24/09/2020

¿Clarín dice la verdad?

A propósito de una respuesta del grupo de Altamira a un artículo de Prensa Obrera.

Un reciente artículo del portal web dirigido por Jorge Altamira ataca a Prensa Obrera a partir de nuestra crítica a un reciente “informe especial” publicado por el Grupo Clarín (Bermúdez, pág. 22, 19/9) el cual realiza una selección, recorte y disposición de la información de forma tal que aparece como una contribución a los planes de ajuste de la burguesía. Así lo han visto los propios voceros del capital -Leuco, Canedo y otros- no así el altamirismo que ha optado por embestir contra un periódico obrero en salvaguarda del grupo mediático de reconocida trayectoria antiobrera y antipopular. No por los datos estadísticos, provenientes de la comisión de estudio del presupuesto del Congreso, sino por las conclusiones que vuelca el artículo desde su título hasta la última línea.

Tal vez lo más impactante del texto del sitio de Altamira es la defensa incondicional de un informe –que según el portal “describe la perspectiva histórica de derrumbe del capitalismo”- que reconoce una mejora en los indicadores de pobreza e indigencia en todos los países de la región, “a excepción” de Venezuela y Argentina. La afirmación alimenta la campaña continental de la burguesía y el imperialismo en la región. ¿Cuál sería la base entonces de las rebeliones obreras, campesinas y populares en América Latina de 2019 en Chile, Haití, Ecuador, Colombia o en la Nicaragua de Ortega, justamente ante un ataque al régimen previsional pactado con el FMI? ¿Cuál sería esa base sino la crisis capitalista mundial que pegó de lleno en América Latina, no solo en Venezuela y Argentina? ¿Realmente creen en la inocencia de Clarín al señalar que “los únicos que no han bajado el índice de pobreza en la última década son estos dos países”?

El grupo de Altamira, en su respuesta, ofrece una “guía para la interpretación” del informe de Clarín, intentando reorientar algo que, por su contenido y su momento histórico, aparece como un instrumento de la clase capitalista para justificar un ataque a las condiciones de vida de la clase trabajadora y los explotados. Por caso, que entre el 50 y el 75% de la población vive de los fondos públicos “del Estado”: 33 millones de beneficios a 27 millones de personas en 2020 y 21,4 millones antes de la pandemia.

Los mismos se ven animados a caracterizar de “provocativo” el título que motivó la tapa del matutino de Magneto: “La billetera del Estado: seis de cada diez argentinos recibe un cheque del Gobierno”. Cada palabra de esa frase arroja un concepto en sí mismo (“billetera”, “recibe”, “cheque”), pero lo más grave es que para forzar ese titular es necesario ubicar en un mismo lugar cosas tan disímiles como las jubilaciones, que son un salario diferido, los Repro y las ATP (subsidios a las patronales), las becas y los planes sociales.

Son los jubilados los que mantienen al Estado y no al revés (título del folleto publicado a principios de año por el PO). Esto porque la jubilación es un sistema basado en los aportes obrero patronales que se realizan durante la vida laboral. Aportes que vienen siendo sistemáticamente confiscados durante décadas para otros fines por parte del Estado capitalista. La confiscación es conjunta: al salario presente y al diferido. Al primero mediante la inflación, la precarización y hasta la rebaja nominal de salarios. El diferido mediante la inflación y el robo a la movilidad (82%) y desfinanciando a la Anses: disponiendo los subsidios al capital de sus fondos y aportes previsionales. Incluso de aquellos descontados del recibo de sueldo del trabajador de los cuales el capitalista es agente de retención.

Por otro lado, la extensión a los jubilados “no contribuyentes” no es un “beneficio del Estado” sino apenas una asistencia del Estado responsable de la explotación en negro de una enorme masa de trabajadores. El artículo invierte los tantos. La tendencia mundial a la baja del “costo laboral” ataca al unísono el salario presente y el diferido.

La forzada mención del Manifiesto Comunista donde Marx dice “la burguesía es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella” está sacada fuera de contexto histórico , lo cual  es metodológicamente incorrecto y antimarxista: en 1848 no había sistema jubilatorio. Hoy hay que caracterizar concretamente la confiscación de los trabajadores y jubilados. El salario es violentado por debajo del valor de la fuerza de trabajo para obtener una plusvalía adicional que compense la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Por otro lado, la descomunal dimensión del ejército de reserva, como llamó Marx a los desocupados, debe ser denunciada, no encubierta como si sus víctimas fueran parásitos del Estado. Todo esto es lo que hace “inviable” al sistema jubilatorio.

Es indudable que para el Grupo Clarín los alcances del informe tienen un sentido “estratégico”, en medio de un agravamiento de la crisis, la discusión del presupuesto 2021 y con una reforma laboral y previsional en cartera del debate con el FMI, al igual que la cuestión del “gasto público” que Clarín caracteriza como un dispendio gigantesco hacia los trabajadores, aunque se trate incluso de subsidios a la patronal como los Repro, las ATP, la exención de aportes, etc. Es evidente, hasta para un pensador nacionalista, que “cuando el peón y el patrón ‘tributan al mismo artículo’, el que pierde es el peón”.

Concesiones programáticas

El intento de respuesta a Prensa Obrera incurre en errores de suma gravedad, para quien pretenda esbozar una posición independiente, de la clase obrera, ante el régimen social de la burguesía.

El artículo afirma que “la clase explotadora es obligada a sostener a la masa creciente de desocupados y pobres”, lo cual implica una concesión política inmensa a la burguesía. No tendría que hacer falta replicar aquí que la clase explotadora no solo no pone un peso para tal propósito, sino que es recompensada por el Estado con todo tipo de exenciones a sus aportes. Es la clase trabajadora la que financia abrumadoramente al Estado mediante un sistema impositivo que grava a las masas, dejando más del 50% de su salario en ello. De tal suerte que hasta los desocupados subsidiados por el Estado, para evitar su rebelión y/o por los planes y becas arrancados a fuerza de lucha, tributan todo tipo de impuestos desde el IVA en adelante.

En el afán de rescatar el informe, el artículo introduce conclusiones que no vuelca el periodista, omitiendo el objetivo expresado por Martín Guzmán, Alberto Fernández y Kristalina Georgieva del FMI: poner las cuentas fiscales en orden. La clase capitalista viene insistiendo con una salida propia, consistente en elevar la edad jubilatoria y convertir a las jubilaciones en una prestación social, por eso insiste en la inviabilidad bajo los actuales términos. El informe contribuye con esta apreciación, cuando coloca a las jubilaciones en la bolsa de “gastos del Estado”.

Cuando se aborda estadística e indistintamente la cuestión de los beneficios y programas sociales, también se omite esclarecer el lugar progresivo de estos como piso a la caída del salario y como reivindicaciones concretas del movimiento obrero, como el seguro al parado. Cuando los políticos capitalistas reiteran obstinadamente la idea de reconvertir programas sociales en empleo ultraprecarizado (Plan Marshall Criollo) necesitan una selección estadística como la del informe del Congreso usado por el artículo de Clarín. El objetivo de abaratar la fuerza de trabajo salta a la vista.

No sorprende este derrumbe del grupo Altamira pues en sus posiciones previas a su ruptura con el Partido Obrero había llevado su rechazo a la organización de los trabajadores desocupados al estatus de tesis sociológica sobre los “desocupados de tercera generación, dependientes de los planes sociales del Estado”. Ahora vuelven a la carga, haciendo frente con Clarín para convertir una conquista atacada por la clase capitalista y mantenida en montos de miseria, en una contraprestación laboral precarizadora al extremo, renunciando al reclamo histórico del Partido y el Polo Obrero por el pase a planta permanente, bajo convenio de la actividad, de los programas sociales con contraprestación.

En definitiva, este nuevo ataque del grupo de Altamira a Prensa Obrera le ha resultado sumamente costoso a sus impulsores, ya que en el propósito de golpear a un periódico de la clase obrera han terminado por justificar gran parte del libreto de la burguesía. En fin, otro texto que expresa el desbarranque de este grupo, en este caso, no solo apartado de la lucha de clases, sino de la concepción marxista para reivindicar que el que miente no es Clarín sino Prensa Obrera.

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