01/05/1997 | 537

Duhalde despluma al Banco de la Provincia

En su afán por candidatearse a la presidencia en 1999, Duhalde no solamente necesita resolver realmente el crimen de Cabezas, deslindar la responsabilidad de ‘su’ policía en el atentado a la Amia, dominar la rebelión de la juventud contra el estado de sitio nocturno y contra el ‘gatillo fácil’, y evitar que la desocupación siga creciendo en forma astronómica. Más que esto, le preocupa, incluso, ganarse el apoyo de las grandes patronales privatizadoras y demostrar que no es cierto que es un ‘estatista’ o que quiera ‘peronizar’ al peronismo.

Con esta finalidad acaba de privatizar Eseba en beneficio de la banca internacional y de sus aliados, con la yapa de un esquema tarifario que encarece el consumo por encima del promedio nacional hasta el año 2002. También anunció que ‘abriría el capital’ del Banco de la Provincia para privatizarlo en cuotas. Por la misma razón, procura mostrar que ‘puso en orden’ las finanzas de la provincia y que podrá, por lo tanto, endeudarse y pagar las deudas contraídas sin ninguna dificultad. El ‘re-peronista’ de Lomas de Zamora acaba de encontrar un inesperado aliado en los hermanos Alemann, que aseguran a quienes quieran escucharlos que la deuda pública de la provincia es de sólo el uno por ciento del producto bruto bonaerense, de modo que las finanzas de Duhalde estarían aún mejor que las del alemán Kohl o del francés Chirac para entrar en la Unión Europea.

Se trata, naturalmente, de una estafa a la buena fe de la opinión pública.

En realidad, desde que Cafiero le pasó la posta a Duhalde, la deuda pública de la provincia se incrementó en un 20 por ciento desde 1991 a 1997 —de 2.592 a 2.924 millones de dólares (El Economista, 18/4/97). Si aquélla representaba el 6 por ciento del PBI bonaerense y ésta la mitad, el 3 por ciento, ello se debe solamente a la descomunal revaluación del peso respecto al dólar, que más que duplicó el valor monetario de la producción; bastaría una devaluación del peso para que la proporción del endeudamiento crezca en la misma medida. Sin embargo, el monto total de la deuda debe ser considerablemente mayor, ya que las cifras mencionadas se refieren a la llamada «deuda exigible», es decir, a aquélla cuya amortización de capital tiene lugar dentro del año presupuestario.

Una señal de las crecientes dificultades financieras de Duhalde lo brinda el crecimiento del endeudamiento en los últimos meses: «6 emisiones por un total equivalente a 650 millones de dólares desde julio de 1994» (ídem). Duhalde no tiene la menor intención de usar el dinero de la privatización de Eseba para bajar esta deuda pública.

Los intereses de la deuda son abultados. Según el Centro de Estudios Bonaerenses, pasó de 186 millones, en 1992, a 231 millones en 1996. A una tasa promedio del 8 por ciento anual (100 puntos básicos por encima de la tasa norteamericana), estos intereses equivalen a una deuda pública de 2.900 millones de dólares.

El grueso de esta deuda está contraída con el Banco Provincia y tiene 20 años de antigüedad, lo que prueba que es una caja negra al servicio de los testaferros provinciales de turno. Duhalde decidió «negociar su pago en hasta 40 años» (ídem). Es así como entiende Duhalde el fortalecimiento del ‘banco de los bonaerenses’. Sentado en los dos lados de la mesa, Duhalde ‘resolvió’ la deuda del Estado provincial y bajó el pasivo ‘exigible’ al famoso uno por ciento que elogian los Alemann.

Esta operación de vaciamiento del banco fue calificada de «imaginativa». Consistió en entregarle al Provincia un bono norteamericano, conocido como «cupón zero», por 292 millones de dólares, que va capitalizando los intereses correspondientes durante treinta años hasta totalizar el monto actual de la deuda del gobierno de la provincia con el banco de la provincia. Al dejar de ser ‘exigible’, Duhalde lo bajó de su deuda, que adelgazó así, mágicamente, en 1.900 millones de dólares. Claro que se trata de un artificio contable, en perjuicio del Banco de la Provincia, que sufre como consecuencia de esto un brutal deterioro de sus activos. Durante estos treinta años, de todos modos, la provincia deberá seguir pagando los intereses de la deuda original, lo que significa una prolongación extraordinaria de la carga financiera que deben soportar los contribuyentes de Buenos Aires.

«Para el banco», dice sin pestañear el ministro de Economía de Duhalde, «el acuerdo implica un fortalecimiento de su situación patrimonial y un incremento de sus activos líquidos…». Esta descarada mentira sólo podría ser verdad si la intención de Duhalde era no pagar nunca los 1.900 millones que debía al Provincia y obligarlo a enviar a pérdidas la totalidad de la deuda. Ahora el Banco sí podrá cobrar su crédito, pero deberá esperar treinta años; nunca podrá, además, liquidar por adelantado el bono «cupón zero», salvo que se lo quiera recomprar el propio gobierno norteamericano. De paso, dígase que este último es también un gran beneficiario del negocio, porque recibe 292 millones que sólo devolverá, en capital e intereses juntos, recién dentro de tres décadas.

Como consuelo, el ministro de Duhalde nos informa que «esta operación constituye la primera pre (??) cancelación significativa de deuda en divisas de la Provincia en la segunda mitad del siglo», lo cual quiere decir que todos los gobiernos, desde 1950, estafaron el Banco de la Provincia… y que éste también lo ‘pre’-estafa.

Pero obsérvese que toda la cartera crediticia del banco asciende a 6 mil millones de pesos, de modo que el elogiado ‘acuerdo’ lo ‘limpió’ de nada menos que el 30 por ciento de los activos ‘líquidos’. De otro lado, «la cartera irregular de la entidad, informa La Razón (8/4), asciende al 15 por ciento del total de financiaciones, en el caso de los préstamos comerciales, y al 28 por ciento en los créditos de consumo y vivienda».

Conclusión: el Provincia está semiquebrado. Desplumado por el esposo de la Chiche.

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