31/03/2011 | 1170

De Vargas Llosa a Chávez

Vargas Llosa en la Feria del libro, Hugo Chávez en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata. Los oficialismos de nuestro país se han desatado en una lucha mediática despiadada a fuerza de una incapacidad comprensible para librar luchas reales. Unos y otros -los K y los destituyentes- defienden, después de todo, los mismos intereses históricos y los de una misma clase. La oposición liberalismo-justicia social supone la sociedad capitalista: la justicia social tiene por límite la propiedad capitalista, o sea la libertad de explotación social. No por nada, la Presidenta, ya fue liberal y hoy posa de justiciera, advirtió en el Congreso que no sería «cómplice» de los que paran los servicios, o sea: de los trabajadores.

Chávez tiene el derecho a una distinción, a título diferente, como Vargas Llosa. No es moco de pavo instalar un canal internacional, como Telesur, en la jungla del monopolio mediático mundial. En ocasión del golpe de estado contra el hondureño Zelaya, fue el único canal que ofrecía algo parecido a la verdad. Es lo contrario, claro, de lo que hace ahora con Gaddafi, o con los planes de ajuste y la represión en Cuba. Pero si de méritos contra el monopolio mediático internacional se trata, qué no decir de Al Jazzeera con sus transmisiones de la masacre sionista en Gaza y del imperialismo yanqui en Irak; se trata, sin embargo, de una criatura de un jefe del Golfo -no de un nacionalista de la pequeña burguesía militar. Telesur y Al Jazeera tienen otra cosa en común: además de ir contra la corriente, a veces, son financiadas por ingresos petroleros. En relación con la acción de la Otan en Libia, el canal árabe sigue la corriente general de los monopolios y ha pasado a jugar un rol importante en encuadrar ideológicamente a los movimientos revolucionarios en los países árabes.

A Chávez, unos le festejan y otros le critican el cierre de los canales opositores. Nadie le reprocha, sin embargo, no haber confiscado a los canales opositores que fogonearon el golpe militar de 2004 inmediatamente después de la derrota de la asonada. En esa ocasión, cuando llamó a las masas movilizadas a «volver a casa» (una réplica de Perón el 17 de octubre del ’45), Chávez buscó apaciguar a la oposición. El tema fundamental es que Chávez ha cerrado canales para estatizarlos, no para que sirvan de expresión a las corrientes diversas que actúan en el movimiento popular. Se han convertido, de este modo, en chirolitas empobrecidas del poder. Lo mismo ocurre con las cooperativas comunicacionales, que son correas de transmisión del gobierno o del partido oficial. Como advirtiera oportunamente el mismo Perón, desde la estatización parcial de los medios en Venezuela el chavismo comenzó a perder elecciones. En Venezuela, el gobierno encubre la represión de las patronales contra los activistas y ejerce la suya propia en las empresas estatizadas, además de una implacable regimentación del movimiento obrero; el derecho a los convenios de trabajo está virtualmente extinguido. Telesur y los canales oficiales vehiculizan la política oficial. En suma, ni a Vargas Llosa se le debe dar el privilegio político de inaugurar una Feria de lo que sea, ni Chávez recibir el Oscar a la libertad de expresión. Las autoridades de Periodismo de La Plata están premiando, en realidad, a los canales K -que sacaron del aire la marcha de Encuentro Memoria, Verdad y Justicia el pasado 24 de Marzo.

El chavismo es ‘la etapa superior’ del kirchnerismo: alianza con burgueses amigos, hostilidad con la burguesía ‘tradicional’, o parte de ella, y arreglos con capitales internacionales que acompañen. Son feligreses fanáticos del pago de la deuda externa: en la pampa con reservas, en el Caribe incluso para financiar importaciones privadas con títulos del Estado. En ninguno de los dos países hay un proceso de industrialización efectivo: en la cabeza del pelotón de beneficios están los bancos y las telecomunicaciones privadas; el proceso tecnológico es extranjero, sea aportado por pulpos petroleros, sea por automotrices o transgénicos, o sea que la vulnerabilidad de la economía nacional es mayor que nunca. En suma: volvemos a asistir a un aborto de independencia nacional en ambos casos. ¿Es esto lo que saludan los ‘amigos del Alba», o la política, igualmente común, de asistencia social, calificada por la derecha como ‘populismo’, incluso cuando la financia -como ocurre en Argentina- el Banco Mundial, que acaba de girar para ese fin 250 millones de dólares?

A los efectos de reflexionar sobre la comunicación, no se trata sólo de quién recibe la distinción, sino también de aquel que la otorga. El premio será entregado por la decana de la Facultad de Periodismo de la UNLP. Esta funcionaria es parte de la camarilla del PJ que gobierna ahí, kirchneristas en la actualidad. La acción de los K en función de la «libre expresión popular» es aún más clara: los medios oficiales y paraestatales han crecido sistemáticamente en el último período, en forma inversamente proporcional a la aparición en ellos de las luchas populares que se desarrollan en el país.

En estos días, de hecho, tiene lugar una situación especialmente ejemplificadora: una nueva crisis entre el moyanismo, el gobierno y Clarín. Aparece, en el medio, la lucha de los trabajadores de AGR; sin embargo, en absolutamente todos los medios -desde Clarín hasta Tiempo Argentino- se oculta al único delegado al que no han reinstalado en la planta gráfica: Pablo Viñas, miembro de la oposición Naranja y del Partido Obrero.

A la ‘guerra de las medallas’, opongamos las luchas reales contra la explotación social y la opresión nacional. Contra el monopolio capitalista de los medios y contra su estatización, reivindiquemos su transformación en patrimonio popular, así como el control y la gestión por parte de los trabajadores, con delegados electos y revocables.

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