12/10/2000 | 684

La renuncia de Chacho Alvarez expresa el rápido fracaso del gobierno de la Alianza. El vicepresidente ha sido solidario con una política anti-popular e incapaz de superar la recesión de la economía. Incluso cuando hace dos meses redescubrió el tema ético, el programa de Alvarez no dejó de ser otro que el de bajar el ‘riesgo país’, o sea aumentar la cotización de los títulos públicos. La Alianza como planteo estratégico no ha resistido una experiencia de gobierno. El pacto entre los representantes del progresismo pequeño burgués y los viejos mascarones del capitalismo nativo ha naufragado sin remedio. La mimetización criolla a la ‘tercera vía’ ha concluido en un fiasco. La lección de esta crisis es que las masas populares necesitan, para salir adelante, un liderazgo obrero de contenido socialista.


Pero la dimisión del vicepresidente constituye, por sobre todo, un recurso de emergencia para viabilizar la continuidad del gobierno y de su política. Alvarez no caracteriza a su salida como una ruptura del pacto de gobierno que la mayoría del electorado votó el pasado 24 de octubre. Alvarez da un paso al costado para sortear las contradicciones insalvables con la camarilla presidencial. Salta un fusible para salvar la instalación eléctrica. Alvarez busca ganar libertad de acción para intentar contener el creciente pasaje de la población hacia la izquierda. Pero el régimen de gobierno aliancista está herido de muerte.


Los voceros de los pulpos capitalistas y del menemismo saludaron lo que califican como un reforzamiento del poder presidencial que pondrá en marcha el cambio previsional que reduce la prestación básica universal, congela las jubilaciones y rebaja los aportes patronales. Con un familiar en Justicia, De la Rúa obtuvo un mayor control sobre las investigaciones en sede judicial y sobre la oficina anti-corrupción. Machinea podrá encarar la liquidación de la coparticipación federal, para conseguir los recursos que le permitan pagar los abultados intereses de la deuda externa. De la Rúa ha utilizado la presión que le reclamaba sacar a los funcionarios comprometidos con las coimas, para parir el gabinete que le exigían, al menos en parte, los grupos económicos.


Las maniobras continuistas están atadas con alfileres. La crisis política se profundiza. Para salir de esto es necesario que una Asamblea Constituyente se haga cargo del gobierno y proceda a una completa reestructuración política y social en beneficio de los trabajadores.