17/06/2020

De Santa Cruz a Jujuy: fase más, fase menos, la pandemia no se frena sin medidas de fondo

Qué revelan los anuncios de gobernadores de dar “marcha atrás” en la flexibilización de la cuarentena.

Con el salto de contagios de Covid-19 en el país, ha quedado cuestionada toda la política llevada adelante por los Ejecutivos de la Nación para abajo. La curva continúa en alza, y entre ayer y hoy se registraron –siempre según datos oficiales- 1.374 nuevos casos (totalizando 34.159) y 8 nuevas muertes (que escalan así a 886). Una situación crítica que amenaza con la saturación del sistema de salud, como analiza con claridad Sergio Villamil en su nota de ayer en Prensa Obrera.


En este marco, varios gobiernos provinciales y locales han tenido que anunciar “marchas atrás” en la flexibilización de la cuarentena, y otros barajan medidas similares.


Vueltas a fases anteriores y/o retome de restricciones se anunciaron en Chaco, Jujuy, Neuquén, Entre Ríos, Chubut y para algunos municipios de la Provincia de Buenos Aires. Se trata, ante todo, de medidas que no afectan las líneas generales de este ablandamiento, dictadas desde un gobierno nacional que sostiene que “deberíamos volver a la fase 1” pero –al igual que los Ejecutivos provinciales- continúa cediendo a los reclamos de las patronales de volver a la actividad, y priorizando los pagos de deuda y los beneficios a los empresarios en desmedro de medidas de fondo en materia sanitaria.


La situación de la Provincia de Buenos Aires –con 14.546 casos- fue denunciada ayer en un detallado artículo de Iván Hirsch sobre el “punto muerto” de la cuarentena a nivel nacional, que da cuenta de nuevos focos como el del barrio San Jorge de Tigre; del factor propagador que constituye la apertura de industrias habilitada por Axel Kicillof; de los contagios crecientes en el personal sanitario y del armado de guetos como única respuesta a los contagios en barrios carenciados. Funcionarios del gobierno bonaerense insistieron hoy en “la necesidad de medidas más drásticas”, sin anuncios concretos. Entre los ocho municipios que retrocedieron de fase está Olavarría, cuyo intendente venía fogoneando –como otros mandatarios locales- la campaña anticuarentena.


Se daba cuenta allí también de que en Chubut, donde se volvería de fase 4 a fase 2, los 64 casos de Covid-19 se producen en un contexto de ajuste en Salud, con trabajadores del área que venían reclamando por dos meses de atraso salarial. El gobernador Mariano Arcioni dijo que recién “jueves o viernes” tendrá alguna certeza sobre ello, mientras apura una nueva reestructuración de la deuda.


Se ha determinado que Chubut  tiene circulación comunitaria, al igual que Chaco. Esta provincia volvió a fase 1, con suspensiones –solo por una semana- de la actividad bancaria, comercial y pública; la suspensión de permisos para circular y el cierre de fronteras. Son 1.387 los casos registrados, con niveles altísimos de infectados entre los trabajadores de salud –fruto de una precariedad brutal por la que protestaron días atrás– y la comunidad Qom.


En Entre Ríos, el gobernador Gustavo Bordet se preparaba para una apertura total de actividades pero ha debido anunciar un freno porque se duplicaron los casos en nueve días, siendo hoy 100 los registrados. Pero siguen en funciones las actividades que se habían habilitado.


En el caso de Jujuy, se anuncia el regreso a fase 1 –por una semana- en la capital, Perico, Yala y Palpalá, ante el registro de dos nuevos casos. El gobierno de Gerardo Morales había logrado a fines de abril la sanción de una ley de práctico levantamiento de la cuarentena, acompañada por un reforzamiento represivo.


Finalmente, en Neuquén se anunció la estrechísima medida de suspender las reuniones de hasta 10 personas en la capital, que había sido habilitada hacía apenas ocho días. La ciudad duplicó sus casos en apenas 11 días, llegando a 150, y se advierte que está al límite de entrar en circulación comunitaria. Los 240 casos de la provincia son inescindibles de la habilitación de gran parte de actividades desde el 18 de mayo, en beneficio de las 400 empresas que la reclamaron en un comunicado.


Sin anuncios


A la cabeza del listado nacional se encuentra la Ciudad de Buenos Aires, con 15.770 casos registrados. Como señala de forma contundente Facundo Lahitte, se ha configurado un cuadro crítico con la apertura comercial en beneficio de las patronales y al calor de la agitación anticuarentena; con la falta de respuestas en las villas y con los profundos déficits de insumos y personal y la desatención gubernamental a protocolos en la salud pública. Horacio Rodríguez Larreta no anunció des-flexibilizaciones; se reserva la carta de guardar de nuevo a los “runners” (un aspecto de débil contagio), para preservar la apertura de la enorme mayoría de los comercios, bancos e industrias. Se presentan como medidas de control los mayores controles policiales en Amba, cuando el problema de base es que lo que aumentan son los pasajeros cuyos lugares de trabajo han sido habilitados -como en todo el país, acciones represivas sin soluciones de fondo.



Córdoba y Río Negro completan –junto con Amba, Chaco y Chubut- la lista de distritos con circulación comunitaria. En Río Negro, la gobernadora Arabela Carreras había declarado a principios de junio que “la curva está baja y controlada”; por el contrario, la misma continúa subiendo y ya hay 581 casos, con focos importantes en la región que va de Cipolletti a Valle Medio, y en Bariloche. Gran cantidad de contagios se han dado en los centros de salud, como resultado del vaciamiento y la precarización: por ese motivo se clausuraron el Sanatorio Río Negro y una sala de quirófano en Villa Regina –donde asambleas definieron reclamos por insumos para toda la provincia, que siguen sin respuesta.


Tampoco en Córdoba la crisis sanitaria, con 498 casos e importantes brotes en barrios carenciados, frena al gobernador Juan Schiaretti en su política de flexibilización de la cuarentena, que ha incluido la habilitación de actividades no esenciales como las automotrices.


Los 288 casos de Santa Fe se presentan por el momento en localidades chicas, lo que Omar Perotti ha aprovechado para flexibilizar a fondo. La industria de la provincia está prácticamente a pleno.


Mendoza sigue en la fase 5 –la más relajada- en la que entró hace tiempo; recién ahora se habla –sin concreciones- de un retroceso de la misma, ya que han escalado los casos a 115. Los testeos brillan por su ausencia, solo aplicados a quienes llegan a hospitales como casos sospechosos; la política del gobernador Rodolfo Suárez es responsabilizar de forma persecutoria a los trabajadores, al punto de que han denunciado penalmente a un empleado contagiado de una bodega, sin esclarecer la sospechada responsabilidad de la empresa.


Ya hay registros de casos en todas las provincias, sin que frene la política de liquidación de la cuarentena. Es la crónica de una crisis anunciada, ante la que todos los gobiernos “alertan” pero ninguno dispone las medidas necesarias.


Para ello es preciso responder a la pandemia con un programa integral, opuesto a los intereses de los capitalistas. Que tenga como base la centralización de todo el sistema de salud bajo control de los trabajadores, con la provisión de todos los recursos e infraestructura necesarios y el fin de la precarización de los empleados sanitarios; y el control popular de la cuarentena, limitando las actividades a las verdaderamente esenciales y garantizando allí el cumplimiento de los protocolos. Que avance en testeos masivos y en soluciones habitacionales y económicas para los barrios carenciados; y para el conjunto de los trabajadores afectados por la pandemia, con subsidios a los desocupados y la prohibición de despidos y rebajas salariales. Los recursos para ello están, suspendiendo el pago de la deuda externa y estableciendo un verdadero impuesto extraordinario a las grandes fortunas.


En esta perspectiva se unen las luchas obreras en curso, desde las fábricas a las villas y de los supermercados a los hospitales, con el desarrollo de una alternativa general ante la crisis nacional.



 

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