04/10/2001 | 724

El Frepaso y el ARI conspiran contra los villeros

A fines del mes de agosto, la Universidad privada Torcuato Di Tella realizó un «Taller Experimental Urbano», con el propósito de discutir «experiencias de proyecto concentradas en sectores de la zona Sur de la Ciudad» (BAE, 24/9). Junto a estudiantes y profesionales de arquitectura y a la propia Universidad convocante, participaron del «taller» la «Corporación Buenos Aires Sur y la Comisión Municipal de la Vivienda». Estuvieron presentes, entonces, el organismo que diseña la entrega del Sur de la ciudad a monopolios capitalistas privados, y la repartición que debe resolver la situación de los sin techo, en su mayoría radicados en la misma zona Sur.


Con semejante concurrencia, las conclusiones del «taller» deben ser analizadas con la mayor atención, pues se trata de la posición de quienes deciden el destino del suelo urbano.


Los casos analizados por el «taller» fueron «el Asentamiento La Boca, la Villa 15, la Villa 21- 24 y la Villa 20 en el Barrio Lugano». Los primeros tres casos fueron caracterizados como «enclaves urbanos… con nula disponibilidad de tierra para contemplar un proceso de nueva construcción de unidades de vivienda en reemplazo de las existentes». Los «especialistas» decretaron, de ese modo, que para los habitantes de las más grandes villas de la Capital no habrá planes de urbanización y de viviendas populares. El taller no señaló la intrusión de capitalistas privados en tierras fiscales, que por ejemplo son los responsables de la escasez de terreno de la Villa 21-24 en Barracas.


Semejante punto de vista no puede sorprender, teniendo en cuenta que los propios organizadores son parte de estos «usurpadores»: la Corporación del Sur, encargada de vender los predios de la Ciudad a los privados con privilegios impositivos, y la propia Universidad Di Tella, que está edificando su nuevo edificio central en terrenos reservados para espacios verdes públicos, en la zona de Belgrano.


Apertura de calles sí, vivienda no


Pero la escasez de terrenos en las villas es sólo un pretexto para justificar que los planes de urbanización en preparación se limiten a la apertura de calles (y por lo tanto al desalojo de vecinos). La conclusión del taller que compartieron los capitalistas inmobiliarios, los capitalistas de la educación y los funcionarios de la CMV fue «privilegiar la inversión en apertura de calles que aseguren la conectividad con la trama vial existente (…) difiriendo, al menos en una primera etapa, una solución específica para la unidad de vivienda». Es decir, la llamada «urbanización de las villas» del gobierno porteño (Ibarra) y del ARI (Jozami) pretende «conectar» la Villa con el resto del «tejido urbano», a costa de los villeros. La sola apertura de calles levanta la cotización de las zonas aledañas, prepara negociados inmobiliarios y expulsa de la ciudad a los vecinos afectados.


Los «casos» de La Boca, la 21-24 y Ciudad Oculta fueron contrapuestos al de la Villa 20, donde sí existiría en sus límites «un gran espacio abierto de aproximadamente 1.000 hectáreas». En este caso, no faltarían tierras para una urbanización integral con planes de vivienda. Pero el seminario no llegó a esa conclusión, sino que quedaron «flotando preguntas (tales como) ¿con qué grado de prioridad debe asignarse el gasto? ¿Debe diferirse para una etapa futura la solución específica para la vivienda?». En este «caso», hay tierra, pero tampoco las viviendas populares constituirían una prioridad. Es que el propio seminario destacó que en el inmenso espacio libre de Lugano «han encontrado ubicación diversos grandes emprendimientos en los rubros de infraestructura, servicios, industria, recreación, comercio y vivienda». Es decir que la prioridad de uso de las tierras disponibles la tienen los monopolios privados. No sorprende, por eso, que en el «taller» se hayan citado experiencias internacionales «modelo», que contaron «con financiación del Banco Mundial». Es decir que estamos ante una seudourbanización reaccionaria, bancada por el imperialismo.


Nuestro planteo


El «taller» del Di Tella criticó, como se hace invariablemente en estos encuentros de «economía urbana», a «experiencias anteriores que contribuyeron a la construcción de bolsones o ghettos de pobreza (…) como los grandes conjuntos habitacionales de Lugano II y Soldati». Es cierto que los planes capitalistas de «vivienda social» de los años ‘60 y ‘70 constituyeron un gran negociado de constructoras, y una estafa manifiesta contra los trabajadores que resultaron adjudicatarios. Los planes reventaron, fina lmente, bajo el peso de la miseria social y el desempleo en masa. Pero los «progres» del Frepaso-ARI se sirven de este fracaso para justificar la expulsión de los sin techo de la ciudad, y la reorganización del espacio urbano a favor de los pulpos inmobiliarios. Que lo digan si no los compañeros del Bajo Flores, del asentamiento de Villa 15, de los hoteles de paso, de las casas ocupadas.


Pero quien debe ser desplazada de la ciudad es la minoría de especuladores que se han «sentado» sobre los miles de predios y terrenos disponibles. Planteamos: fuera los intrusos capitalistas. Las tierras de la Ciudad para los trabajadores: control obrero y vecinal de la Corporación del Sur. Por una urbanización integral de villas y asentamientos, que parta de asegurar vivienda, espacios públicos y servicios para sus actuales pobladores.

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