23/10/1998 | 605

Debate en Mar del Plata, reflejo de la impasse política

Aunque la concurrencia fue escasa, la mesa redonda que tuvo lugar en el Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata fue importante por los aportes que hicieron los panelistas y por la delimitación política que resultó de los planteos. Las posiciones que fueron expuestas podrán ser confrontadas de aquí en más con los propios acontecimientos y servir como orientaciones alternativas para el movimiento obrero.


La crisis sindical


Fernando Cuestas, secretario general de la Asociación Bancaria, del MTA, hizo hincapié en varios aspectos de la crisis sindical. Señaló que el modelo de una central sindical única estaba probablemente agotado y que, al igual que lo que ocurre en otros países, Argentina pasaría a tener dos centrales que deberían buscar la unidad en la acción. Destacó que la crisis económica y la desocupación en masa afectaban la posibilidad de la subsistencia económica de los sindicatos, los cuales deberían pensar en un reagrupamiento que los torne viables. No olvidó mencionar que los sindicatos se encuentran vaciados en lo que hace a la participación de los afiliados (en disminución) y a la discusión interna. En lo que tiene que ver con la situación política del momento, dijo textualmente que ni Duhalde ni la Alianza respondían a nuestros intereses. Más adelante, sin embargo, ya en el debate con los asistentes, señaló que probablemente el movimiento obrero organizado optaría, en el ‘99, por Duhalde. Alegó para ello, entre otras cosas, la tradición peronista del movimiento sindical, justificada en la justicia social.


Política partidaria, no


José Rigane, secretario general de Luz y Fuerza y dirigente de la CTA, esclareció de inmediato que cualesquiera fueran los resultados electorales seguirá decidiendo un reducido grupo de intereses económicos y que la mentada globalización no es otra cosa que el capitalismo, con la pretensión de convertir a los trabajadores en los esclavos del siglo XXI. Propugnó recuperar el protagonismo de los trabajadores a través de un nuevo modelo sindical, pero excluyó que las organizaciones obreras deban actuar en un plano político partidista.


Romper con los partidos patronales


Para Altamira, del Partido Obrero, la peculiaridad del momento actual lo constituía el agotamiento de los partidos patronales, no solamente del peronismo, tanto frente a la profundidad de la crisis mundial como ante las expectativas y reivindicaciones mínimas de los trabajadores. Atribuyó las pérdidas de conquistas de las masas en la última década, al seguidismo de las organizaciones obreras existentes a los partidos patronales, desde el voto a Menem en el ‘89 y el ‘95, como al apoyo al Frepaso. Las sindicatos opositores no son independientes, puesto que actúan con figuras propias en el seno de los partidos de la Alianza. La posibilidad de un desarrollo sindical, dijo, dependerá de la posición política que adopten las organizaciones obreras, pues si repiten lo hecho hasta aquí no habría expectativas de éxito para ninguno de los modelos que se propugnan. Ilustró con el fracaso del MTA y la CTA para detener la reforma laboral o con el de CTERA para viabilizar un proyecto de financiamiento consensuado con Menem, las nulas posibilidades de cualquier tentativa de superación de la crisis del movimiento obrero que no parta de una estrategia propia en relación con la lucha por el poder político. La posibilidad de una alianza de clases oprimidas, concluyó, estaba condicionada a la capacidad de liderazgo político de la clase obrera, pues de otro modo los sectores medios irían a remolque del imperialismo. Sin una intervención política propia, los trabajadores no podrán dirigir un movimiento nacional.


 


Partido de Trabajadores


En la parte del debate, un militante del Mst leyó una declaración a favor de un partido de trabajadores, que estaba suscripta por una fábrica metalúrgica de Capital Federal. Un militante del PC afirmó que no era suficiente una composición obrera para que un partido fuera de clase, que ello dependía del programa. Hubo otras intervenciones referidas al problema de la política en la clase obrera.


Como conclusión general, se puede decir lo siguiente. Primero. La neutralidad política del movimiento sindical no existe. Lo mostró Cuestas cuando vaticinó que habría una inclinación hacia Duhalde y, de otra manera, cuando se evitó mencionar el papel de Alicia Castro o Mary Sánchez en la Alianza. Es decir que no existe la independencia sindical como alternativa: es con los partidos y el Estado capitalistas, o contra ellos.


Esto lleva al segundo punto: para que el movimiento sindical recupere protagonismo histórico, debe romper con los partidos patronales y asumir una posición política independiente y de partido. La crisis capitalista mundial, de un lado, y su correlato, el agotamiento de los partidos nacionalistas y pequeño burgueses, del otro, tiende a destruir el mito de la neutralidad política de los sindicatos.


El tercer aspecto es que un partido de trabajadores que sea el amontonamiento confuso de algunos obreros no pasaría de ser una variante empeorada de los actuales partidos de la izquierda democratizante. Toda organización de clase debe basarse en la claridad. En este caso, la claridad es el llamado a que las organizaciones obreras rompan con la burguesía, porque este llamado significa producir una delimitación de clase y plantear la necesidad de una lucha de clases por el poder, es decir, significa definir el marco que puede permitir la formación de un partido obrero o de trabajadores con un programa de clase, o sea socialista.