Políticas

27/12/2002

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Clichés centroizquierdistas para “vestir” a una secta conservadora

Desde que la catástrofe capitalista ha conducido al desarrollo de la desocupación en masa, la “sociología” centroizquierdista acuñó el concepto de “excluido” para caracterizar al trabajador desocupado. Este formaría parte de un “ejército marginal”, integrado por individuos desvinculados del proceso social capitalista y de la reproducción de las relaciones sociales que condujeron a la desocupación en masa. En ese caso, para los desempleados sólo cabría la “inclusión”, que podría lograrse mediante una mayor acumulación de capital (desarrollismo) o bien mediante la transformación del “marginado” en un pequeño productor (microemprendimientos). De acuerdo a esta tesis, la desocupación masiva sería el resultado de una insuficiencia en el desarrollo capitalista. El marxismo, en cambio, ha demostrado que la desocupación catastrófica es una consecuencia necesaria de ese mismo desarrollo y, particularmente, de su “exceso”, que se manifiesta en las crisis. En ese caso, la salida a la desocupación es la revolución social, de la que deberá dar cuenta la clase obrera -ocupada y desocupada- organizada en un partido propio.


Naturalmente, la tesis centroizquierdista de la “exclusión” ha servido, por sobre todas las cosas, para negar el carácter revolucionario de la actual etapa histórica, considerada incluso en un plano internacional. Así, vimos emerger en estos años la tesis complementaria de la virtual “desaparición de la clase obrera”. En efecto: si el desocupado es un excluido, y la clase obrera “real” -es decir, sólo la ocupada- queda reducida a una minoría social entre los explotados, habría desaparecido, entonces, el sujeto de la revolución social.


En Argentina ha aparecido un tributario de “izquierda” para estos planteos “centroizquierdistas”: nos referimos al Pts, que ha dedicado un largo artículo -LVO del 13/12- a criticar la resolución del XIII Congreso del PO respecto de “El Movimiento Obrero y el Polo Obrero”.


 


Ocupados y desocupados


Según el Pts, “el PO viene centrando su actividad en el movimiento de desocupados, poniendo la mayor parte de sus esfuerzos en la construcción del Polo Obrero”. Sólo por ese motivo, estaríamos en cambio “ignorando” a “los trabajadores ocupados y los sindicatos”. El Pts “ignora”, en primer lugar, que el Polo Obrero se constituyó como organización político-reivindicativa de los obreros ocupados y desocupados, ello desde su Congreso constitutivo de diciembre de 2000. En aquel momento, para la mayoría de la izquierda -entre ella el Pts- los desocupados constituían una masa de desclasados, marginales o “excluidos”. En cambio, nosotros “admitimos” -y estamos orgullosos- de haber implantado al Polo Obrero en un trabajo de masas en casi todas las barriadas del país. Pero sólo quien ha “expulsado” al desocupado de su estrategia política podría concebir, como lo hace el Pts, a la organización de desocupados en “oposición” o en desmedro de la clase obrera ocupada. Al organizar a los desocupados, el PO realizó la más grande tarea que, en esta etapa, le podía caber a una corriente obrera: estructurar al desempleado sobre principios de clase; organizarlo para exigirle al Estado su sostenimiento material; reconstruir la solidaridad de clase con el trabajador ocupado sobre la base de la lucha por el reparto de las horas, la ocupación de las fábricas cerradas y el salario.


El Pts “descubre” que la “desocupación es utilizada para desorganizar y fragmentar la centralidad y resistencia de la clase obrera”. El desocupado estaría, así, condenado, sin atenuantes, a actuar contra sus hermanos de clase, los trabajadores ocupados. Pero la Argentina piquetera se caracteriza, precisamente, por haber quebrado la tentativa capitalista de someter a la competencia a unos y otros. Los movimientos de desocupados -y el Polo Obrero en primer lugar- trabajan en estrecha solidaridad con la clase obrera ocupada y en lucha, como lo demuestran las acciones de defensa de las fábricas ocupadas (Brukman, Lavalán). Es decir que la organización piquetera ha reforzado la “centralidad” de la clase obrera, que tanto preocupa a los petesianos.


La experiencia piquetera argentina demuestra, en definitiva, que “un obrero no es el que está al lado de una máquina; obrero es el explotado que puede reconstituir la historia y las organizaciones de su clase, desde mucho antes que él fuera o estuviera al lado de una máquina o estuviera dentro de una fábrica; que en definitiva la clase obrera es la conciencia que los trabajadores tienen de su rol histórico en esta sociedad” (Altamira en Ferro, agosto 2002). Esta conclusión subleva al Pts, ya que estaríamos “borrando toda base objetiva de la definición de clase y precisar a ésta sólo por la conciencia que adquiere en la lucha” (LVO N° 112). Como si el desocupado no proviniera de un lugar de trabajo y explotación y no tuviera por base objetiva al capitalismo, tanto en el lugar de trabajo como cuando es expulsado de él. Pero si el Pts se molesta porque los desempleados han alcanzado conciencia de su rol histórico, es porque, en definitiva, esa conciencia sólo podría construirse cabalmente “desde el puesto de trabajo”. Nuevamente, el desocupado no sería más que un marginal o un excluido. Es decir que llegamos al punto donde habíamos comenzado.


 


Disparen contra los piqueteros


Pero el Pts encuentra motivos para condenar, no ya al desocupado aislado, sino -y principalmente- a “los movimientos de desocupados”. El motivo, en este caso, sería que “las direcciones piqueteras, por mantener sus relaciones con el Estado, han hecho retroceder al conjunto del movimiento a una gradual castración en sus métodos, organización democrática y programa”. Así, habrían abandonado “en la práctica el reclamo de trabajo genuino -con que había protagonizado sus primeros levantamientos- por la petición de Planes de Empleo y bolsones de alimentos” (LVO, N° 112). Reforzando el insulto, la tapa de su penúltima Verdad Obrera nos advierte que “con bolsones y planes de 150 pesos, no hacemos nada”. No es fácil reconocer, en este reproche, al “politólogo de café” que no ve en la revolución argentina más que el reclamo de un grupo de desarrapados por un plato de comida (justificando, de paso, su propio inmovilismo)? Nuevamente, se refrita aquí uno de los peores mitos de la seudosociología izquierdista: el obrero ocupado tendría “canales de reclamo formales” y podría organizarse, el desocupado sólo podría vivir de la asistencia estatal. No se ha percibido, en lo más mínimo, el lugar contradictorio del desocupado bajo el capitalismo: aunque ha perdido al “objeto directo” de sus reclamos (la patronal), se ve obligado, al mismo tiempo, a dirigir su reclamo al Estado, lo que le imprime a su lucha un carácter político más o menos inmediato. En la Argentina, esta contradicción fue resuelta con la organización de masa de los desocupados, que convirtió a la “despreciable” lucha por bolsones y planes en un combate contra el poder político en el plano nacional, provincial y municipal.


En cambio, y de acuerdo a los “petesistas”, la lucha de los desocupados revistaría en un eslabón inferior al de la lucha obrera sólo por su carácter de subsistencia, frente al obrero de “tenaza y mameluco” que lucharía por salarios o por condiciones de trabajo. Pero no es el contenido reivindicativo el que “califica” a un movimiento de lucha, sino sus propósitos estratégicos, es decir, la capacidad para proyectar a quienes intervienen en él hacia un plano político general, y formular una salida de conjunto para los explotados. El Pts añora los “viejos tiempos” de Cutral Co o Mosconi, cuando el movimiento piquetero recién se constituía, por referencia a la situación actual donde se asistiría a “una gradual castración en su programa y métodos”. Recientemente, Christian Castillo (Pts) expuso este planteo en una mesa redonda realizada por la revista Razón y Revolución. En ese momento, le “reconocimos” que, efectivamente, el “actual” movimiento piquetero estaba un tanto descarriado. Por ejemplo, había concretado tres asambleas nacionales de trabajadores, donde se votaron planes de lucha bajo la consigna “fuera Duhalde ya”; luego, quebró el intento de Duhalde de montar un estado policial (Puente Pueyrredón) y desató una crisis política en regla, obligando al presidente a anunciar su retiro… La Verdad Obrera pontifica sobre la “concesión” del plan Jefes y Jefas y su “impacto” sobre los desocupados. Pero no percibe que los dos millones de planes fueron la respuesta a una gran acción política contra el gobierno, es decir que Duhalde debió echar lastre con “reivindicaciones mínimas”, pero con el claro propósito de evitar su caída.


 


El factor subjetivo


Toda la “crítica” del Pts al PO destila una dosis intoxicante de “sociologismo”, más propia del estudiante que redacta apresurado su tesina que del proceso político concreto de la revolución argentina. Las clases sociales y sus fracciones actuarían de acuerdo al estricto “lugar que ocupan en el proceso de producción capitalista” (sic), sin reparar en la conciencia que esas clases asumen respecto de ese proceso, lo que sólo puede ser el resultado de la acción concreta de los partidos que intervienen en él. Un primer aspecto de esta tara es la referencia “genérica” a “los desocupados” o a “los movimientos piqueteros”, como si éstos no estuvieran surcados por tendencias, luchas y realineamientos políticos. El texto petesiano rezuma todo tipo de apelaciones a la “democracia obrera construida de abajo hacia arriba”. Pero no dice una palabra del programa y la estrategia que, por el contrario, fluyen “de arriba hacia abajo”, es decir, de la acción de partido. Si el movimiento piquetero ocupa hoy el lugar que le cabe en la crisis nacional, ello es el resultado de una intensa lucha política. Nos referimos a la puesta en pie de las primeras asambleas de trabajadores; a la escisión posterior con la Ftv y la Ccc, y la formación del Bloque Piquetero Nacional; a la concreción de las asambleas de trabajadores, integrando a los sectores de Castells y de la Verón. Es este movimiento de desocupados, es decir, el resultado concreto de esos agrupamientos, esas escisiones y de las luchas que protagonizaron, el que ha intervenido en la crisis de poder planteada en la Argentina. Ese proceso no ocurrió, naturalmente, a tontas y locas: tuvo un hilo conductor consciente, que puede encontrarse en los planteamientos y en la política que desarrollaron el Polo y el Partido Obrero.


 


Balance de una corriente


Una última y crucial consecuencia de la posición petesista se relaciona con la crisis política considerada de conjunto. Si la principal referencia político reivindicativa de los explotados son los piqueteros; si a su turno, los piqueteros son… “lo que son” (“un ejemplo “alentador y novedoso” (sic), LVO), entonces, no existe en la Argentina una crisis de poder. O al menos, los explotados carecen de toda posibilidad de intervenir en ella. La conclusión es conocida: es el turno de “la posición electoral”, no de un segundo Argentinazo. El Pts ha iniciado, por lo tanto, su campaña electoral, circunstancialmente revestida bajo la forma del abstencionismo.


Las posiciones vertidas retratan, en definitiva, a una secta agudamente conservadora. Para el Pts, no es la realidad de la descomposición capitalista la que debe ser explicada y transformada a la luz del marxismo. Es aquella, en cambio, la que debe “acomodarse” a ciertos prejuicios y clichés que, para colmo, poco tienen que ver con el programa y la teoría revolucionarios. El resultado natural es el conservatismo: en el proceso que condujo a poner en pie al movimiento piquetero, el Pts ha tenido poco o nada que ver. Consecuente con sus “conclusiones teóricas”, la influencia que le pudo caber al Pts entre los obreros ocupados -y particularmente en Brukman y Zanón- fue ejercida para apartarlos de los “desclasados” y “marginales”.


No caben dudas de que el próximo período planteará, para los revolucionarios, la cuestión de la conquista de los grandes sindicatos, tal como lo definió el XIII Congreso del PO. Pero algunos concurrirán a esa batalla con la autoridad de haber hecho emerger, de la descomposición capitalista, a los grandes destacamentos piqueteros. Otros, no.