18/07/2002 | 763

Crítica a los «Economistas de Izquierda»

No corresponde a los socialistas plantear «salidas económicas» a la catástrofe capitalista. Hacerlo sería proponer salidas capitalistas al derrumbe capitalista. La economía no es un concepto genérico sino que se refiere al modo de explotación capitalista y, más en general, a la regulación de la producción social, no de acuerdo a un plan social, sino por medio del mercado. Conclusión: proponer una salida «económica» equivale a proponer una salida en los marcos del capitalismo y con los métodos propios de la sociedad y el Estado capitalistas.


Recientemente, sin embargo, hizo su aparición un agrupamiento de Economistas de Izquierda (EDI). Los EDI serían economistas y, al mismo tiempo… «socialistas», es decir, socialistas que propugnan, como economistas, «salidas económicas». Esto significa «salidas» en el marco del Estado político capitalista.


No sólo falta el «copyright»


Las «Propuestas» de los EDI –así se titula su texto– incluyen la nacionalización de la banca, el no pago de la deuda externa, la reestatización sin indemnización de las «empresas privatizadas» y ciertas formas de control de los trabajadores del aparato productivo. Pero, como todo el mundo sabe, el reclamo de las nacionalizaciones y expropiaciones que se toman como novedad ya están presentes en los programas de las Asambleas Nacionales Piqueteras, y esto como consecuencia de toda una experiencia previa, ligada a su gigantesca movilización. Los EDI repiten estos programas con mucha demora, sin citar la fuente original.


Lo esencial, sin embargo, es que, en los diversos documentos piqueteros, los planteos sobre nacionalizaciones y expropiaciones se vinculan a un sujeto concreto, los piqueteros, o sea a la clase obrera en lucha. De este modo, las reivindicaciones del programa piquetero no son más que la forma que asumiría la reorganización social bajo un gobierno de trabajadores. La salida no es «económica» sino política, y más precisamente revolucionaria. El gobierno de los trabajadores no es postulado por los piqueteros a partir de lo «económico», sino que la estructura económica debe ser transformada y, más precisamente, derrocada, por un gobierno de los explotados. Los objetivos de la emancipación social de los trabajadores chocan con las relaciones capitalistas, es decir con la «economía», y con ello se abre un proceso de revolución permanente, incluso de choque con la «economía» mundial capitalista y sus Estados.


A los «Economistas de Izquierda» ni se les ocurre comenzar su manifiesto con una crítica de la «economía», o sea, con la demostración de que asistimos a su descomposición y que esa descomposición es la consecuencia de sus propias leyes de funcionamiento. Ahí tenemos la disolución del mercado, la quiebra de capitales, la oposición en un grado nunca visto entre las fuerzas productivas y las relaciones capitalistas de producción. Una crítica de la «economía» los habría llevado a concluir que la necesidad de la revolución social se desarrolla en acto. El desarrollo real de la revolución condiciona el método, el alcance y el ritmo de las transformaciones sociales, y no al revés, que la postulación (arbitraria) de estas transformaciones determine el desarrollo de la revolución. Por eso, las medidas de estatización que no sean el predicado de la acción revolucionaria, ni una necesidad real del sujeto de la revolución (el proletariado), no pasan de ser nacionalizaciones burguesas o sólo pueden producir un capitalismo estatal, ya que el sujeto político sería la burguesía o la pequeñoburguesía, sin importar lo radicales que sean esas medidas. A fuerza de omitir el sujeto de la lucha de clases y su desarrollo en el movimiento piquetero (y en las asambleas populares), el documento de los EDI rebosa de confiscaciones y nacionalizaciones, como si el programa de la revolución fuera sinónimo de estatismo, y como si, desde un comienzo, la revolución no fuera la destrucción del Estado burgués y, por lo tanto, del «estatismo económico». Como «economistas», los EDI no pueden ir más allá del estatismo pequeño burgués, pero como «socialistas» habrían podido superarlo. Lamentablemente, eligieron el camino de la ambigüedad, el del «economicismo de izquierda».


¡La destrucción del Estado está sencillamente omitida en las «propuestas» de los EDI! Pero el socialismo no puede ser comprendido ni menos derivarse de un «plan económico», aun cuando enuncie nacionalizaciones o expropiaciones. El socialismo se plantea como consecuencia de las contradicciones insalvables del capitalismo y del movimiento político de la clase obrera contra el capital. Tiene que ver con el proceso de la historia en su conjunto y no con la «economía», que es un subproducto de aquel proceso. El socialismo no puede ser nunca una «salida económica».


¿Y los piqueteros?


Como los EDI no parten de la revolución obrera, sus propuestas «económicas» se plantean como extrañas a la lucha de clases real. En todo el largo documento de los EDI, de casi 20 páginas, la palabra «piqueteros» aparece sólo una vez, y para plantear que se «solidarizan con su lucha». Es decir que, epistemológicamente, o sea como sujetos del conocimiento, son ajenos al movimiento. Cuando, en estas condiciones, no vacilan en definirse, textualmente, como «estratégicamente socialistas», es obvio que practican el charlatanerismo.


Tenemos entonces una propuesta «económica» que surge de un núcleo de profesionales (y en mérito a los recursos de su propia profesión) que se «ofrece» a los trabajadores como emanación de un saber propio. El socialismo se deriva de la propuesta de los «economistas». Los EDI no podrían ser socialistas porque se consideran economistas, sin entender que el economista es una «especialidad» que designa a los teóricos de la producción burguesa capitalista. No sorprende, entonces, que por fin admitan que no tienen por objetivo la crítica de la economía, es decir, del capital, sino al revés, su reafirmación. «Nuestra prioridad –dicen– es, en esta coyuntura, proponer un conjunto de medidas redistributivas de emergencia para salir de esta verdadera catástrofe social.» Es decir que lo urgente es la reconstrucción del sistema capitalista colapsado.


Pseudosocialismo


Pero tampoco en este tópico de las «emergencias» los EDI razonan críticamente. No plantean un seguro de desempleo, sino un «seguro de empleo»; es decir, no una protección contra el despido masivo, sino un nuevo piso salarial más bajo (exactamente equivalente a lo que marca la línea de pobreza). Para recomponer el proceso de producción capitalista plantean «recuperar la cultura del trabajo» (léase la «cultura de la explotación capitalista»), disfrazada como «comunitaria». Por supuesto, esto lo copiaron textualmente del Frenapo, que por lo menos no hace demagogia de «socialismo» y tiene en sus filas al presidente de una de las cámaras de los banqueros.


Estamos frente a una versión ya no sólo disimulada sino embellecida del Plan de Jefes de Familia y de las recientes propuestas de Carrió de devolver a la población bonaerense a sus pueblos de origen, para que puedan recuperar su «identidad» (los EDI llaman a esta recuperación de «identidad» superar «el trabajo alienado»).


(Bellísimo: desconocen que la alienación marcó un progreso histórico frente a la identidad primitiva –identidad inmediata del hombre con su medio natural– y que la superación de la alienación humana [el trabajo, no para sí, sino para otro] no es un retorno a esa identidad sino la socialización del trabajo y la universalización humana. El tema de la «identidad» es étnico, reaccionario y fascista.)


La «cultura del trabajo» que reivindican los EDI es la expresión alienada por excelencia (explotadora) de la condición obrera (humana) bajo el capitalismo. Los EDI harían bien en revisar el excelente trabajo sobre el «Derecho a la Pereza» escrito por un socialista revolucionario… el siglo pasado.


El «fondo» de la cuestión


Los EDI separan cuidadosamente las «medidas de emergencia» de las «soluciones de fondo». Pero si antes que derrocar al capital, hay que «darle de comer a la gente», o sea si la transformación del capitalismo queda postergada, las «soluciones de fondo», o sea el «socialismo», son una pura meta ideológica. Este es exactamente el punto de vista de un amplio abanico de «socialistas» que incluyen a la UCR.


Aun así, los EDI definen a las «soluciones de fondo» como un «plan productivo dirigido a recuperar rápidamente los niveles de producción», es decir que el socialismo («de fondo») se mide a la escala del PBI. Pero el socialismo no es un modelo económico ni la suba del PBI; el socialismo, bien entendido, es el movimiento real de lucha de los trabajadores por su emancipación.


En este último sentido, los EDI presentan la «nacionalización de la banca» como un acto de «justicia» para con los «pequeños ahorristas», aunque afirman que no pueden «garantizar la devolución de su dinero». Obviamente, no toman a la nacionalización como una palanca de reestructuración de la industria, bajo gestión obrera. La nacionalización y expropiación de la banca, por parte de la clase obrera, no tienen nada que ver con una salida «económica» sino con un plan formulado desde las necesidades de las masas y del poder obrero.


Un fraude político


El documento coquetea con todo aquello que pueda parecer «anticapitalista», pero para desnaturalizarlo. Plantea, por ejemplo, que es indispensable «reestatizar las privatizadas», pero «no en lo inmediato»; plantea el control de estas empresas por parte de los «trabajadores y usuarios», es decir que el control y la gestión obrera quedan neutralizados por la supervisión de clases sociales ajenas al proletariado, con el riesgo de que pretendan gestionar los servicios a costa de una mayor explotación de los trabajadores. Repudia el Alca pero reivindica «otro Mercosur» (¿y el socialismo «estratégico»?, ¿y por qué no «otro Alca», u «otro mercado latinoamericano»?). Se reivindica la solidaridad internacional de los trabajadores como apéndice del «movimiento antiglobalización», pero no el internacionalismo obrero, es decir su cooperación internacional para derrocar al capital.


Lo más grosero del largo documento es el final, su última frase, que dice que «otro tipo de sociedad más igualitaria, solidaria y justa es posible». ¿Es posible? ¿Es posible esta repetición francamente vulgar del lugar más común de todos los lugares comunes de la derecha a la izquierda capitalista, de una sociedad «más» (sic, sic, sic) «igualitaria, justa y solidaria». Vamos, todavía.


Claro que esta famosa sociedad de «otro tipo» sería posible «si el programa que proponemos apunta a forjar un horizonte socialista». El socialismo se ha transformado así en el límite distante de un paisaje que debería ser «forjado» luego de que se «apunte» con el programa de… medidas económicas, propuestas por los EDI. Esto ya no es un socialismo defectuoso sino lisa y llanamente un fraude.


Llámense «economistas de izquierda» o «socialistas» no resultan, como se puede ver, denominaciones impropias, y forman parte de una operación confusionista para crear un polo pequeñoburgués hostil a la independencia política del movimiento obrero, es decir, a la lucha por un socialismo que parta del derrocamiento del capitalismo real: de sus hombres, de sus instituciones, de su Estado.

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