31/01/2002 | 739

El enigma de la cacerola

Cuando un fenómeno social no es comprendido se lo confunde con sus formas. A una temporada teatral que se caracteriza por los «monólogos», unos de la «vagina», otros del «pene», se le ha sumado la adoración de la «cacerola» que, junto al instrumento que la hace percutir, parecen la síntesis de aquellos dos. Se dice que la cacerola, a diferencia del fusil o la cachiporra, es «pacífica» y hasta tolerante, no obstante se la teme como a una insurrección armada. También se dice que se la hace sonar desde la intimidad del hogar, incluso cuando sacude los tímpanos en memorables caminatas callejeras.


Ocurre que la historia no puede prescindir de la pavada. Porque el cacerolazo no es otra cosa que la expresión de la gigantesca intervención de las mujeres en la movilización popular. ¡Como lo ha sido y es, la olla popular! Ignorar a la mujer en la década de rebeliones populares que han culminado el 20 de diciembre, pero que se repetirán obligadamente, como ya ocurre, en los próximos días y meses, es simplemente desconocer la realidad. La crisis ha arrastrado a la más reprimida o tímida de las mujeres a la lucha del pueblo, del mismo modo que los banqueros han llevado a la clase media distante y equidistante a la bancarrota y a la barricada.


El protagonismo de la mujer y su rol de vanguardia debería ser suficiente para persuadir a quienes creen que la rebelión popular es una lluvia de verano, de que la cosa va para rato.

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