25/08/2005 | 914

Dos frentes gemelos

IU se divide para hacer lo mismo

No es frecuente que una coalición política se rompa con los ex socios marchando simultáneamente hacia el mismo lado —la derecha. Pero es lo que acaba de ocurrir con Izquierda Unida. El partido comunista optó por una alianza con la patria sojera que encabeza el Frente Cívico de Santa Fe —una Alianza de la UCR y el PS—, donde también se encuentran presentes burócratas moyanistas, como Alicia Castro, ex aliancistas y miembros de la CTA empeñados en derrotar la lucha de los compañeros del Garrahan. El MST, por su parte, eligió hacer una coalición clerical, con la esmirriada fuerza que encabeza Mario Cafiero, quien además apoya el “plan Fénix”, elaborado por la ortodoxia económica del kirchnerismo. Como ocurre con los conversos súbitos, el MST ha tomado con pasión su nueva empresa, embarcándose en un furioso peronismo. Asegura que las masas son más peronistas que nunca, pero pasó a integrar el bloque de la unidad piquetera, que representa a las masas que han roto con el peronismo. Incluso la lista de Kirchner, que según las encuestas ganaría las elecciones de octubre, se empeña en diferenciarse del peronismo y se ha puesto un traje centroizquierdista y ‘progre’. El propio Cafiero es un peronista ‘sui géneris’ porque no tuvo ningún empacho en pasar un tiempo con los gorilas del ARI de Carrió. A la luz de estos datos hay que llegar a la conclusión de que los dirigentes del MST terminaron víctimas de sus propias maniobras.


¿Esta violenta derechización producirá una clarificación en la izquierda y en los luchadores? Lo dirán los próximos acontecimientos; lo que es incuestionable es que expresa una descomposición política aguda de la izquierda democratizante. La canalización provisional de la crisis revolucionaria de 2001 por parte de la ‘vieja política’ la ha llevado a reforzar la dosis habitual de ‘realismo’, o sea de conservadorismo, que la caracteriza. La defectuosa caracterización que los partidos de IU tienen de la violenta derechización de la izquierda brasileña y uruguaya, a la que apoyaron fervorosamente, los lleva a seguir sus pasos. No se debería descartar entonces que lo que hoy parece una ruptura ‘sin retorno’ acabe en la convergencia en un mismo frente centroizquierdista, es decir, patronal, en el futuro próximo.


Como puede verse de la “Carta” que enviamos al MST la semana pasada y de la que les transmitimos en las 48 horas previas al cierre de inscripción de los frentes, nos prodigamos en propuestas para poner en pie un frente de izquierda. Entre una campaña por “Ripoll-Pitrola” y otra por “Ripoll-Cafiero”, la dirección del MST no vaciló siquiera un instante. En las conversaciones entre los dos partidos nos enteramos de que la posición ‘no expectable’ que había aceptado Cafiero constituía, en realidad, una generosa candidatura para un familiar suyo en el segundo lugar de la importante 3a sección electoral bonaerense y otras varias candidaturas municipales. Si el armado del MST llegara a tener éxito tendríamos a un legislador enemigo del derecho al aborto y partidario de la educación privada, que además apoyaría al “empresariado nacional”. Como puede leerse más abajo, el MST rechazó todas las variantes que propusimos: listas separadas para senador y para legisladores de la 3a en la Provincia, o incluso hacer un frente exclusivamente en la Ciudad de Buenos Aires. ¡Para no aceptar estas alternativas alegaron que perjudicaba el perfil de la alianza con Cafiero!


La política consecuente por un frente de izquierda del Partido Obrero tiene por resultado esta clarificación política. En ausencia de esa política, cualquier tentativa clarificadora hubiera quedado sepultada como ‘sectarismo’. Pero la experiencia, desarrollada por nosotros obstinadamente, ha demostrado que no nos separan de la izquierda democratizante las peleas por primacías o el intento de sacar algún rédito organizativo. Han quedado expuestas, incluso más agudamente (o, quizá, más groseramente), divergencias estratégicas. La izquierda democratizante tuvo la oportunidad de agrupar en un frente de izquierda a todas las agrupaciones que luchan y convertirse en un polo político. Ha elegido conscientemente un papel de cuarta y disimularse atrás de agrupamientos que representan al orden existente.


Llamamos a todos los militantes políticos y luchadores obreros a sacar las conclusiones que se imponen y a organizarse en un partido revolucionario.

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