04/11/2010 | 1153

El kirchnerismo y las privatizaciones

La bancarrota de fines de 2001 también significó la quiebra de las privatizaciones menemistas. Los privatizadores acumulaban una abultada deuda externa, en realidad: autopréstamos. Mientras giraban al exterior sus dividendos, a las inversiones realizadas las contabilizaban como «deuda» con sus propias casas matrices. En 2002, cuando se pesifican las tarifas, los privatizadores se declaran en «default».

Una medida elemental en defensa de los intereses nacionales obligaba a la rescisión de todas las privatizaciones sin resarcimiento, así como a la investigación de las operaciones de «autopréstamos» ejecutadas durante los años ‘90. Duhalde primero y Kirchner después, operaron de un modo muy diferente. Compensaron a los concesionarios con subsidios millonarios por el congelamiento de tarifas, y «estatizaron» la inversión. Las privatizaciones se mantuvieron a flote en base a un régimen que dejó en pie la facturación y beneficios a cargo de los pulpos privados y trasladó al Estado los principales gastos e inversiones. De ese modo, se renegociaron las concesiones viales y, principalmente, las ferroviarias. El kirchnerismo defiende este «modelo de negocios», que los consumidores pagan a través de los impuestos al consumo (que financian los subsidios a los privatizadores) y del vaciamiento de las prestaciones que ofrecen, tal como venía ocurriendo con el menemismo. La «estatización de la inversión» construyó una cueva de parasitismo y corrupción, como acaba de salir a la luz en la cuestión de las tercerizadas del ferrocarril. De todos modos, el kirchnerismo ha avanzado, sin pausa, en el traslado de esta hipoteca a las tarifas. En el caso del gas natural, las inversiones que no hacen las privatizadas pasaron a costearse con un «cargo específico» sobre las boletas de gas, que alimentan un «fondo fiduciario» sin control alguno.

Las estatizaciones kirchneristas fueron, también, sonoras operaciones de rescate del capital. En el caso de Aguas Argentinas, se permitió la fuga del grupo Suez después del gigantesco Cromañón sanitario que dejó en el conurbano bonaerense, al no drenar durante casi una década las napas freáticas. Lo mismo ocurrió en Aerolíneas, donde la estatización «indulta» a los Marsans después de años de vaciamiento de la compañía (el kirchnerismo aprobó sus balances truchos de 2002, 2003 y 2004).

Mientras los recursos públicos fueron desviados a los Roggio, Cirigliano o Techint, se agravó la descapitalización y el desguace del patrimonio estatal y la precarización de sus trabajadores. El salvataje de las privatizaciones es uno de los aspectos más parasitarios de la «reconstrucción de la burguesía nacional». Más grave aún es que no ha resuelto ninguno de los problemas planteados con la bancarrota de 2001: el régimen pretenderá salir de esa crisis con tarifazos y nuevas concesiones a los privatizadores.

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