14/09/2017 | 1474

De Carrasco a Maldonado, crímenes de Estado

El 18, todos a Plaza de Mayo
Por Jacyn


“Tal vez a este gobierno le pudo haber pasado como nos pasó a Felipe Solá y a mí con el tema de Kosteki y Santillán, que se le va la mano a un tipo”.


 


La declaración de Eduardo Duhalde al diario Perfil encaja perfectamente con el cambio de estrategia de Macri-Bullrich respecto de la desaparición forzada de Santiago Maldonado.


 


Tras el derrumbe de las “hipótesis” oficiales -que a Santiago lo hirió de muerte un puestero, que no estuvo en Cushamen el 1° de agosto, que pasó a la clandestinidad y escapó a Chile, que lo retienen los mapuche, que es experto en artes marciales, etc.- sigue ahora la tentativa de instalar la versión del ‘gendarme’ al que se le fue la mano”.


 


Por supuesto, Duhalde miente. Los crímenes de Kosteki y Santillán fueron crímenes de Estado. El 26 de junio de 2002 intervinieron en la represión del Puente Pueyrredón tres fuerzas federales -Policía, Prefectura y Gendarmería-, la Bonaerense y un contingente de agentes de inteligencia que dejaron un saldo de dos muertos y más de 30 heridos con balas de plomo. La represión se extendió del Riachuelo hasta Sarandí. Al día siguiente, Clarín tituló: “La crisis causó dos nuevas muertes”, mientras los voceros del gobierno Duhalde aseguraban que los piqueteros “se mataron entre ellos”. La movilización popular y la valerosa labor de trabajadores de prensa que hicieron honor a su profesión sacaron a la luz la verdad. Duhalde pasó entonces a referirse a la “cacería atroz”. No pudo evitar el final anticipado de su gobierno, pero salvó el pellejo de los responsables políticos de la masacre.


 


Ahora, el macrismo está buscando su Alfredo Fanchiotti para endosarle lo ocurrido con Maldonado.


 


Clarín analizó la “nueva hipótesis” del gobierno en su edición del domingo 10 del siguiente modo: “La responsabilidad por el caso quedaría reducida a una, dos o a lo sumo tres personas, pero ya no sería una desaparición forzada: no hay una fuerza del Estado operando para llevarse a un civil del lugar, sino uno o dos gendarmes ocultando su delito a sus compañeros y superiores”. Y agrega una comparación que retrata el objetivo de fondo de esta operación: “Así quedó cerrado en su momento el crimen del soldado Omar Carrasco: un joven subteniente y dos soldados condenados por el asesinato de un conscripto del que sus superiores jerárquicos del cuartel no se enteraron. Aunque hubo diez militares procesados por encubrimiento, finalmente ninguno terminó condenado”.


 


Esta referencia al crimen de Carrasco, ocurrido en 1994, es de un cinismo atroz.


 


El cadáver de Carrasco fue hallado dentro del cuartel de Zapala, donde cumplía el servicio militar,un mes después de la última vez que fue visto por sus compañeros. Había sido asesinado a golpes. La escena del hallazgo había sido armada y, junto al cuerpo, había una huella de un camión Unimog. Esto nunca se investigó.


 


La primera “hipótesis” de los militares fue que Carrasco había desertado. Le siguieron otras igualmente falsas. Finalmente, la causa se cerró con la condena a tres milicos de menor rango.


 


“Como ahora Gendarmería, el Ejército comandado entonces por el general Martín Balza era un aliado estratégico clave del gobierno, encabezado entonces por el presidente Menem. El gobierno no podía darse el lujo de que quedara bajo sospecha”, recuerda un artículo del diario Río Negro (12/9), trazando un paralelismo.


 


Las maniobras de impunidad no han cesado. Por el contrario, son más intensas que nunca.


 


El gobierno ocultó la presencia de Pablo Nocetti, alto funcionario del Ministerio de Seguridad, en la conducción del operativo represivo en el que desapareció Maldonado; y arrojó todo tipo de suspicacias sobre su familia, sobre la comunidad mapuche y, ahora, sobre los testigos que acusan a los gendarmes. Los responsables de estas operaciones miserables deben rendir cuentas.


 


El lunes 18, a once años de la segunda desaparición de Julio López, movilicémonos a Plaza de Mayo y a todas las plazas del país por López, por Santiago Maldonado y contra la impunidad de ayer y de hoy.


 

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