08/01/2020

Dos incendios en un día en la Villa 31

Sin luz y sin agua, los vecinos deben enfrentar la falta mantenimiento y atención del Estado

El martes 7, dos incendios consecutivos se originaron en la Villa 31. El primero a partir de la sobrecarga de un generador de Edenor, con el saldo de 2 mujeres y 7 chicos que fueron llevados al Hospital Fernández debido a la inhalación de monóxido de carbono, y la quema de 2 viviendas, dejando además sin suministro eléctrico a los sectores aledaños; luego, por la tarde, un cortocircuito en un tablero de un hogar generó otro incidente que afortunadamente pudo ser controlado por la rápida acción de los vecinos organizados y bomberos voluntarios, que denunciaron frente a los medios no contar con equipos adecuados.


Esto desnuda la precariedad del tendido eléctrico, el mantenimiento que la empresa le brinda al barrio y el plan trucho de urbanización que desde hace 4 años el macrismo impulsa de espaldas a la mayoría de los vecinos y con la complicidad de los punteros.


El incidente se suma al reclamo de las vecinas y vecinos de que una buena parte del barrio, desde hace más de un mes, no tiene acceso al agua corriente o se presenta de manera intermitente, lo cual es moneda corriente cada año durante la época de mayor calor.


La orientación del gobierno de la Ciudad desde siempre ha sido la de privilegiar los negocios inmobiliarios, por sobre el interés de las y los trabajadores que habitan el barrio, promoviendo la construcción de un local de comidas rápidas y un banco privado, al mismo tiempo que pretende vender diferentes terrenos en vistas de avanzar con un viejo anhelo de la clase capitalista: la ampliación de Puerto Madero, algo que la lucha histórica de las y los vecinos de la 31 ha impedido.


Es necesario un control vecinal de las obras realizadas y las que se hagan a futuro, la construcción de viviendas de calidad para quienes lo necesiten, como así también una apertura de calles en función de la seguridad del conjunto de los vecinos, que permita el fácil acceso de ambulancias y autobombas.


En definitiva, exigir un plan de urbanización real que solucione el conjunto de los problemas del barrio, que respete el desglose familiar y que no sea expulsivo tanto por desalojos forzosos como por parte del mercado inmobiliario.



 






 

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