20/08/1998 | 597

Convocatoria a la clase obrera

Hace dos semanas, la Alianza dio a conocer una Carta de 40 páginas que no se ocupaba del aumento de los salarios, de los 450 pesos para los jubilados o del subsidio para todos los desocupados, ni una sola vez.


Reincidentes, Fernández Meijide y De la Rúa ocuparon el domingo pasado una hora de la televisión para volver a olvidarse de estos asuntos. La Fernández Meijide sí mencionó que era conveniene que la atención de los desocupados quedara a cargo de las parroquias.


Duhalde, transformado en justiciero social, declaró enfáticamente en Puerto Madryn, hace dos sábados, que el peronismo no era un partido patronal sino el representante de los trabajadores. A la hora de los bifes, sin embargo, tampoco mentó el salario o las jubilaciones, mucho menos a los desocupados, precisamente ahora cuando se caen los planes ‘trabajar’ en la provincia.


En una declaración que hay que reputar como francamente extraordinaria, Fernández Meijide dijo explícitamente, en el‘debate’ con De la Rúa, que si la crisis internacional llegara a afectar a Argentina, la Alianza defendería la gobernabilidad del presidente Menem, es decir, sostendría su política. Quizás debido a su ex condición de profesora de francés y a que se cree a pie juntillas lo que le dicen los economistas del sistema, la frepasista no percibió que la Argentina marcha serena hacia la bancarrota internacional.


Pero este panorama antiobrero de la politiquería oficial, no le ha movido un pelo a la burocracia que dirige las organizaciones obreras. La de la Cgt ahora tiene que negociar con Duhalde el voto de la ‘reforma laboral’; el opositor Palacios acaba de decir que pretende «discutir el capítulo socio-económico’’ de la Carta Aliancista (La Razón, 12/8); la Cta quiere conseguir que uno de los suyos sea ombudsman de la Capital, porque alega que esto ayudaría a»construir la ciudadanía» (Página 12, 17/8)


La Iglesia se da cuenta mejor que nadie que los políticos oficiales son impotentes para enfrentar la situación. Por eso acaba de anunciar un «convenio con los empresarios, los gremialistas y el gobierno para encaminar ‘el diálogo para el acuerdo y el consenso social’…». Desde ya que el convenio prevé la flexibilización y los contratos temporarios (La Nación, 13/8).


Pero la prueba más contundente del callejón sin salida en que se encuentra toda esta política de la burocracia sindical, lo constituye la conducta de Ctera, que levantó un plan de lucha detrás de un financiamiento educativo que es puro espejismo y que contiene disposiciones contra los derechos de los docentes. Como consecuencia de esto, ha suscitado en el gremio una profunda rebelión de las bases.


¿Qué tenemos, entonces? Que cuando la burocracia sindical pretende más que nunca tener atadas a las organizaciones obreras al yugo mortal del Estado y de los partidos patronales, los trabajadores no renuncian a que sus organizaciones respondan a sus anhelos y a construir otras organizaciones que sirvan para su causa y para sus reivindicaciones.


Para quienes militan en esas organizaciones y para quienes construyen organizaciones nuevas, la perspectiva es una sola. Que esas organizaciones rompan con las patronales y sus políticos y que confluyan a la creación de una alternativa política de la clase obrera que la candidatee a la lucha por el poder político.

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