Políticas

7/3/1996|484

El ‘héroe’ y su tumba

Una apreciación de conjunto de la situación política exige tener en cuenta lo siguiente:


Hacia fines del año pasado el gobierno menemista había logrado una importante victoria política al derrotar las movilizaciones de trabajadores, e incluso rebeliones, en Río Negro, Córdoba y Jujuy. Aunque hizo, naturalmente, uso de la represión, su arma principal fue la completa incapacidad de las direcciones de esos movimientos para dar una respuesta de conjunto al hundimiento de los gobiernos provinciales y al derrumbe del ‘plan Cavallo’. Las derrotas de esas provincias, como antes ocurriera con Santiago del Estero, fueron una muestra acabada de las limitaciones de la política del CTA y de sus aliados como el “Perro” Santillán o el sanlorencino Quiroga, que pretenden sustituir la organización de la huelga general indefinida y el reclamo de que la crisis la paguen los capitalistas, con llamados ‘comunitarios’ a los empresarios y al clero.


Esas derrotas no le dieron un respiro al ‘plan Cavallo’, pero sí al gobierno menemista. El ‘plan’ ya no responde al entorno económico de crisis industrial y bancaria que ha creado, ni al elevado endeudamiento externo que produjo. El retroceso de los trabajadores desde poco antes del verano, hizo alimentar en el oficialismo y en los alcahuetes que lo respaldan, ilimitadas ilusiones en el ingreso de un torrente de capital extranjero. Con esa finalidad impusieron el convenio negrero Fiat-Smata, que tiene pendiente su extensión al conjunto de la industria automotriz y metalúrgica.


Pero como se encarga de mostrarlo la realidad cotidiana, la declinación económica prosigue y la resistencia popular asume características de mayor intensidad. Así lo muestran las movilizaciones de choferes en varias líneas, que consiguieron parar momentáneamente los intentos patronales de reducir los salarios y ‘flexibilizar’ las condiciones de trabajo. O lo que ocurre en Neuquén, donde las movilizaciones de estatales son crecientes y donde se destaca la actitud de los activistas sindicales, que empiezan a señalar las limitaciones de la política del CTA.


La recaudación fiscal sigue cayendo y el déficit aumentando; la caída de la producción industrial es sencillamente brutal. Ahora son los propios bancos los que critican la ‘convertibilidad’, para pedir que se tomen medidas que permitan el aumento del crédito. La caída de la Bolsa, en febrero, les ha representado pérdidas importantes, y en ausencia de clientes su tasa de beneficio se ha reducido considerablemente.


La crisis económica ha reabierto heridas sin cicatrizar, como los enfrentamientos del menemismo con Cavallo, y ha provocado el estallido de una guerra con bombas entre distintos clanes capitalistas en Córdoba.


Lo que puede precipitar los acontecimientos es la relación con Brasil, por dos motivos. Uno, es la posibilidad de una ruptura del acuerdo automotriz, como consecuencia de la decisión de Brasil de subsidiar la importación de materias primas y partes para la industria, lo que dejaría fuera de competencia a las empresas radicadas en Argentina. Si el menemismo optara por recurrir él también a los subsidios, afectaría seriamente a los autopartistas y a la siderurgia. En la UIA, Techint ya está liderando un ‘lobby’ contra ese subsidio a la importación.


El otro motivo tiene que ver con la crisis en Brasil, donde es ostensible que el sector devaluacionista está intentando derrocar al presidente del Banco Central y al ministro de Economía, a los que involucra con los negociados perpetrados por fuertes bancos que fueron a la quiebra. Los devaluacionistas apuntan alto, puesto que están amenazando al propio presidente de Brasil.  No hay que dejar de lado la situación en el campo financiero internacional, donde la inestabilidad de Japón y Alemania y la crisis presupuestaria en Estados Unidos amenazan convertirse en el detonante de un derrumbe financiero.


El incidente pesquero con los ingleses ha desnudado los pies de barro de toda la política internacional del menemismo y el desprecio con que es tratado este régimen por las principales potencias capitalistas.


Las condiciones político-sociales se han transformado, al final del verano, en más convulsivas aún de lo que eran al principio, a pesar del retroceso de los trabajadores. Al cierre de esta edición, los obreros de Mercedes Benz obligaban a la patronal alemana a reincorporar a los compañeros que acababa de despedir. Las direcciones sindicales siguen, sin embargo, mirando hacia atrás, como lo demuestran los congresos de CTERA y Conadu, realizados la semana pasada, que fueron incapaces de acercar una idea siquiera para enfrentar la política destructiva del oficialismo, o la persistencia de la CGT en seguir hablando de un paro que nadie sabe en qué consiste, mientras negocia su levantamiento a cambio de concesiones para sus negociados con las obras sociales.


Las luchas parciales van a crecer inevitablemente y se van a hacer más exasperadas, pero lo que hace falta es una acción de conjunto.


Tenemos que aprovechar la conmemoración del vigésimo aniversario del golpe militar del 24 de marzo, para impulsar una manifestación masiva que haga las veces de ensayo general de una lucha de conjunto.