02/12/2020
Relación Argentina-EEUU

El canciller mentiroso y el cuento del imperialismo bueno

Los funcionarios del FMI desmintieron a Felipe Solá

El canciller argentino Felipe Solá emitió un comunicado sobre el contenido del publicitado diálogo telefónico entre el presidente argentino, Alberto Fernández, y el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden. Este comunicado mencionaba un reclamo de Alberto Fernández respecto a la actitud del FMI en la negociación de la deuda argentina, en particular del delegado del gobierno norteamericano en el directorio, así como la aseguración de Biden de un cambio de funcionario y una política que “saldaría” los problemas financieros de los países latinoamericanos. Una protesta del FMI dio lugar a una desmentida de la Casa Rosada.

“Fue un error de Solá. Nunca hablamos de eso”, desmintió el propio Fernández. El ministro de Economía, Martín Guzmán se reunió con los funcionarios del FMI para emparchar las rispideces y le dijo “nosotros valoramos tu trabajo” a Mark Rosen, hombre de Wall Street enviado por Trump al directorio del Fondo (Infobae, 2/12).

Más allá de las especulaciones periodísticas de por qué el canciller no estaba en el lugar correcto y al parecer decidió inventar su propia versión de lo ocurrido, lo cual habla de una situación muy enrarecida de funcionamiento del gabinete de la presidencia, hay una lección política del asunto que conviene explicar.

El canciller (que tiene que haber contado con un informe oficial pese a no estar presente) no repitió generalidades, ni salió del paso con las fórmulas de cortesía que el aparato diplomático emite cotidianamente y de oficio.

Hizo un esfuerzo por presentar el recambio de Trump por Biden como un alivianamiento de la presión imperialista norteamericana sobre Argentina y la región. Esta mentira no es una improvisación, sino una política de todo el gobierno de Fernández.

La diplomacia multilateral  de Estados Unidos que busca reconstruir Biden se trata de armar una agenda común con la Unión Europea y el Vaticano en los choques con China, en el manejo de las rebeliones en América Latina y en la búsqueda de la restauración capitalista de Cuba, así como forzar a renunciar al gobierno nacionalista de Nicolás Maduro en Venezuela. Una columna de Clarín reciente señalaba que se discute utilizar un deshielo parcial con la isla (sin retomar los acuerdos de Obama) como variante para aislar a Maduro y forzarlo a retirarse (27/11).

Cuando Fernández cita permanentemente al Papa argentino como referente internacional y carta para vincularse a Biden se está ofreciendo como punta de lanza para esta política.

La fabricación de Solá incurre en un error fáctico por subestimar la crisis política en EE.UU. Las elecciones muy disputadas no han dejado a Biden con un manejo holgado del Estado. Si incluso quiera reemplazar a Rosen en el FMI su sucesor debe ser negociado con los republicanos en el senado, como muchos nombramientos claves.

De todas maneras, la mentira más grande es la presentación de un Biden partidario de dar facilidades para el endeudamiento de los países latinoamericanos. Biden acaba de nombrar como su principal asesor económico, y probable cabeza del Consejo Económico Nacional a Brian Deese, ejecutivo de BlackRock, una de los grupos financieros que lideran la sangría de Argentina en la mesa de negociación de la deuda (Político, 29/11). Tampoco esa relación de Biden es fruto de improvisación alguna. Aunque terminó decidiendo nombrar como secretaria de Tesoro a Janet Yellen, excabeza de la Reserva Federal, por meses se comentó la posibilidad de que coloque en ese puesto a Larry Fink, el CEO de BlackRock. Los intereses económicos de la familia de Biden han estado vinculados directamente a la negociación de la deuda externa argentina del lado de los acreedores mediante el fondo Gramercy, y posteriormente mediante la firma Paradigm, que compraron un hermano y un hijo de Biden y que asesoró a los acreedores en las negociaciones (Clarín, 24/8).

Una administración Biden no significa un relajamiento de la presión del imperialismo si no una continuidad y posiblemente un agravamiento. Biden es un representante directo de Wall Street y el capital financiero. Ha estado históricamente ligado al saqueo de nuestro país y se prepara para relanzar agresivamente los distintos mecanismos de opresión de los pueblos para intentar dar una salida a la crisis capitalista enorme que tiene su corazón en EE.UU.

La fábula del imperialismo benévolo y democrático no es una ingenuidad de Fernández ni Solá. Es un intento de distraer a los trabajadores argentinos de las consecuencias nefastas que tendrá el nuevo acuerdo con el FMI que se discutirá en estos meses. El rechazo a este acuerdo es una bandera que unifica todos los reclamos populares de nuestro país.

 

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