16/05/2002 | 754

El banquero Carlos Heller, el Frenapo e Izquierda Unida

Por Editor

El dirigente del Frenapo y banquero del Credicoop, Carlos Heller, no se pierde semana sin defender el «corralito», responsabilizar a los ahorristas por la quiebra de los bancos, adherir a la estafa del Plan Bonex y reclamar del Estado el salvataje general de la banca.


La semana pasada, Heller, que también adhiere a Izquierda Unida, dio un paso más: criticó al gobierno por eliminar el CER para las deudas hipotecarias y por exigirle a los bancos que pongan alguna garantía sobre los bonos compulsivos a 10 años con los que el gobierno quiere rematar la confiscación de los depósitos. De este modo, el frenapista e «IUista» Heller se sumó al coro de la banda de Sacerdote, del BankBoston, y Cárdenas, del HSBC.


De acuerdo al cable de la agencia NA del 8 de mayo, «con respecto a la eliminación del CER, el banquero admitió el malestar que existe en su sector (sic) por la decisión que tomó el gobierno que, según alertó, ‘puede llevar al quebranto’ a las entidades financieras». Según Heller, eso sucedería porque los bancos toman redescuentos, que se ajustan por el CER, y no podrían, para cobrar las deudas hipotecarias, aplicar ese índice de ajuste.


Como es sabido, si se aplica el CER a las deudas hipotecarias, personales o prendarias, los que tomaron esos créditos perderán sus casas o los bienes que prendaron en pocos meses, porque inflación mediante, la cuota será superior a todo el salario o ingreso familiar, eso en el supuesto de que conserven su trabajo. Ante la crisis política que ya insinuaban las movilizaciones contra el CER, el gobierno lo derogó para esas deudas y lo reemplazó por un Coeficiente de Variación Salarial (CVS), que aunque más atemperado también hará difícil pagar esas deudas. La razón es que con los precios aumentando, cada vez será menor la parte del salario que le quedará al trabajador para cancelar la cuota mensual del crédito.


Para el banquero Heller, la eliminación del CER llevaría al quebranto a los bancos. La impostura no podría ser mayor. Los bancos hace mucho tiempo que están quebrados, y no por los créditos hipotecarios cuyo índice de incobrabilidad era el más bajo del sistema. Están en quiebra porque sus activos son bonos del Estado y porque sus préstamos a las grandes empresas están en «default». Sus activos valen menos de la mitad de lo que contablemente está declarado. La confiscación de los depósitos es la contracara de la quiebra bancaria. Más aún, ni siquiera tienen el efectivo mínimo para hacer frente al retiro de los depósitos *tienen encaje negativo. Solamente se mantienen porque el Banco Central emite billetes y se los presta en redescuentos.


Por todo esto, no es cierto que los quebrantos de los bancos serían generados por la asimetría entre la eliminación del CER para los deudores hipotecarios y su mantenimiento para los redescuentos. Al revés, es porque están en quiebra y porque se niegan a cubrir sus baches de liquidez con fondos propios de sus casas matrices del exterior o de los accionistas, que los banqueros le piden redescuentos al Banco Central. Fue lo que pasó con el Scotiabank: como los canadienses no quisieron poner fondos propios y el Banco Central no podía darle más redescuentos, tuvo que ser cerrado. El Scotiabank se cayó una semana antes de que el gobierno resolviera derogar el CER para las deudas hipotecarias. ¡Esta es la mejor demostración de que la aplicación o no del CER no tiene nada que ver con el quebranto bancario!


El banquero Heller muestra la hilacha cuando pide que «el Banco Central otorgue a cada entidad redescuentos que no vayan ajustados por el CER». ¡Que se salve la banca privada, incluida la extranjera, a costa del patrimonio del Banco Central!, reclama el «progresista» Heller. El jefe del Frenapo exige ni más ni menos que una gigantesca redistribución de ingresos en beneficio de los banqueros.


Si se hace lo que pide Heller, el Banco Central no podría recuperar la emisión monetaria con la que asiste a los bancos (redescuentos) que suman más de 10.000 millones de pesos, lo cual sería pagado por todos los trabajadores con más inflación, salarios más bajos y mayor desocupación. El frenapista (e IUista) se llena la boca con el «presupuesto participativo», la «redistribución de ingresos» y el «salario de empleo y formación», pero en realidad puja para que una mayor porción de las finanzas públicas y del salario real de los trabajadores y jubilados se destine a salvar a la banca.


Heller también volvió a poner de manifiesto su condición de pionero *con Sacerdote y Cárdenas* de la estafa a los ahorristas. El banquero «progresista» dijo: «Hay una cuestión difícil de implementar, que es que los bonos tengan garantía de los bancos. Nadie encontró la vuelta para instrumentar un bono del Estado que va a tener libre circulación con garantía particular de las entidades financieras».


Es sabido que Heller fue uno de los primeros en defender el corralito de Cavallo. «No se trata de un congelamiento de depósitos», dijo apenas lo implantó el entonces ministro de Economía. Repitiendo los argumentos de Cavallo, llegó a decir que con el corralito se había dado «un paso muy fuerte en el sentido de blanquear al máximo la economía y evitar la evasión» (La Nación, 2/12/01). También apoyó la sanción de la ley tapón contra los recursos de amparo y ordenó a los empleados del Credicoop que enfrentaran físicamente y que no les devolvieran la plata a los ahorristas que, con recursos de amparo favorables, fueron al Credicoop a retirar sus depósitos.


Heller, como todos los banqueros, quiere que los depósitos se conviertan en un bono a 10 años del Estado sin ninguna garantía de los bancos. De esta manera, la plata confiscada de los ahorristas sería canjeada por el 100% de los desvalorizados títulos de la deuda pública que tienen los bancos. Sería una réplica del Bonex de Cavallo-Erman González, con una diferencia: en aquel momento la estafa fue de 2.000 millones de dólares. Ahora supera los 40.000 millones de dólares.


De todo esto surge algo más que evidente: que el Frenapo e IU están encubriendo, por medio de su dirigente, Carlos Heller, a la gran banca internacional.

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