30/09/2016

Claves de una reforma política reaccionaria

Pisos proscriptivos, financiamiento privado y mayor injerencia del Estado.


Finalmente, llegó al pleno de comisiones la Reforma Política cocinada por la coalición del ajuste: Cambiemos, el Frente Renovador de Massa, el PJ variopinto –incluyendo el FPV en Senadores–, entre otros.


Progres e izquierdistas que participaron de esa cocina fueron inescrupulosamente pasados por arriba y usados para barnizar la operación, mediante un dictamen único que se firmaba al mismo tiempo que se discutía. Recordemos aquel título punzante de Clarín, rubricado por la foto de 40 legisladoras: “la paridad de género, prenda de unidad de la reforma política”.


 La burguesía ha presentado que el corazón de la Reforma Política es el voto electrónico y –para mejor hacer pasar una ley de 60 páginas que regimenta en su favor la vida de los partidos políticos–, agregó la paridad de género en las listas.


El núcleo de la ley, sin embargo, es profundizar la intervención del Estado en los partidos en el peor sentido. Reafirma las PASO, que fundacionalmente combatió el Frente de Izquierda. Por ellas se invade la autonomía política de organización, debate programático y designación de candidatos, obligando a que la masa electoral vote la integración de listas de fuerzas políticas a las que no está afiliada y a veces ni conoce. El fundamento de las internas abiertas por parte de su inspirador, Néstor Kirchner, fue neutralizar la desintegración política de los partidos históricos, que tiene 50 años de historia y bancarrotas nacionales, pero que pegó un salto en 2001. El fracaso no puede ser mayor. Hoy, en Diputados, hay 37 bloques provenientes de esa desintegración.


Piso electoral y lista sábana


Perpetúa todos los pisos: el 1,5% para competir, el 3% del padrón para el primer diputado y el 2% para no perder la personería electoral. Pero además incorpora el “corralito” o “cepo” en las PASO por el cual no se puede entremezclar candidatos de partidos diferentes en distintas categorías, liquidando el corte de boleta. Además, refuerza la prohibición de repetición de candidaturas que ya está vigente en el orden federal, ahora ampliada a la repetición de una candidatura provincial con una nacional, lo que el FIT hizo en la provincia de Buenos Aires, tanto por parte la ganadora lista 2 (PO-IS) como por parte de la perdedora lista 1 (PTS). Esta última disposición es abiertamente anticonstitucional, pero habrá que ir a pelearla a la Justicia (de ellos).


El corralito verticaliza la lista, se trata de una lista sábana dentro de las PASO, lo cual ha sido tragado como cicuta por el radicalismo que da un nuevo salto en su desintegración, sometiendo su futuro al dedo macrista. Le queda la adhesión o no a la reforma en los feudos provinciales para evitar la disolución en el PRO. Algo parecido pasará con los gobernadores pejotistas que ya negocian con Macri de a uno. Por ello sus diputados no pertenecen a corriente política ni programática alguna, sino al dictado (de la caja) de su gobernador.


Financiamiento


El segundo aspecto de fondo es del que no se habla y forma parte de la agenda popular: la corruptela de la política. Macri ha cuotificado la reforma, según él, dejando la “transparencia” para una segunda fase. Claro, la discusión se da mientras ha estallado el financiamiento ilegal de la campaña de Cambiemos por 300 empresas por un monto de $84 millones, disimulado como aporte al partido, también ilegal. Cincuenta de esas empresas son contratistas del Estado, lo cual también está prohibido.


La Reforma no toca el artículo 17 de la ley 26.215, que permite el aporte personal de empresarios y que por ese artículo pueden descontarlo impositivamente “de la ganancia neta”. O sea que el Estado pone la plata, pero a través de un empresario que luego cobra el servicio prestado a los favores del poder.


En este punto, el del financiamiento, por el contrario, se debilita el financiamiento del Estado en el artículo 89, porque el 10% del fondo permanente de los partidos podrá usarse para “capacitar” a los electores en el nuevo sistema de voto electrónico. Y algo más grave todavía: el artículo 56 prohíbe la promoción política en redes sociales durante la campaña, una rendija para los partidos de base trabajadora. Nada hay tampoco, que iguale la participación en los programas televisivos de los partidos, cosa que ocurre, por ejemplo en el sistema italiano. Todo para ellos.


Voto electrónico


El meneado voto electrónico tampoco es panacea alguna, al contrario. Se consagra un sistema que mediatiza el ejercicio del voto. Entre el votante y la concreción de su voluntad, hay una máquina con chip, programable, jaqueable, que puede fallar o no. Y lo hemos rechazado en estos términos que coinciden con los fundamentos del fallo de la Corte alemana que desechó el sistema allí. No hay sistema técnico que supere la tendencia al fraude de un régimen político. Pero existiendo la boleta única de papel, no se entiende el empecinamiento en el polémico voto electrónico.


Desde luego, la reforma es federal y las provincias podrán adherir o no, lo cual deja en pie los acoples tucumanos, la ley de lemas santacruceña, o las más pedestres colectoras, entre otras perlas del pejotismo, el kirchnerismo y los viejos punteros radicales que se han servido de ellas.


Paridad de género


La frutilla del “una y uno”, establece un nuevo cupo, por el cual ahora no podrá haber una lista con mayoría masculina, pero tampoco una con mayoría femenina, como las hemos tenido en el FIT. Pero aquí el punto para los revolucionarios, es que se colocó una “prenda” falsamente democratizante para hacer pasar una reforma reaccionaria, en la que jamás podríamos haber participado los herederos de Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo. Por un motivo fundamental: mientras se discutía el cupo del personal político femenino, se producía una pueblada en Mendoza contra tres femicidios, es decir en medio de un agravamiento inusitado de la violencia contra la mujer y la desprotección del Estado hacia las víctimas. Con el cupo instaurado desde los 90, en otra etapa “liberal”, se ha garantizado sin embargo, el bloqueo cuasiconstitucional del derecho al aborto en el Código Civil (“vida desde la concepción”). Con el trabajo en negro y la flexibilidad laboral se ha agravado la discriminación laboral de la mujer, como reproducción de la superexplotación capitalista. Como resultado de la descomposición del régimen de los partidos que poblaron las listas de mujeres clericales y defensoras del orden capitalista, se ha agravado la trata que tiene por centro la explotación de las jóvenes. Tuvimos ocho años una presidenta mujer y un 38,5% de Diputadas y un 41,7% de Senadoras, mientras esto ocurrió y hoy tenemos una vicepresidenta que negrea su empleada doméstica y una canciller que ocultó violaciones a menores de las tropas de la ONU en África.


Claramente, hay que remover las condiciones de explotación social que reproducen el machismo y descargan en la juventud y en la mujer las peores lacras de la crisis capitalista. Esa es una lucha de clases, donde nuestras feministas socialistas promueven el protagonismo de la mujer en los partidos y organizaciones de los trabajadores y no ampliando el carrerismo de las representantes de la burguesía. Defendemos los derechos de 20 millones de argentinas, no de algunos miles de funcionarias del régimen.


Hemos presentado dictamen propio y rechazaremos la reforma reaccionaria en defensa de la democracia política y los derechos de los explotados y explotadas.


 

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