimo­nia la agudeza de la crisis capitalista en Argentina.

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