18/04/2002 | 750

El BBVA, amenazado por los yanquis

Enron, la séptima compañía norteamericana, se hundió en diciembre pasado después de que salieran a la luz una maraña de compañías paralelas, cuentas negras, balances truchos y ganancias «dibujadas» que escondían el aumento de sus deudas y la caída de sus beneficios y permitieron estafar a varios miles de inversionistas. Arthur Andersen, uno de los cinco grandes pulpos contables mundiales, que auditaba la Enron, está al borde de la quiebra por su complicidad en la estafa.


La certeza de que la «contabilidad creativa» utilizada por la Enron era un método extendido en todo el mundo llevó a una reorganización de directorios y métodos contables en decenas de empresas temerosas de perder inversores; los clientes de Andersen, como el BBVA, cayeron bajo un especial escrutinio. Para el BBVA, la cuestión era vital porque el 50% de sus acciones está en manos de inversores europeos y norteamericanos que no están representados en su directorio: la salida de estos inversores lo llevaría a la catástrofe. Para evitarla, en marzo se llevó a cabo una «reorganización del directorio como una reacción directa al escándalo de la Enron» (Financial Times, 8/3). Entre los desplazados estaban los «gestores» de las «cuentas negras».


El otro factor es el colapso argentino. El BBVA no sólo tiene una participación muy importante en el mercado financiero a través del Banco Francés y la AFJP Consolidar; es, por sobre todo, el principal accionista individual de Repsol (10%) y de Telefónica de España (8%). Sus delegados, como Alfonso Cortina en Repsol-YPF, dirigen estas empresas.


Los «fondos negros» fueron utilizados para financiar las coimas relacionadas con la fenomenal extensión de sus negocios en América Latina en los últimos años. El BBVA no sólo extendió sus tentáculos en Argentina; se ha expandido en el Perú de Fujimori, ganó una posición dominante en la Venezuela de Chávez y se apoderó del segundo banco mexicano, el Bancomer.


La integración del BBVA con sus empresas industriales «relacionadas», como Repsol y Telefónica, dictó la particular política financiera de éstas: pagaban altísimos dividendos a sus accionistas (el principal, el BBVA) mientras se evitaba reducir la deuda bancaria tomada (al BBVA) para la compra de las empresas, la que seguía generando una enorme masa de intereses. Así, el BBVA «maximizaba» su «retorno», embolsando dividendos e intereses. Pero el colapso argentino quebró esta estrategia. Ahora, el BBVA enfrenta en Argentina pérdidas mucho mayores que los 1.000 millones que ha previsionado por su participación en el Francés. Esto explica la caída del valor de sus acciones, la degradación de su deuda por las calificadoras internacionales y el reemplazo de los representantes del BBVA (ligados al manejo de los «fondos negros») en las «empresas relacionadas».


Aunque detrás del escándalo, asoma la crisis mundial, todavía hay ingenuos que siguen insistiendo en que «Argentina no contagia».