21/11/2020
Kirchnerismo promercado

Cristina, Redrado y el Banco Central

¿Por qué se reunieron tras una década de enfrentamientos?

Mucha suspicacia despertó el encuentro que mantuvieron en el anexo del Senado Cristina Kirchner y Martín Redrado, quien fuera titular del Banco Central desde 2004 hasta 2010, cuando chocó frontalmente con la entonces presidenta porque esta dispuso la utilización de más de 6.500 millones de dólares de las reservas para el pago de la deuda externa. ¿A qué se debe esta reunión tras una década de enfrentamientos?

Es evidente que la vicepresidenta está jugando un papel activo para allanar el camino hacia el acuerdo con el FMI, y este encuentro con Redrado pretende reafirmar que el kirchnerismo acompaña las políticas «promercado» con las que el gobierno intenta calmar las tensiones cambiarias y ganarse la confianza de los capitalistas. Se confirma así la denuncia del Frente de Izquierda de que el irrisorio «aporte solidario» es apenas un taparrabos de la orientación general.

La conversación, que tomó trascendencia pública dos semanas después de ocurrida, transcurrió en plena corrida cambiaria, con un dólar blue operando cerca de los 200 pesos. En ese marco la vicepresidenta habría consultado al economista su apreciación de la situación y del sendero a seguir. Esto, previo a que el ministro Martín Guzmán anunciara el paquete de medidas para reducir la brecha cambiaria prometiendo mayor ajuste fiscal y dejar de financiarse con transferencias del Central, pasando a cubrir el déficit con deuda linkeada a la cotización de la divisa norteamericana.

La mayoría de los medios interpretó esta reconciliación como un tiro por elevación contra Miguel Pesce, actual presidente del BCRA, en medio del recrudecimiento de la interna oficial. Si bien Guzmán tuiteó una foto con Pesce pretendiendo mostrar «trabajo conjunto», lo cierto es que los roces se desprenden del fracaso del rumbo económico. La entidad se quedó sin reservas líquidas propias para contener otra corrida cambiaria, se acelera la inflación a pesar de la suba de las tasas de interés, y para colmo tuvo que volver a girar utilidades al Tesoro porque la emisión de deuda no alcanzó los objetivos trazados. La foto conjunta tenía un único fin: mostrar alineamiento ante la misión del FMI.

En este cuadro, una devaluación forzada por el mercado podría llevarse puesto tanto a Pesce como a Guzmán. Más cuando la firma del acuerdo con el Fondo quedaría para febrero, lo cual obliga a Alberto Fernández a transitar un escabroso verano sin un solo dólar en las bóvedas. Los analistas económicos leyeron la movida de Cristina como un visto bueno a Redrado en caso de que el presidente del Central -al cual cuestiona- deba dejar su sillón. Empalmaría así con el «giro ortodoxo» de la política económica del gobierno para recomponer la relación con el círculo rojo, desgastada especialmente por el empantanamiento de la economía.

Lo indudable es que Cristina se muestra como parte del plan para cerrar la grieta con el establishment, tal como formulara en su carta que brega por una unidad nacional hasta con Magnetto para implementar el programa fondomonetarista contra las masas. Recordemos fue el propio Alberto Fernández quien agradeció a su vice por haberlo instado a aceptar cerrar en términos leoninos el canje con los bonistas. Suena verosímil, siendo que el empresario petrolero Miguel Galuccio, un delfín de los K que presidió YPF hasta 2016, operó con sus contactos en la bolsa de Wall Street para lubricar el acuerdo colonial.

Podemos apuntar también que Cristina, antes que Alberto, dio el visto bueno a las cámaras patronales del Consejo Agroindustrial para que avancen en el proyecto de ley que establece todo tipo de beneficios impositivos; al punto que la «radicalizada» Sociedad Rural había cuestionado a sus pares de las Confederaciones Rurales Argentinas por participar del cónclave con la presidenta del Senado. En estos días, además, la cristinista Fernanda Raverta que preside la Anses se dedica a defender el nuevo robo a los jubilados, parte central del programa de «reformas estructurales».

Finalmente, años antes de que bajo su presidencia Cristina eyectara del Banco Central a Redrado, denominado como «Golden Boy» nada menos que por el Washington Post, este había avalado el pago en efectivo al FMI con unos 10.000 millones de dólares de las reservas a pedido de Néstor Kirchner. Pero si la historia se repite solo puede hacerlo como farsa, empezando por el quebranto actual de la entidad monetaria.

Los intereses de los trabajadores requieren de una fisonomía política propia, para superar este nacionalismo burgués devenido en fondomonetarista. La tarea es derrotar el pacto con el Fondo Monetario, en el que están empeñados sin fisuras el Frente de Todos, la oposición patronal y el conjunto de la clase capitalista. Vamos por un paro nacional en defensa del trabajo, el salario y las jubilaciones.

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