03/04/2021
debate

Cristina y una reivindicación al Perón de la Triple A

Sobre un artículo publicado en Perfil que recoge fragmentos de su discurso en Las Flores del 24 de marzo

En un artículo titulado “Cristina y los Montoneros” publicado el martes 30 de marzo en Perfil, Aldo Duzdevich evoca un fragmento del discurso de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en el acto del 24 de marzo a 45 años del golpe militar en Las Flores. En él, se refiere a su militancia en la década del 70, y hace un señalamiento puntual: que “sigue pensando del país, y de lo que hay que hacer con el país, lo mismo que entonces”. Pero bajo una aclaración. Que en aquellos años de militancia setentista, los años del tercer gobierno peronista, ella y Néstor Kirchner se habían “definido” por Perón; contraponiendose así a Montoneros y al ala izquierda del peronismo.

Estas declaraciones de Cristina no son algo novedoso. En ocasiones anteriores ya había intentado dejar en claro una y otra vez su distanciamiento con la izquierda peronista y su “definición” por Perón en su tercer gobierno, en aquel regreso tras el cual se capitalizó la voluntad política de toda la burguesía de contener el ascenso del movimiento obrero pergeñado en el Cordobazo. Vale recordar: tanto Cristina como Néstor militaron durante aquellos años en La Plata, en el movimiento estudiantil, nucleados en la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Ambos se distanciaron de Montoneros tras un grupo que emprendió una ruptura liderado por Carlos Negri, quien, relata en sus propias palabras, decide aquel camino tras el asesinato de Rucci. Pero a pesar de que aquí no haya nada nuevo bajo el bosque, cobra un carácter crucial que Cristina lo resalte un 24 de marzo.

Previamente, algunas de sus palabras al respecto de aquel proceso histórico fueron: “Mi relación con Perón fue de reconocimiento absoluto de liderazgo. Esta fue la gran diferencia que tuvimos dentro de los propios sectores juveniles. Discutir el liderazgo de Perón era discutir precisamente la dirección y las posibilidades de éxito de un proceso como el que se había iniciado con el retorno de Perón a la Argentina”, en una entrevista brindada a Hernán Brienza en 2013, o cuando se dirigió a poco de un primero de mayo a la juventud en el patio de la Casa Rosada en 2014, proclamó: “se cumplen 40 años de un momento trágico de la historia del peronismo, que fue el desencuentro de Perón con los jóvenes. Un desencuentro que yo viví muy de cerca, cuando me peleé con varios compañeros porque era una de las que sostenía que la conducción de Perón no podía discutirse”.

Pero una tercera cita que publica Duzdevich en su artículo, y a la que hay que prestarle especial atención, se trata de lo que expuso en una entrevista realizada por Daniel Filmus en 2013: “(…) Pero hubo mucha gente que, como yo, tuvo diferencias y se fue. No compartió esa radicalización del proceso que finalmente culminó en el golpe del 24 de marzo. No es que la radicalización haya provocado el golpe. El golpe ya estaba decidido. Lo que en todo caso fue funcional para la explicación y para la captación de muchos sectores medios que querían que se acabara la violencia de cualquier modo”.

Se trata de un discurso, cuanto menos, canallesco. Desliza por lo bajo argumentos en sentido de la teoría de los dos demonios, ya que además se apoya en una falsificación histórica que ha sido utilizada para justificar el golpe genocida. Los grupos guerrilleros, al momento del 24 de marzo de 1976, estaban prácticamente derrotados. La dictadura militar vino a ahogar en sangre a una enorme vanguardia que sostenía en pie de lucha a la clase obrera argentina, un cometido que ya se había iniciado bajo el gobierno de Perón con López Rega, la Triple A y el ascenso de la represión interna. Haciendo malabares retóricos al mejor estilo “no es que esto sea así, pero…”, Cristina busca postular que si la izquierda peronista hubiera sido “más leal a Perón”, quizás el golpe no hubiera sido posible. Pero es toda una definición política entre los Montoneros y el Perón de la persecución, la desaparición y el asesinato de dirigentes obreros, los golpes institucionales a lo largo y lo ancho de todo el país a los gobernadores de la denominada izquierda peronista (como lo fueran la destitución de Cámpora o el Navarrazo que militarizó Córdoba mucho antes de la dictadura), una definición por el Perón de la masacre de Ezeiza. Y esto no fue narrado en aquella ocasión en sintonía de relatar las memorias de su vida; aquellas palabras buscaron convalidar hoy día una orientación de “lealtad incondicional” y sin cuestionamientos ni confrontaciones a la dirigencia política del aparato del PJ, es un llamado a los trabajadores a siquiera atreverse a confrontar a la burocracia que mantiene en la parálisis y la regimentación a los sindicatos. Respecto de este último punto, bien se puede recordar que en 2010, cuando La Cámpora fue fundada para contener el ascenso del movimiento estudiantil, el propio Néstor Kirchner les advirtió “no cometer el error que se cometió en los 70”: un llamado a “no confrontar a la dirigencia sindical”.

 

El propio José Pablo Feinmann en su columna del domingo en Página 12, «La amenaza del segundo tiempo» expone, parcialmente, el valor histórico de la vuelta de Perón. Buscando ironizar sobre las declaraciones de Macri, quien en la semana declaró que Perón hoy “votaría por Juntos por el Cambio”. Feinmann define: «Macri puede apreciar mucho del tercer Perón. El que vino a castigar a la juventud y a toda la izquierda en general, el que aceptó que Isabel, López Rega y Villar armaran la infame triple A, el que no recibió a la JP porque esa juventud está cuestionada». A pesar de los intentos de limitar el alcance represivo de la vuelta de Perón a la «juventud y la izquierda», sin reparar sobre el profundo ataque que emprendió sobre el movimiento obrero, y buscando de igual forma colocar a Perón como un «aceptador» de la Triple A y no como su ideólogo; Feinmann advierte sobre el carácter reaccionario de la vuelta de Perón, cuyo objetivo, agregamos nosotros, fue emprender una embestida brutal sobre el movimiento obrero. La creciente autonomía que este venía tomando desde el Cordobazo en adelante -y que Cristina rechaza de lleno-, buscó ser encorsetado con su retorno a través del intento de reestatizar los sindicatos bajo la capitanía de la burocracia sindical.

La otra voz del “periodismo amigo” que se refirió al tema fue la del vacunado VIP Horacio Verbitsky. Aludiendo directamente a las declaraciones de CFK en su columna en El cohete a la luna afirma que estas refutan la vulgata de que el kirchnerismo es la continuación de la guerrilla por otros medios. Esta confesión de partes pinta de lleno la farsa de la presentación del mismo como la “pata izquierda” del peronismo. La defensa de Perón frente a la ruptura de la JP no es casual: Cristina y Verbitsky toman nota de los desplazamientos por izquierda que sectores crecientes de la juventud, el movimiento de desocupados y, en menor medida, el movimiento obrero empiezan a protagonizar. Esto reafirma aún más que la referencia histórica del liderazgo de Perón busca ser un llamado a la juventud para “aceptar la conducción” del PJ, hoy en manos de la coalición que la misma vicepresidenta encabeza junto con el presidente Fernández, Máximo Kirchner y Sergio Massa, garantes de la política de ajuste del FMI y los acreedores sobre el país. Al fin y al cabo, ya desde su asunción en el 2003 el kirchnerismo, al igual que Perón en el año 73, fue un intento de la burguesía por contener un enorme levantamiento popular, en este caso el Argentinazo en 2001. Para esto se han servido de la cooptación y la regimentación de amplias capas del movimiento piquetero, relegándolo detrás del aparato de la burocracia sindical como así también de los intendentes pejotistas y sirviéndose, claro, de una enorme represión y persecusión a partir de leyes como la Ley antiterrorista o el Proyecto X, recurriendo a los elementos más descompuestos del aparato represivo heredado de la dictadura como el torturador Milani o el excarapintada Berni.

Habiéndose agotado el experimento derechista de Macri, la coalición peronista se mostró como el mejor canal para continuar la política de ajuste. Las declaraciones  de CFK echan por tierra la pretensión de ciertos sectores de convertirla en la “reserva moral contra el ajuste” en la que sectores como el Frente Patria Grande o La Cámpora la quieren colocar. Tal como en el año 74, la juventud y el movimiento obrero se encuentran en una encrucijada: o intervienen como un sector independiente al peronismo, permitiéndole enfrentar el ajuste, o continúan su adaptación a la ofensiva del gobierno, llevándolos a la marginalidad en el mejor de los casos. La experiencia de ciertos sectores de la juventud “funcionaria”, con ejemplos como el de Ofelia Fernández, marcan la impotencia de la estrategia de la adaptación al Estado como “pata izquierda”. Lejos de actuar como un elemento de oposición interna (como pretenden posar), estos sectores se han integrado de lleno al gobierno nacional oficiando incluso para los cometidos más descompuestos, como lo fuera el caso del camporista Andrés Larroque siendo uno de los cabecillas del desalojo en Guernica. Estas declaraciones de Cristina, su significado profundo y la impotencia en la praxis de quienes se postulan como “el ala izquierda” de la coalición de gobierno, deben servir como una señal de alerta para todos los trabajadores, la juventud y el movimiento de mujeres que depositaron expectativas en un gobierno en vías de tornarse cada vez más reaccionario.

 

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