17/09/2020

Cuando a Alberto Fernández le sobraban dólares

Sus mensajes "contradictorios" sobre las reservas.

Luego de que el BCRA comunicara las nuevas restricciones a la compra de dólares, empezó a circular por las redes sociales un audio de Alberto Fernández de una intervención en un programa de TN (Desde el llano, 1/10/12) donde decía lo contrario a lo que ahora firma él mismo y sus principales funcionarios. El audio, que data de la época en la que el actual presidente era opositor al gobierno de Cristina Kirchner, apuntaba a rechazar el cepo puesto por esa administración. Contra la justificación de que el cepo era el resultado de la idiosincrasia dolarizadora de Argentina, afirmaba que eso era falso porque “cuando él era jefe de gabinete de Néstor Kirchner sobraban dólares y debían comprarlos para que no baje su precio”.

Aunque muchos usaron el audio para crear una suerte de Alberto Fernández vs. Alberto Fernández, lo cierto es que un análisis más concreto muestra una línea de continuidad entre lo que a primera vista emerge como cuestiones opuestas. Sucede que es cierto que bajo el gobierno de Néstor Kirchner, como resultado del aumento de los precios internacionales de las materias primas, llevó a un ingreso masivo de dólares que se reflejó en un superávit de la balanza comercial. Sin embargo la política que siguió el gobierno fue por completo parasitaria. Como bien recuerda Alberto Fernández, el gobierno de aquel entonces decidió comprar los dólares que ingresaban echando mano a una fuerte emisión monetaria. Por esa vía mantenía un precio artificialmente alto del dólar para asegurar beneficios extraordinarios al capital agrario y una protección vía el tipo de cambio a la burguesía industrial, que aprovechaba para vender productos a precio superiores al internacional y contar con salarios devaluados. Para beneficiar por esta vía a los distintos sectores de la clase capitalista, recurrió a una emisión monetaria impresionante, fue creando primero lentamente y luego de modo más acelerado un proceso inflacionario que erosionaba aún más a quienes vivían de su salario.

Ahora bien, la compra de dólares por parte del Banco Central llevó a un incremento de las reservas. En vez de que las divisas del país sirvan para un proceso de industrialización y crecimiento de su productividad, quedaron inmovilizadas por la autoridad monetaria como garantía para el pago de la deuda o para una fuga de capitales futura, a un precio conveniente para los especuladores que también ingresaban capital de corto plazo para aprovechar el diferencial de la tasa de interés. Se puso de manifiesto, así, una limitación de fondo del gobierno ‘nacional y popular’, que no pudo aprovechar una coyuntura favorable en los términos de intercambio para impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Al revés, concluyó profundizando una mayor primarización de la economía, sea con la soja o con la megaminería. Cuando la crisis mundial se profundizó luego del 2008, y cambiaron los términos de intercambio, el mismo gobierno, que ya había comenzado a pagar la deuda reestructurada y había autorizado todo tipo de fuga de capitales, se quedó sin reservas y debió establecer el cepo. En el medio jugó un papel clave el vaciamiento energético operado bajo el kirchnerismo, que consumió casi 10.000 millones de dólares anuales para importar energía.

El proceso que vivió Argentina luego del 2003 se repitió con sus matices en toda la región. América Latina tuvo momentos de balanza comercial superavitaria y altas reservas acumuladas por los bancos centrales de todos los países. Varios creyeron que ese dato era suficiente para modificar el tablero mundial, y sostenían que se armaba un nuevo polo de poder con el BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica). Sin embargo esa tentativa duró un suspiro. En nuestro continente, Brasil se vio arrastrado velozmente a la crisis por la caída de los precios de las materias primas y la competencia asiática. Las enormes reservas acumuladas sirvieron, como en Argentina, para financiar la fuga de capitales y el pago de la deuda.

Bien visto, el recorrido de Alberto Fernández y sus declaraciones contradictorias muestran que el problema no está en la escasez ni en la abundancia de dólares, sino en la estructura capitalista de Argentina y de la economía mundial, que actúa como un bloqueo al desarrollo de las fuerzas productivas. La burguesía argentina ha fugado del país casi 400.000 millones de dólares, equivalente a más de un PBI anual. Dejando de lado el costado delictivo, queremos resaltar acá que esa fuga muestra su incapacidad para valorizar el capital mediante inversiones en el país. En cambio, usó parte de eso mismos fondos para comprar los títulos de deuda, convirtiéndose en acreedora de la Argentina.

Un gobierno de los trabajadores hubiera aprovechado el ingreso masivo de dólares obtenido gracias al aumento de los precios de las materias primas para un proceso de industrialización a gran escala. Claro que para ello hubiese debido nacionalizar la banca y el comercio exterior, tomar el control de los complejos industriales y agrarios, y ponerlos en funcionamiento bajo un plan centralizado dirigido por los trabajadores.

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