01/11/2012 | 1246

De la fragata al ‘pari passu’

“Los amigos ya no vienen ni siquiera a visitarme”

Sobre llovido, mojado. Luego del episodio del secuestro de la Fragata Libertad, los fondos buitres consiguieron otra victoria contra el Estado argentino cuando una Cámara de Apelaciones de Nueva York sentenció que los acreedores que rechazaron el acuerdo de reestructuración de deuda de 2005, tienen el derecho a cobrar su parte, en los mismos términos de los que lo aceptaron, sin perjuicio de que sigan litigando para cobrar la totalidad de esa deuda reestructurada. Le reconoce a los fondos buitres lo que el gobierno K desconoce para los trabajadores que sufren un accidente de trabajo, que sería cobrar la indemnización establecida, sin menoscabo del derecho a recurrir a la Justicia para cuestionar ese monto. El cumplimiento del fallo de la corte norteamericana implicaría el pago, por intereses acumulados, de unos 4.500 millones de dólares (Ambito, 30/10).


El gobierno argentino conocía perfectamente la posibilidad de este desenlace desfavorable, pues corresponde a la aplicación de un criterio judicial controvertido, que pone a los acreedores en igualdad de derechos (conocido como ‘pari passu’), hayan aceptado o no la reestructuración que se les propuso en 2005. Como la ley viene siempre con la trampa (es la contradicción insalvable del derecho burgués), ahora se podría dar el caso de que si el 4% que quedó afuera de aquel canje (‘hold out’), ganara la causa para cobrar la deuda al valor total que fue emitida, la discriminación la sufriría la inmensa mayoría que quedó adentro (‘hold in’), que entonces podría iniciar un pleito para resarcirse por la diferencia. Visto todo esto, no queda más que sonreír cuando se acusa a los abogados laboralistas de Argentina de practicar “la industria del juicio”. Para complicar las cosas aún más, el trato igualitario supondría incluir lo que cobran los tenedores del cupón PBI, que recibieron como un “premio” los que entraron al canje. Este cupón es un certificado especial, cuyo rendimiento depende de un determinado crecimiento de la producción nacional y cuyo valor varía de acuerdo al porcentaje de ese crecimiento. Los que quedaron afuera (‘hold out’) no recibieron este cupón, lo cual los dejó afuera de uno de los principales beneficios del canje. ¿Habrá que resarcirlos?


Como se ve, la sentencia neoyorquina es un mamarracho. Un especialista en deuda externa ha cuestionado (La Nación, 28/10) la interpretación del trato igualitario, que se referiría a que no se pueden emitir títulos de deuda con ventajas especiales. Para este especialista, el fallo pondría en peligro las reestructuraciones de deuda que se está negociando en numerosos países, y pondría un obstáculo serio a las tentativas de salir de la crisis mundial. Sobre esto habría que agregar, precisamente, que existe una pelea muy fuerte en torno a si las crisis de deudas deben ser resueltas mediante quitas a los acreedores. Lejos de un impedimento, el fallo apuntaría entonces a defender estos intereses.


La crisis desatada por el fallo no deja de ser instructiva, de todos modos, porque pone de manifiesto que el llamado ‘desendeudamiento’, al precio de decenas de miles de millones de dólares, no sirvió para rescatar, ni siquiera nominalmente, la soberanía nacional. La cuestión de la deuda sigue pesando más que nunca en la economía nacional, mientras la tutela jurídica de ella se ejerce fuera de Argentina.


El tema del trato igualitario tiene una trampa que no se puede descuidar, porque ya fue evocada por más de uno en la prensa diaria. Se refiere a que los acreedores que aceptaron el canje, podrían recurrir ahora ellos a la Justicia, para reclamar un trato igualitario con los que quedaron afuera, en el caso de que estos ganaran sus juicios contra Argentina y recibieran el derecho de cobrar toda la deuda sin descuento. “Una Argentina que crece puede pagar” -es el argumento de los defensores de esta tesis. La bancarrota mundial ha desatado el apetito del capital financiero por un acaparar los excedentes de todas partes del mundo.


El embrollo, con todo, amenaza con salirse aun más de madre, porque Argentina corre el riesgo de que le embarguen judicialmente los pagos que haga a los acreedores que ‘quedaron adentro’, para que pueda ser repartido con los que ‘quedaron afuera’. Para sortear esta situación, se dice que los K pagarían la deuda externa, de aquí en más, en cuentas que se abran en bancos radicados en Argentina. ¿Será? Lo que es claro es que la complicación derribó la cotización de los títulos de la deuda argentina y por lo tanto la capacidad de contraer crédito tanto adentro como afuera del país. Si el impasse adquiere visos de no resolverse, podría haber una huída fulminante del peso a las divisas extranjeras.


Cuando se asiste, diez años más tarde, al comienzo de un nuevo ‘defol’ (no otra cosa es, en términos capitalistas, la pesificación de deudas en dólares y el bloqueo a operaciones divisas), ¿no resultaba mucho más ‘realista’ el planteo de dar por terminada toda la deuda externa, por su carácter confiscatorio y usurario, y reorganizar al país sobre nuevas bases sociales? El kirchnerismo quiere sustituir la incapacidad de la burguesía argentina para desenvolver la independencia nacional, con una demagogia de ocasión sobre la “dignidad nacional”. Lo cierto es que su estrategia política ha fracasado en forma rotunda. La Unasur no ha movido un dedo en la arena internacional, ni en este caso ni por la fragata. “Los amigos ya no vienen, ni siquiera a visitarme”, y los que lo hacen son invitados de Idea, el foro nacional ligado a la banca extranjera y a los fondos buitres, para recordar a los K que si nunca “segundas partes fueron buenas”, las terceras y cuartas pueden ser un infierno.


Argentina necesita producir un viraje histórico, que solamente puede ser producido por una fusión del movimiento obrero y la izquierda revolucionaria.

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