Durante un tiempo, la provincia de Buenos Aires fue noticia por la explosión de la crisis sanitaria. Pero ahora ha desaparecido la noticia virtualmente de los medios nacionales. Lo que no desapareció fue la crisis sanitaria y sus causas, y tampoco sus verdaderos responsables.


La emergencia sanitaria decretada en la provincia de Buenos Aires tiene que ver con una epidemia de infecciones respiratorias agudas (Ira), sobre todo en bebés y niños de hasta 6 años. Los insumos deben ser entregados por la Provincia, y a que existe un programa provincial de prevención y tratamiento de estas afecciones. Este año, el programa de prevención debía empezar en marzo; recién empezó hace unas pocas semanas, cuando la epidemia había afectado a miles de chicos y las salas de salud de los barrios empezaron a derivar los casos.


La virulencia del genio patógeno de los virus que causan estas enfermedades ha recrudecido y se dan cuadros más graves que en otros años, y con más amplitud. Las causas de esto son el deterioro de las condiciones sanitarias y sociales en el cuidado de la salud. En La Matanza hay día a día, como en todo el país, más habitantes con NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas); esto hace que un niño con grado 1 de Ira (Infección Respiratoria Aguda) sólo pueda volver a su casa si se le administra el medicamento adecuado y si cuenta con un medio ambiente adecuado. Como esto no ocurre, el niño queda internado en el hospital, con el riesgo de contagiarse otras enfermedades, deteriorando aún más su estado de salud.


Al no contar con profesionales e insumos adecuados y suficientes, las salas de salud han derivado a los enfermos al Hospital de Niños, que se encuentra saturado. En ese hospital sólo hay 40 camas y permanentemente hay más de 110 niños internados hasta en los consultorios externos. Se construyó una nueva sala, que no fue dotada de elementos, ni de recursos, ni de profesionales, por falta de presupuesto. Esta sala cuenta hasta con oxígeno central; y de estar esta sala en funcionamiento se evitaría una gran erogación de recursos y fuente de negociados, ya que el Municipio en este momento contrata clínicas privadas para la atención de los pacientes, con un costo elevadísimo.


En cuanto a las derivaciones, que en muchos casos son requeridas por la gravedad de la patología, al no contar el Hospital de Niños con la complejidad adecuada, se tarda en la mayoría de los casos muchas horas, por una saturación y falta de insumos de los lugares de más complejidad. Cuando se consigue un traslado es generalmente en algún lugar alejado, generando un trastorno y un gasto mayor para la familia del niño. Hay niños que han fallecido esperando esta derivación, a pesar de los esfuerzos del personal del hospital. En La Matanza no existe un hospital de alta complejidad, por lo cual deben ser derivados sí o sí, y en la mayoría de los casos van hacia el Hospital Posadas.


Todo médico o sanitarista sabe que no pueden existir, para una población de cerca de un millón y medio de habitantes, sólo 29 salas, dos centros de salud y dos hospitales pequeños. Existe un hospital en González Catán, a la altura del Kilómetro 32, que está terminado desde hace más de un año y en el que hasta hace poco funcionó sólo la guardia, sin internación. Recién a partir de la emergencia sanitaria aparecieron algunas partidas de la Provincia y algunos nombramientos. Las guardias se están cubriendo con profesionales municipales de otros centros, a quienes se traslada dejando sus lugares de origen descubiertos.


Ante la falta pavorosa de insumos, el Estado nacional debe repartir un botiquín básico a todos los centros de salud, llamado Plan Remediar. Este botiquín no llega a muchos lugares, es insuficiente, y en algunos casos no se entregan los medicamentos necesarios, como cremas para el tratamiento de la sarna (que afecta a gran parte de los niños de La Matanza) y medicamentos para los parásitos.


Existe un deterioro marcado en las condiciones de trabajo de los médicos municipales, ya que ante la falta de respuestas de las autoridades ven caer sobre sí todo el sistema sanitario. Según el servicio de reconocimiento médico que asiste a los profesionales, «hay un aumento alarmante de enfermedades profesionales».

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