01/07/2004 | 857

El nuevo fracaso de León Arslanian

Nuevamente, León Arslanian, como en los tiempos de Eduardo Duhalde en el gobierno de La Plata, ha fracasado en sus intentos de reorganizar la Policía Bonaerense sobre la base de un grupo de comisarios “leales”. En su experiencia anterior, digamos al pasar, poco tiempo después de la “reforma” los jefes de las departamentales de San Martín y de Morón estaban presos por delincuentes. Ahora, la patota duhaldista en la Legislatura bonaerense le bajó el pulgar: aprobó la ley que disponía la elección de comisarios por voto popular a partir de 2007 y la creación de “foros vecinales” para controlar a la fuerza, pero con una modificación sencilla: la ley en cuestión no será de aplicación obligatoria, y cada Concejo Deliberante decidirá si la pone en práctica o no. Y recuérdese que los “foros” y la “elección popular” sólo iban a hacerse efectivos en poblados con menos de 70 mil habitantes; aun así, la oposición cerrada de los intendentes derrumbó todo el esquema.


Todo fue un gran aborto, un fracaso inevitable. Los intendentes están prendidos hasta el tuétano con la mafia policial y en ellos descansa el aparato de Duhalde, obligado por fuerza a destruir el proyecto de Arslanian y de Felipe Solá, su viejo enemigo -aunque en los tiempos últimos lo haya utilizado de aliado en sus tironeos con el gobierno nacional-. Ya el 30 de octubre del año pasado, en Prensa Obrera Nº823, advertíamos que la crisis policial, tanto en la Bonaerense como en la Federal, sacaba “a luz el aspecto mafioso de la pugna política entre Kirchner y Duhalde”. Desde entonces, las cosas no han hecho más que empeorar.


“La ley (de Arslanian) es de terror: el intendente manda al comisario, a éste lo controla el Foro (vecinal) y los fondos salen del Municipio, pero es el Ministerio el que dice lo que hay que hacer. Un verdadero despropósito”, dijo el intendente de Trenque Lauquen, Juan Carlos Font (La Nación, 22/5).


Así quedó superado el debate sobre la validez de esos “foros vecinales”, que de vecinales tenían muy poco. Todo el armado resultó, simplemente, inaplicable.


Una “purga” falsa


Por lo demás, la “purga” de Arslanian pretendía impresionar con los 504 efectivos desplazados en un mes, pero se trató de una depuración falsa, dietética. De los desplazados, 30 ya están presos y entre ellos figura, por ejemplo, el comisario Alfredo Franchiotti, el esbirro de Puente Pueyrredón, y los miembros del escuadrón de la muerte de la 3ª de Tigre, asesinos de Gastón “Monito” Galván y Miguel “Pity” Burgos en 2001. También fueron dados de baja los involucrados en la masacre de Andreani y otros procesados por homicidios, secuestros extorsivos, asaltos, enriquecimiento ilícito y abusos sexuales. Todos esos ya estaban caídos, con Arslanian o sin él.


De todos modos, esas limpiezas para la galería fueron suficientes para que comenzaran a llevarse a la práctica las “extorsiones” que el ministro de Justicia, Gustavo Beliz, denunció cuando el ex jefe de la Federal, Roberto Giacomino, fue preso por estafar a la obra social de la Policía y al hospital Churruca-Visa. Asaltos en cadena a garajes y edificios, robo de la recaudación del partido Racing-River el sábado 29 de mayo, robo a mano armada en un restaurante donde dejaron, a modo de mensaje mafioso, una gorra de la Bonaerense, además del atentado en Constitución y un nuevo secuestro en Tigre. Si todo esto se añade a la reunión clandestina en el regimiento Patricios, se tienen las puntas del “complot” que el gobierno denuncia a medias para retroceder enseguida, asustado por sus propias palabras.


Y tienen razones para asustarse, y mucho. Tanto la Bonaerense como la Federal son fuerzas en disolución. El Estado nacional lo admitió cuando propuso crear una “policía metropolitana” que, de haber prosperado, habría provocado una guerra mafiosa con las fuerzas de seguridad ya existentes. Pero también ese intento fracasó: consiguieron apenas 500 de los 4.000 agentes que procuraban reunir.


Una crisis de Estado


Como hemos dicho muchas veces, la crisis policial es la del Estado. Estalla junto con los aparatos políticos que se astillan a diario, sobre todo ahora, cuando muchos suponen que la deuda externa, la inflación, el tarifazo y el derrumbe del PJ se llevarán puesto al gobierno, y desde las vísperas se matan por la sucesión.


 

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