07/07/2007 | 894

El Encuentro Intersindical

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El Encuentro Intersindical del sábado pasado reunió a una gran cantidad de delegaciones del movimiento obrero y, en especial, a los protagonistas de los grandes conflictos recientes. Se destacó la presencia del Cuerpo de Delegados de Metrovías, los Suteba de La Plata, General Sarmiento y Bahía Blanca, AGD-UBA (sindicato de docentes universitarios de Buenos Aires), el Sindicato de ceramistas de Neuquén, el Cuerpo de Delegados de Transporte del Oeste, los delegados de Parmalat Carapachay, los de Ioma, las comisiones internas del Garrahan y decenas de delegados de ATE, de internas enteras de las gráficas Morbillo, Interpack junto a los congresales naranjas, de Perfil e Infosic de prensa, de Pepsico, del Cuerpo de Delegados ferroviario de Haedo, del Astillero Río Santiago, de Coto, el secretario de Prensa y el Tesorero de Foetra Buenos Aires, junto a delegados telefónicos y dirigentes de la nueva conducción del Sindicato de la DGI, entre otros muchos. También una delegación de Lafsa, junto a compañeros de Aerolíneas y de Aerohandling. Participaron Amsafe Rosario y el Sindicato de Comercio rosarino. También delegados de la carne, gráficos, de prensa, metalúrgicos, camioneros, sanidad, Sutecba y municipales. Entre la concurrencia, además de Zanón, participaron otras fábricas recuperadas como el Bauen, Brukman y Sasetru. La delegación de los docentes salteños no pudo concurrir debido a la represión y a su compromiso político con la organización de la reconquista de la plaza, la gran movilización popular de ese mismo sábado y el paro del lunes 4.


 


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El desarrollo del Encuentro, sin embargo, puso al desnudo una impasse esperado. No se pudo aprobar siquiera una carilla que dijera qué escenario político enfrentamos y cuáles son los objetivos y las tareas planteadas.


 


El Encuentro había estado al borde de naufragar (tardó cuatro horas en empezar). La crisis fue precipitada por quienes abogaron para que tuviera un carácter “restringido” (eligieron un espacio para 500 personas), mientras alentaban una concurrencia indiscriminada. Se impuso un cupo a las fuerzas más gravitantes (el Polo Obrero y el Partido Obrero de todo el país fueron reducidos a 75 delegados) y se obligó a recortar sensiblemente las representaciones de delegados sindicales electos por los trabajadores. Incluso este acuerdo de emparche fue luego desconocido por quienes se identifican como independientes, pero que actúan como “una izquierda de la CTA”, o están directamente enrolados en el campo transversal del kirchnerismo. De ahí que rechacen delimitarse del gobierno Kirchner (patronal, proimperialista, socio de las mafias del PJ y de la burocracia sindical en su conjunto). Es un sector que viene entrecruzado por los grupos menores de la diáspora del morenismo, incluido el PTS.


 


Intentaron poner en contra de los que cumplimos los acuerdos de representación a un grupo de gente que reclamaba su derecho a ingresar, en algunos casos representaciones obreras genuinas y en otros muchos no. El ala que armó la manipulación terminó siendo víctima de su propia maniobra, teniendo que enfrentar la ira de los defraudados por la exclusión. El PO admitió, de común acuerdo con las demás fuerzas, el ingreso de todos, dejando sentadas la denuncia de la manipulación y la desnaturalización que esto introducía en el desarrollo del Encuentro.


 


El bochorno organizativo no es más que una traducción del empantanamiento político. La principal controversia giró en torno a las bases capaces de fundar un reagrupamiento en las filas del movimiento obrero.


 


Ni el gobierno ni la CTA son del palo


 


Por un lado, estuvieron quienes buscaron limitar el debate a la "coordinación de las luchas". Por el otro, los que batallamos por la necesidad de una definición política para sustentar esa coordinación, en particular separando campos con la burocracia sindical y uniendo fuerzas con el movimiento piquetero. Para coordinar las luchas hay que estar contra el gobierno y la burocracia (caso Metrovías, ahora docentes de Salta).


 


Tanto la CGT como la CTA están cooptadas al kirchnerismo y, como consecuencia de ello, sabotean las luchas obreras. La ruptura con el gobierno y la independencia política de clase y del “nacionalismo popular” de contenido capitalista son la condición para cualquier reagrupamiento sindical de alternativa a la burocracia.


 


Para coordinar con la CCC, por ejemplo, en Suteba, es necesario que rompa con la burocracia que entregó a los docentes bonaerenses a Solá. Un grupo de “independientes” pretendió expulsar del Encuentro a la CCC por este motivo, después de haber aplaudido su ingreso a la mesa organizadora y de haber invitado a Marín, de la CTA telefónica, al Encuentro, esto a pesar de que la convocatoria se delimitó de la CTA.


 


Esta contradicción es sólo aparente porque este sector, ante el hecho de que los “partidos” no retiraban sus delegados sindicales, trataba de romper el Encuentro. El punto culminante fue que el Cuerpo de Delegados de Metrovías quedó virtualmente impedido de participar, enfrascado en una deliberación interna de los 15 delegados presentes ante una propuesta de Pianelli y Arturo de retirar al cuerpo entero de la reunión, votación que perdieron luego de un debate de tres horas, mientras deliberaban las comisiones. De este sector se retiraron los independientes de Amsafe Rosario y el Sindicato de Comercio rosarino. El propio Pianelli no oculta sus preferencias por el oficialismo, como se ve en el hecho de que caracterizó el llamamiento que convocó al Encuentro de "cerrado". La disidencia emergió de la peor forma.  


 


El Encuentro quedó atrapado en sus contradicciones. Se aprobaron apoyos a luchas en curso, docentes salteños y Lafsa, el apoyo a la jornada obrera y piquetera del 19 de abril y la convocatoria a un nuevo encuentro para el mes de julio. Los apoyos y el 1º de Mayo hubieran ocurrido de idéntica manera sin el encuentro; queda en limpio otro encuentro cuya modalidad deberá discutirse entre todas las organizaciones convocantes.

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