04/12/2020

El mensaje “ecologista” de Merkel y la presión para pactar con el FMI

La canciller Angela Merkel envió un mensaje grabado a la 26° conferencia de la Unión Industrial Argentina, que fue proyectado minutos antes del arribo del presidente Alberto Fernández a dicho cónclave. En él, la líder alemana se refirió a dos temas clave: la renegociación de la deuda con el FMI y el acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Con respecto al primer punto, hizo una referencia tácita, al afirmar que “es verdaderamente importante recuperar la confianza de los acreedores internacionales y de los actores del mercado”. En el mismo sentido, aseguró que ello “requiere que Argentina lance una clara señal política”. Traducido desde el lenguaje diplomático, la canciller alemana le reclama al gobierno un plan de ajuste que actúe como garantía de repago, con el consenso del resto de las fuerzas políticas. El gobierno viene dando indicios de ir en esa dirección, como lo muestran el ajuste a los jubilados, las restricciones en el IFE y la paritaria a la baja en el sector público.

Al mismo tiempo, Merkel dijo que Alemania “comparte el espíritu y la intención del acuerdo comercial UE-Mercosur”, pero que su aplicación está “seriamente cuestionada” por los incendios en el Amazonas. Y llamó a unirse “en defensa de la selva tropical”.

La invocación al medio ambiente es un pretexto para disfrazar intereses económicos. En la burguesía alemana existe una división respecto al tratado. La federación de comercios e industria (DIHK) lo alienta, ya que ve en él la oportunidad para ampliar los negocios de su industria exportadora, particularmente la automotriz. En cambio, es rechazado por los intereses agrarios, que temen no poder competir con los grupos de nuestra región. «La agricultura no debe ser sacrificada en favor de la industria del automóvil», dijo Joachim Rukwied, presidente de la Federación Alemana de Agricultores (Notiamérica, 29/6/19). Esta división de intereses se reproduce en otros países del viejo continente, lo que ha puesto al acuerdo en una crisis. El mensaje de Merkel permite ver esa contradicción de intereses.

Hay una doble vara en la defensa del medio ambiente por parte de la canciller. Cuestiona la deforestación e incendios intencionales en Brasil, que el gobierno de Bolsonaro ampara, puesto que es un defensor de los intereses agro-ganaderos, pero guarda silencio sobre el rol depredador de las compañías alemanas. Marcas como Bayer y BASF exportan plaguicidas muy tóxicos a Brasil y Argentina, para el cultivo de soja genéticamente modificada. En algunos casos, estos productos ni siquiera están aprobados en la UE. El negocio rondó los 900 millones de euros en 2019, tomando a la totalidad de empresas europeas involucradas (DW, 28/8).

También debemos decir que Merkel acusa recibo del desarrollo del movimiento ambiental en Europa. El endurecimiento discursivo de la canciller respecto al acuerdo se produjo tras una reunión con Greta Thunberg y el movimiento Fridays for Future en Berlín, en el mes de agosto (Página 12, 23/8). En tanto, el partido verde, una fuerza asimilada al régimen, ha logrado canalizar en las urnas la creciente inquietud popular por estos temas, obteniendo el segundo lugar en las euroelecciones de 2019 (20% de los votos) y en los comicios federales de Hamburgo. El gobierno alemán no quiere seguir cediéndoles terreno, lo que ayuda a explicar la demagogia política de la canciller.

Un dato curioso es que hasta cierto punto se está produciendo una inversión de posiciones entre los gobiernos de Argentina y Alemania respecto al acuerdo comercial. Si la canciller, que gobierna una de las grandes potencias automotrices del mundo, aparece ahora condicionando el tratado, el gobierno de Alberto Fernández, en cambio, parece girar en sentido contrario. De la crítica a Macri por alentar su firma, hecha desde la defensa de la burguesía industrial, pasó en los últimos días a una visión más contemplativa, como parte de su política en favor de las cerealeras y el gran capital agrario, en el marco de la estrategia de repago de la deuda a costa de la reprimarización productiva del país. El canciller Felipe Solá, en su participación en la conferencia de la UIA, dijo que “no estamos en condiciones de cortarnos solos y decirle que no a este tipo de acuerdos”. Y aseguró que promoverá “una modernización de la economía argentina” (La Nación, 3/12). A Solá le sale del alma su rol de defensor de los agronegocios.

Las presiones de Merkel por concesiones a los acreedores sin dudas encontrarán su eco en el gobierno argentino, al igual que las que viene ejerciendo el gobierno norteamericano. No hay que fiarse de la canciller: la lucha por el medio ambiente, como la lucha contra el ajuste fondomonetarista, es una tarea de los trabajadores y la juventud.

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