21/04/2011 | 1173

De la lucha de Mariano Ferreyra al Frente de Izquierda y de los Trabajadores

Jorge Altamira en la conferencia de prensa de presentación del Frente

Es imposible explicar el surgimiento de este frente sin hacer referencia a la gigantesca reacción popular que provocó el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra en la lucha de los tercerizados ferroviarios. En aquella ocasión, señalé que nos había reunido la sangre obrera. Una multitud entre 50.000 y 60.000 personas nos acompañó para enfrentar ese crimen político -un crimen contra la clase obrera.

Fue un gigantesco respaldo popular que puso de manifiesto una tendencia en la masa popular argentina, entre nuestros explotados, que ya nadie puede ocultar. Una lucha que comenzó el 20, 21 de octubre, que continúa y que divide aguas políticas y sociales. Porque la tercerización se ha transformado en una divisoria de aguas en la que el pueblo argentino puede reconocer de qué lado está el explotador y de qué lado está el explotado, y lo puede reconocer con mayor profundidad porque se ha podido dar cuenta de que un sector social, formalmente perteneciente a la clase trabajadora, integra la clase capitalista, que es la burocracia de los sindicatos.

Esa movilización ha desatado un proceso político de alcance muy amplio, sin el cual -o gracias al cual- este frente ha sido constituido.

Se desarrolló, además, una lucha política que tampoco se puede ignorar. Desde «el gobierno de los derechos humanos» y sus organismos comenzó, desde el asesinato de nuestro compañero, una campaña política no contra la burocracia sindical, sino contra el Partido Obrero y contra los tercerizados.

Estos campeones de los derechos humanos nos hacían responsables del crimen a los que estábamos luchando por una causa de los trabajadores. Fue el punto más alto de la perversidad política del kirchnerismo y de sus aliados en todos sus aspectos. Es menester señalar también que el 99 por ciento de la llamada oposición al kirchnerismo no estuvo presente en esa batalla. A ella la urge cumplir con Clarín, pero no pone un gramo cuando se trata de una movilización popular de estas características (algunos de los opositores, restantes a este 99 por ciento que no vino, se preocuparon muy bien de ponerse en la cola de la movilización y negarse a subir a la tribuna como lo hicimos todos los aquí presentes).

Hoy, esta batalla política la llevamos al campo electoral. El gobierno de Kirchner no puede impedir que la izquierda revolucionaria de este país llegue a un acuerdo electoral y presente batalla. Poner una valla a la izquierda es la obsesión de la reforma política, como lo demostró el veto de la Presidenta a los dos artículos que la limitaban. Ahora acabamos de obtener otra confirmación de esta caracterización por la acción de la patota en Santa Cruz, que ha vuelto a ser respaldada monolíticamente por el gobierno provincial y por todas las pandillas oficiales de este país. Para esta gente, el asesinato de Mariano Ferreyra es un error de grado de una metodología política que defienden. Esto debe ser dicho con absoluta claridad, porque han tercerizado la represión. Lo único que distingue este método del fascismo es que, bajo el fascismo, los gobiernos fascistas se hacían cargo de esta metodología política, mientras que bajo la democracia actual, los gobiernos le esquivan el bulto a lo que desarrollan bajo cuerda.

Creo que ustedes (por los periodistas presentes, N.R.) deben haberse sorprendido mucho, también, por la rapidez con que se formó este frente. Es indudable que hemos actuado bajo una presión política: bajo la presión política, por un lado, de las luchas que reclaman una proyección independiente y bajo la presión, por otro lado, de la proscripción que nos amenaza -por qué negarlo. Todos los grandes movimientos obreros y revolucionarios que progresaron y se afirmaron, lo lograron porque fueron capaces de responder a una presión política del Estado. El Estado nos dice «te vamos a borrar del mapa electoral» y la izquierda le dice «¡minga!». Que nos unamos para evitar que nos borren del mapa electoral y para dar una proyección a las luchas es expresión de una conciencia política. En política, como en la vida, se actúa bajo presión. Eso no está mal, está muy bien. El asunto es la calidad de la orientación que uno elije cuando lo someten a una presión. Sometidos a esta presión, nosotros elegimos hacer el Frente de Izquierda.

Nosotros nos vamos a poner ya en marcha, por supuesto, y tendremos los candidatos, la fórmula presidencial, sólo en un par de días, con un compañero del PO, del PTS y las fórmulas a gobernadores. Es verdad que tenemos esta próxima batalla en Neuquén, donde nos tenemos que mover como un frente de izquierda con presencia nacional. Pero tenemos otra batalla inmediatamente después, en Santa Fe. Las circunstancias de tiempo no permitieron que formáramos un Frente de Izquierda en la provincia de Santa Fe, donde el Partido Obrero se inscribió por exigencias de la legislación de la provincia con mucha anterioridad. La izquierda, el Frente de Izquierda, está representado en Santa Fe por los candidatos del PO y por la lista del PO. Ahora, Santa Fe es una pieza mayor, es la clase obrera industrial por excelencia, del puerto de Rosario, de San Lorenzo, las petroquímicas, las cerealeras, está Molinos, está Cargill, los aceiteros. En la zona industrial, en las últimas elecciones, el PO logró el tercer lugar. Ahora tenemos que ir todos a Santa Fe a defender esta lista, que representa, a partir de la formación del Frente de Izquierda, al Frente de Izquierda. Para que esta provincia, donde se concentra un proletariado industrial tan importante, se exprese políticamente a favor del Frente de Izquierda. En primer lugar, en las internas abiertas en mayo, luego en la elección provincial.

Para concluir, quiero señalar lo siguiente: el gobierno nacional, a través de algunas medidas y mediante mucha demagogia, busca presentarse -como ya lo señalaron los compañeros que me precedieron- como una variante progresista o de izquierda, aunque vaya con Scioli, Menem, Baldomero Alvarez, con los Pedraza, los Cavalieri, etc. En el día de ayer, un decreto de necesidad de urgencia estableció que en las empresas donde la Anses tiene acciones, los directorios tienen que estar representados por la porción de las acciones que posee el Estado. Este incremento de la presencia del Estado en los directorios de una cantidad de empresas privadas ha sido presentado como una intervención estatal progresista y hasta, por algunos, anticapitalista. Sin embargo, el banco en el cual el gobierno tiene la mayor participación, el Macro, tuvo una suba de las acciones, las que subieron 6% en el día de ayer, inmediatamente de conocida esta intervención.

Nosotros rechazamos la asociación del Estado con el capital para rescatar a los capitalistas, que es el propósito último de toda participación estatal y, con mucha más frecuencia, el primero de los objetivos. Rechazamos las asociaciones del Estado con la Ugofe para encubrir a las patotas y tercerizar el trabajo. Rechazamos la asociación del Estado del Ymad de Catamarca con las mineras para tercerizar el trabajo y para permitir que se lleven enormes ganancias que están provocando el alza de los precios de los minerales, etc. Me empeño en señalar este hecho en una conferencia de prensa -donde anunciamos con entusiasmo, vigor y ganas de pelea rápida e inmediata- un Frente de Izquierda, por el apoyo que la centroizquierda le ha dado a esta operación de fraude económico contra los trabajadores. Porque es la plata de la Anses al socorro de las empresas privadas, es la plata que no va al 82% de los jubilados. La centroizquierda tiene muy bien merecida la crisis por la que atraviesa.

Se han producido frentes de izquierda en diversos países. Pero por su programa, el Frente de Izquierda que hemos constituido es la expresión más avanzada de cualquier otro. Es una delimitación política clara con esos otros frentes.

Brindo por el éxito revolucionario del Frente de Izquierda y los llamo a movernos como nunca, en este 2011, para defender a los trabajadores, golpear al capitalismo y desarrollar la conciencia de clase socialista del proletariado de Argentina.

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