02/04/1998 | 579

De nuevo, caen los bancos

Las caídas del Patricios y el Medefin desmienten que el sistema bancario argentino sea, como pretenden el gobierno y los propios banqueros, «uno de los más fuertes del mundo».


La morosidad de los créditos de la banca en su conjunto llega al 15% de sus carteras, una cifra apenas inferior a la registrada en épocas del ‘tequilazo’(17%): después de dos años de ‘refinanciaciones’ y de pase a pérdidas de varios cientos de millones de préstamos incobrables, el índice de morosidad apenas se redujo dos puntos. Pero «la reducción de los préstamos irregulares no es porque haya mejorado gran cosa la salud financiera de los deudores sino porque (…) se licuó la participación porcentual de los viejos créditos en el total» (El Cronista, 12/2). Es decir, que se han tapado los viejos ‘muertos’ con montañas de créditos nuevos … incluso a los mismos deudores.


Los índices reales de incobrabilidad son, en verdad, más elevados. Como lo demostraron los casos del Patricios, del BCP y del Nación, estos índices están‘dibujados’: los bancos demoran en calificar a los morosos, refinancian indefinidamente deudas irrecuperables e incluso ‘inventan’ préstamos para reducir la proporción de irregulares. A esto alude, precisamente, el informe de la consultora Moody´s cuando habla de la «escasa transparencia» de los bancos argentinos.


Los préstamos bancarios se concentran en empresas vinculadas y títulos de la deuda pública. En el primer caso, se produce un vaciamiento del banco a costa de los depositantes. En el de los títulos, su cotización depende de la continuidad de la ‘bicicleta’ del ingreso de los fondos extranjeros.


Se ha dicho que la causa inmediata de la caída del Patricios fue el retiro de un plazo fijo por 50 millones de dólares. Pero la misma situación enfrentan los demás bancos ya que los «bancos financian con capital ‘golondrina’ préstamos a muy largo plazo» (La Nación, 11/1). El sistema bancario está sostenido por una corriente de capitales externos de corto plazo, «que no es sostenible» (ídem).


Pese a todas las evidencias, el gobierno insiste con que el sistema bancario sería ‘fuerte’ como consecuencia de los elevados requerimientos de capital y efectivo mínimo establecidos y, en última instancia, de la existencia de un ‘fondo de garantía’.


Los elevados requerimientos de capital no significan nada: el Patricios, por ejemplo, los sobrepasaba en un 7% …


En cuanto al ‘fondo de garantía’, cuenta con 700 millones de dólares en efectivo y un ‘crédito en espera’ (‘stand by’) por otros 6.100 millones: apenas 6.700 millones para garantizar depósitos por 67.000 millones. Pero el famoso ‘fondo’ no apareció para ‘salvar’ al Patricios, al Medefin o al BCP. La razón es sencilla: ¿quién va a poner un dinero que difícilmente pueda recobrarse? En cuanto a una ‘corrida’ generalizada, sus limitaciones son evidentes.


El BCRA autorizó que los requerimientos de efectivo mínimo que deben guardar los bancos sean parcialmente integrados con ‘créditos stand by’ de bancos del exterior, es decir no con dinero inmediatamente disponible sino con una simple ‘promesa de préstamo’.


En el cuarto trimestre del 97 se produjo una caída generaliza de los beneficios bancarios como consecuencia de «la caída del valor de los títulos, los mayores cargos por incobrabilidad y las reducidas utilidades en otras empresas» (BAE, 12/2). Las utilidades del Francés cayeron un 66% y las del Río un 33%; en el caso del Bansud, sus resultados fueron negativos. El Galicia, caso único de beneficios superiores a los del tercer trimestre de 1997, esto responde a un artilugio contable: «si los títulos públicos (que tiene en cartera) estuvieran valuados al valor de mercado (y no al precio de compra) los ingresos financieros hubieran resultado un 8% menores». Esta es la causa, también, de la sustancial caída de los precios de los bancos en venta (BAE, 26/1).


 


Deuda pública


Otra expresión de la crisis financiera es el crecimiento de la deuda pública de corto plazo con los bancos radicados en el país.


Ya se han emitido ‘Letras de Tesorería’ —un título dolarizado, a 90 ó 180 días de plazo— por más de 3.000 millones y el gobierno piensa llegar a los 10.000 millones a fin de año (BAE, 19/3). Si se le suman otros títulos similares, el total de la deuda de corto plazo alcanzaría entonces los 13.000 millones.


En los dos primeros meses del año, el gobierno ya emitió el 43% del total de la deuda autorizada en el presupuesto (Banco Quilmes, informe de febrero de 1998). La acelerada venta de las acciones de las compañías privatizadas en poder del Estado y el planteo de privatizar el Banco Nación apuntan a tapar el agujero de la deuda pública.


Las provincias siguen el mismo camino: si se excluye a Buenos Aires, la deuda de las provincias creció un 15% en 1997. La reducción de la deuda de Buenos Aires, por su parte, no es real pues la transfirió al Banco Provincia, el que la refinanció comprando títulos del Tesoro norteamericano.


 


Deuda privada


Uno de los componentes más explosivos de la crisis financiera es el crecimiento de la deuda externa privada, que ya alcanza 32.000 millones de dólares, es decir, la tercera parte de la deuda externa argentina, cuando en 1991 era casi cero. Se cuadruplicó en apenas cuatro años (en el caso de las empresas no financieras, se sextuplicó); sólo en el último año creció un 62,5%. Esta deuda no está garantizada contra variaciones en la cotización del dólar o en la tasa de interés. Por eso, The Economist (21/3) no duda en calificarla como «altamente vulnerable».


Para hacer frente a este endeudamiento, el grupo Soldati, Siderca y Siderar, por ejemplo, han debido liquidar una parte de sus activos. Pérez Companc vio reducidos sus beneficios en 1997 por «la pesada carga de intereses» (Clarín, 22/3) de la deuda que contrajo para comprar pozos de petróleo en el exterior … justamente cuando se derrumba el precio del crudo. Molinos Río de la Plata (Bunge y Born) sufrió en 1997 la segunda caída consecutiva de sus beneficios como consecuencia de los costos financieros.


El potencial de quiebra lo pone en evidencia el caso de Alpargatas, que cayó en la ‘cesación de pagos’ cuando los bancos acreedores se negaron a otorgarle un ‘préstamo puente’ para pagar la deuda que la empresa tenía con esos mismos bancos.


 


Déficit externo


La debilidad del sistema bancario y el crecimiento de la deuda pública y privada no pintan todo el cuadro de la crisis.


Argentina necesitará, en 1998, 32.000 millones de dólares para hacer frente a sus compromisos externos (7.000 para la deuda comercial; 3.000 para la deuda privada; 22.000 para la pública). Semejante necesidad de financiamiento externo equivale al 11% del PBI, un índice superior al que exhibía Tailandia antes de estallar.


La Argentina menemista tiene un hambre insaciable de nueva deuda precisamente cuando el Banco Mundial pronostica que «el flujo de capital privado a los países en desarrollo caerá en 1998» (Financial Times, 25/3). En Argentina, desde el comienzo de la crisis en Asia (en octubre), el promedio mensual de ingreso de capitales externos cayó de 8.000 a 2.000 millones.


La analista Moody´s pronostica para la Argentina «un ajuste políticamente doloroso» como consecuencia de la «menor financiación internacional»(BAE, 24/3).


The Economist (21/3), en un artículo titulado «finanzas frágiles», adelanta que «los gobiernos (de América Latina) podrán financiarse, pero el panorama se presenta más oscuro para las compañías privadas». Por eso, Martín Redrado advierte que «las grandes compañías serían sabias si buscaran acuerdos ‘en espera’ con los bancos internacio-nales para garantizar su liquidez en caso de una abrupta interrupción del crédito»(Financial Times, 27/3). Esto, claro, no vale «para las compañías de segunda línea, que tendrán dificultad para conseguir dinero en el exterior»(Financial Times, 21/3).


Estos pronósticos coincidentes plantean un potencial de derrumbe inmenso; nuevamente la perspectiva de la ‘cesación de pagos’.

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