31/05/2001 | 708

De La Rua-Cavallo: Pongamos fin a este cero a la izquierda

El gobierno se equivocó, otra vez más, si creyó que su problema era resolver el corte de la ruta 3. El problema del gobierno es el propio gobierno, su política, el completo agotamiento del régimen social existente. Es por eso que no fueron necesarias más que un par de horas para que la crisis supuestamente resuelta se reabriera a una escala todavía superior. Cuando la Aerolíneas de los bancos españoles siguió negándose a pagar los salarios de abril y, más importante aún, cuando los técnicos volvieron a dar una prueba de su claridad y combatividad, rechazando en forma masiva el fraudulento Plan Director de los vaciadores, la crisis subió un enorme escalón con la movilización y cortes de pista de los trabajadores de AA. El martes 29, los propios pilotos, cuyo sindicato sin embargo había aceptado las imposiciones españolas, salieron a ocupar las pistas del Aeroparque y recibir la represión de la policía aeronáutica. En Madrid, mientras tanto, la Bullrich y Cavallo volvían a aceptar, y con yapa, todas las imposiciones del gobierno de la banca española, al tercerizar los servicios de rampa, reducir las tasas de mantenimiento de la Fuerza Aerea y establecer unilateralmente la reducción de los salarios y el alargamiento de la jornada laboral. Todo esto, para colmo, a sabiendas que los españoles pretenden valerse de estas concesiones para mejorar el precio de desguace de AA.


El corte de pista de los pilotos lleva a la lucha de Aerolíneas a una nueva etapa, esto porque abre una fuerte brecha contra las burocracias que aceptaron el Plan Director del estado español y plantea la posibilidad de una huelga general de toda la aviación comercial y los aeropuertos. Es el único camino. El hundimiento del plan de liquidar AA por parte de Cavallo, para abrir la aviación comercial a la penetración internacional, y de paso armar el negociado de su socio Eurnekian, dueño de los aeropuertos y de Southern Winds, permitiría reestructurar todo el sistema de transporte aéreo nacional bajo un plan elaborado por los trabajadores. Ese hundimiento pondría al desnudo el papel de los grandes bancos españoles en el vaciamiento de AA, planteando con ello la necesidad de que paguen el desguace de AA con su propia confiscación, lo cual sería un paso adelante en la nacionalización de todo el sistema financiero bajo control obrero.


Por todo esto, la tarea de la hora es que se convoque una Asamblea Intergremial de todos los trabajadores de AA, para elegir un Comando Unico de Huelga y decretar la huelga indefinida del transporte aéreo en su conjunto.


Córdoba se mueve


Que el cese del corte de la ruta 3 no le devolvió el aire al gobierno, también lo probó la conmemoración del cordobazo, el martes 29, que tuvo lugar en medio de una huelga general, fundamentalmente por la decisión de los choferes de la ex empresa Siglo XXI, de Córdoba, de ocupar sus instalaciones y forzar a la UTA a declarar una huelga general del transporte urbano. Esto y el paro de diez horas resuelto por la CGT de Moyano y la CTA, le dieron a la fecha un carácter de lucha extraordinario. La convocatoria que una semana antes había realizado una asamblea de Luz y Fuerza, que lucha contra la privatización de la empresa de energía, de convertir el 29 en una Asamblea popular, se concretó entonces más allá de lo previsto. El Partido Obrero de Córdoba, que apostó todo a la perspectiva planteada por la asamblea de LyF, se convirtió en la mayor columna política de la concentración que tuvo lugar en el centro de la ciudad.


El empalme de la lucha de LyF y de los choferes abre una inusual posibilidad para los trabajadores de Córdoba, fundamentalmente frente al vaciamiento y los despidos en la industria automotriz. Es posible parar el desguace industrial, por medio de una lucha común, frenando los despidos y repartiendo las horas de trabajo, abriendo las cuentas de las empresas y bajando los precios y los créditos usurarios para la compra de automóviles, reconvirtiendo la industria y, finalmente, haciendo un pacto con los obreros automotrices de Brasil para establecer un plan único de reactivación industrial bajo control obrero.


La marcha del Sur y la movilización del Polo Obrero


Aunque anterior al levantamiento del corte de La Matanza, la marcha de desocupados del sur que culminó en Plaza de Mayo, fue un gran impulso de movilización, como lo demostraron luego los cortes de ruta en la zona sur y La Plata, el martes 29, pero por sobre todo la movilización del Polo Obrero, ese mismo día, en la Capital Federal.


La movilización del Polo Obrero representa un salto cualitativo por varios motivos. En primer lugar porque reunió a más de dos mil compañeros, un número extraordinario para la convocatoria de una sola organización dentro del ámbito de la ciudad. La demostración juntó a compañeros desocupados y obreros de la industria y del transporte, como los gráficos, Metrovías, telefónicos, docentes, talleres municipales, empleados de la ciudad, periodistas, los correos privados, motoqueros y choferes. Agrupó, además, a numerosos barrios de la ciudad que luchan contra la desocupación y por la vivienda, las Villas 31, 15, 11-14, 21-24, y Soldati, Almagro, Flores, Paternal, Santa Rita y hasta Núñez y Belgrano, que venía de protagonizar el corte de las vías de Olazabal. Numerosas organizaciones del Gran Buenos Aires se hicieron solidarias con la movida, pero además llevaron sus reclamos al ministerio de Trabajo, donde fueron recibidas por la Dirección Laboral.


Desde un punto de vista político, también se dio un salto significativo, porque el documento presentado a Ibarra y entregado a la vicejefa de gabinete, Liliana Chernajowsky, plantea una política de conjunto de la clase obrera, desde el salario mínimo de 600 pesos por ocho horas de trabajo; el subsidio a los desocupados; un plan de construcción de viviendas bajo dirección obrera; planes laborales bajo el control de las organizaciones obreras; la jornada de seis horas por insalubridad para el transporte; el control obrero de la Corporación del Sur; el rechazo a la ley de empleo de la ciudad; la defensa del estatuto docente; la titularización de los terrenos para sus habitantes y la expropiación de los terrenos privados ocupados por trabajadores; la suspensión de todos los desalojos, la denuncia de la especulación inmobiliaria, expulsora de trabajadores, en las zonas más rentables de la ciudad. Por primera vez, la Capital Federal que concentra al 90% de los monopolios que explotan al país, se enfrentó a una insurgencia de sus propios trabajadores. La conquista política que significó la obtención de una banca en la Legislatura, ha mostrado en poco tiempo todo su potencial como factor de centralización política de una movilización de las masas independiente de los partidos patronales, el Estado y sus respectivos punteros.


La mega-fosa


Es en este cuadro de insurgencia popular y de tendencia a la huelga general, que el gobierno quiere concretar el megacanje de una parte de la deuda externa, que le permita, además del negociado de las tasas usurarias de interés que promete, llegar a las elecciones de mediados de octubre. Arribar a estas elecciones se ha transformado en el principal interés de la burguesía, esto porque espera que los resultados de ella le sirvan para replantear la experiencia aliancista y formar un gobierno patronal de salvataje nacional. En el acuerdo reciente con el FMI se declara la intención de proceder al mega-ajuste después de octubre, liquidando el Pami y reduciendo las jubilaciones estatales.


Al gobierno ya no le inquieta el hipotecamiento usurario adicional que significará el megacanje, como lo demuestran las tasas que está admitiendo para renovar las Letras del Tesoro. Pero lo que todavía es incierto es la aceptación que tendrá su oferta, esto porque son numerosos los acreedores, especialmente norteamericanos, que pretenden que el canje lo hagan los bancos rivales mientras ellos aprovechan para cobrar sus propios créditos que vencen a corto plazo. Esta maniobra ha llevado a reducir las perspectivas de canje, que en algunos casos se estimaban en 30.000 millones de dólares, a menos de 15.000 millones, que solamente involucrarían a las AFJPs. La evidencia de que los bancos locales podrían recusarse a canjear deuda de corto a largo plazo, ha llevado a Cavallo a prometer que los nuevos bonos podrán ser computados como reservas bancarias, lo que significa que en lugar de una postergación de pagos, que es lo que pretende el canje, los bancos se harían con dinero en efectivo en forma inmediata que podrían mandar al exterior. La refinanciación de la deuda se transformaría de este modo en su contrario, en una precipitada fuga de capitales que podría dejar al Banco Central sin reservas en dólares.


Como a este hundimiento generalizado de las «mejores intenciones» cavallistas se agrega el derrumbe del real brasileño y, con ello, del comercio exterior argentino; el gobierno está pensando en un plan B, o sea en la devaluación de la moneda, repactar de todos los contratos en dólares y congelar de los depósitos en los bancos. Un claro índice de que la política del canje no lleva a ningún lado lo constituyen las dificultades de Ruckauf para pagar los sueldos; una cesación de pagos de la provincia de Buenos Aires afectaría macizamente a los trabajadores del Estado.


Desintegración nacional


De acuerdo a Ambito Financiero ya se habría acordado un plan para salvar a De la Rúa de cualquier catástrofe, sea esta electoral o financiera, protegiéndolo con una «unión de fuerzas nacionales». Pero basta ver al merlense Othacehe, asegurando que el PJ puede voltear a De la Rúa en cualquier momento; o a la Bullrich y Cavallo, desafinando vergonzosamente ante el gabinete español; o al embajador yanqui, Walsh, haciendo recular a la Legislatura porteña en su pretendida «defensa del trabajo nacional»; o a Gallo y la Unión de la Construcción enfrentados a Cavallo por los cambios en el «plan de infraestructura»; o a Ibarra zarandeado en París por los constructores franceses para que les entregue el mobiliario urbano; o a Menem casándose en Anillaco sin la compañía de Sofovich, Neustadt, Kohan o Bauza, y preparando su huída a Siria, con o sin la Bolocco; basta ver todo esto para comprobar que la «unión nacional» es pura farsa. Para las elecciones de octubre, los justicialistas y los radicales no hacen más que dividirse, los cavallistas no encuentran aliados y de los frepasistas no vale ni hablar.


La situación política es clara: un derrumbe sistemático por arriba, una lucha creciente desde abajo, intentos infructuosos de la burguesía por cambiar de frente, al extremo que La Nación, en un editorial, llama a reconstituir una burguesía nacional que tenga capacidad para pilotear la crisis, porque la burguesía extranjera, dice, no tiene ninguna posibilidad para ello. La UIA, en la misma sintonía, ha sacado un documento que repite la palabra «hambre» y por último el clero que exige un cambio de orientación. Pero para cambiar de frente, los explotadores tienen limitaciones insalvables, ya que no podrían hacerlo sin chocar, y duramente, con los acreedores internacionales y los grandes bancos.


La permanencia del gobierno De la Rúa-Cavallo se va transformando en insostenible para todas las clases sociales. Su caída empieza a tener el carácter de una necesidad objetiva. Una parte del PJ y Moyano plantean adelantar las elecciones para presidente; los trabajadores necesitamos una salida mucho más profunda que nos sirva, al mismo tiempo, para procesar, por medio de la lucha y de la experiencia, el pasaje a un gobierno de trabajadores. Esa vía transicional para madurar revolucionariamente es una Asamblea constituyente libremente electa que se haga cargo del poder y reorganice a la Nación sobre nuevas bases.

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