06/07/2017 | 1465

De la ocupación de AGR a Pepsico

Las duras luchas obreras contra el ajuste capitalista


El cierre de Pepsico dejó a 690 familias en la calle, y una asamblea de trabajadores resolvió ocupar la planta como centro de la lucha por la continuidad de la empresa en Florida, Vicente López. Un recurso de crisis de la patronal fue rechazado, porque se trata de una relocalización hacia su planta de Mar del Plata, con nueva tecnología y planes de precarización, flexibilización laboral y desarticulación de la organización fabril antiburocrática.


 


Varios meses pasaron desde el 16 de enero, cuando los obreros gráficos de AGR-Clarín ocuparon la planta cerrada por el poderoso monopolio con fines similares a los de la patronal de Pepsico. Aquella ocupación duró 80 días, hasta su desalojo por parte de un enorme operativo policial.


 


Es claro que en la memoria de la clase obrera no cayó en saco roto la experiencia de los gráficos. Son dos luchas conectadas, porque no se trata de cierres por quiebra, lo que, por supuesto, también justifica la ocupación de fábrica, sino de cierres con indemnización para los trabajadores, los que deben decidir una lucha desde otro escalón de conciencia. Y así lo ha hecho todo un sector de trabajadores de Pepsico, como antes lo hicieron los gráficos de AGR. En ambos casos, la burocracia de los sindicatos, una kirchnerista, la otra pejotista clásica, se han opuesto a la ocupación con matices y aislaron a estas luchas de la acción del gremio en su conjunto.


 


Escalada antiobrera


 


AGR y Pepsico son apenas botones de muestra de un proceso muy vasto de liquidación de activos, cierre de líneas de producción, achicamiento de planteles y flexibilización laboral, con el objetivo de desconocer convenios, precarizar mano de obra y bajar salarios, incluso de manera nominal. Con la industria al 40% de capacidad ociosa y ante un panorama de extensión de la recesión económica, las patronales iniciaron el año con planes de despidos masivos, que han desatado luchas elementales de la clase obrera sistemáticamente frenadas y desarticuladas por la burocracia sindical.


 


Fue el caso de los miles de despidos petroleros en la Patagonia, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, donde se produjeron bloqueos de pozos por parte de los despedidos, un movimiento de lucha que fue enfrentado incluso por patotas de la burocracia de Pereyra y otras. También en la UOM, recordemos que los despidos masivos en Tierra del Fuego y Banghó se conocieron en simultáneo a la ocupación de AGR, y hubo presión obrera para ocupar esa planta, lo que la UOM diluyó mediante movilizaciones que se fueron apagando.


 


En Ingredion, los trabajadores organizados en el sindicato de empresa de Refinerías de Maíz, fueron a la huelga contra 200 despidos durante 35 días, al cabo de los cuales lograron reincorporar a un pequeño núcleo de trece compañeros en las plantas de Baradero y Chacabuco. Pero se trató de una huelga que conmovió al movimiento obrero y a la población de Baradero hasta hace pocos días. El viernes 30 pasado se produjo una movilización en esa localidad de la Mesa de Unidad Sindical por los despidos masivos en Atucha -en este caso, de obreros de la construcción. Antes, habían cerrado dos plantas de Atanor.


 


En Zárate, el Concejo Deliberante ha decretado la “emergencia laboral” por el nivel de despidos, lo cual es


meramente declarativo, porque el Estado no obliga a ninguna patronal a garantizar continuidad laboral. Al contrario, el Ministerio de Trabajo no existe en estos conflictos, es una oficina de aplicación del despotismo patronal. Hasta allí se había movilizado la CGT regional con ese reclamo, una política para evitar luchas decisivas, como son las ocupaciones de fábrica. De hecho, en estos días se anuncia el cierre de dos nuevas químicas en esa localidad: Dak Americas y Lanxes.


 


Se ha cerrado la fábrica del caucho, Hutchinson, y en la localidad de Las Flores, provincia de Buenos Aires cerró la planta Gotelli, dejando a 300 compañeros sin salario y en la incertidumbre. Los trabajadores de Gotelli cortaron rutas, pero ahora la burocracia sindical los tiene paralizados a la espera de una reactivación mediante subsidios del Estado. En esa misma rama, calzado, el gigante de 2.000 obreros de Coronel Suárez, Dass, anunció suspensiones masivas hasta fin de año. En Salto, cerca de Pergamino, cerró sin anestesia Brandmix, fabricante de alfajores.


 


Lucha encarnizada


 


Como se aprecia, el escenario de cierres de plantas y despidos masivos es grave. A esto hay que sumarle los despidos masivos antisindicales en el transporte cordobés, como represalia por la gran huelga que motorizaron sus cuerpos de delegados contra la paritaria firmada por la patronal, el gobierno y la burocracia sindical de Fernández. Este tipo de despido busca disciplinar a los trabajadores para imponer la parálisis ante la ofensiva antisalarial y antilaboral.


A pesar de ello, el movimiento obrero sigue y sigue intentando. El viernes 30, una asamblea general de Acindar rechazó la paritaria de la UOM y reclama su pago inmediato, y no en cuotas. Antes, la rechazó también Aluar y logró imponer una paritaria superior. En esa lucha también está empeñado el Sutna, a partir de una masiva asamblea general que votó el pliego paritario. Todos conocemos las enormes huelgas docentes y la lucha de los trabajadores de Santa Cruz.


 


El proceso por abajo indica enormes reservas de la clase obrera. Los casos de AGR y Pepsico llegan a la ocupación de fábrica como resultado de cuerpos de delegados que abrieron esa posibilidad ante los compañeros. La importancia de estas luchas, como marcamos en una nota anterior de Prensa Obrera, va más allá del resultado inmediato que puedan producir, sin descartar victorias parciales o atenuaciones de las ofensivas antiobreras.


 


De conjunto, la clase obrera, como en el período previo al Cordobazo, con grandes huelgas aún derrotadas, como ocurrió también en el período previo a la huelga general de junio/julio de 1975 y en los tiempos previos al Argentinazo, prepara grandes batallas futuras.


 


El plan de guerra postelectoral que se ha conocido estos días, en función de un “pacto de La Moncloa” argentino entre el gobierno, las fracciones de la oposición y la burocracia sindical, para una nueva reforma (anti)laboral y (anti)jubilatoria, nos plantea la perspectiva de grandes enfrentamientos de clases. Rodear de acción de lucha y política de apoyo a Pepsico y a cada lucha obrera es función del Partido Obrero y debe ser un gran propósito de la campaña electoral del FIT. Hemos sido atacados por esto. “Ladran Sancho”, señal que cabalgamos en la dirección correcta.

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