25/12/2003 | 831

El papel del Estado en la «nueva economía»

Los nuevos negocios de la era Kirchner constituyen una reestructuración económica violenta a favor de los capitalistas vinculados a la minería, la actividad petrolera, el acero, la construcción, la soja, la actividad pesquera y la patria exportadora en general.


La «recreación» de la «burguesía nacional» se sustenta en una política de subsidios (ver nota) y en que el Estado asuma «el papel de planificador de las inversiones de las empresas, lo que derivará, en casi todos los casos, en el mecanismo del fideicomiso» (Página/12, 6/12). Estos fondos fiduciarios tienen el objetivo de rearmar al capital y promover una corriente de inversión sin aporte del capitalista pero en función de su beneficio. Es el mecanismo utilizado para los próximos planes de obras de las privatizadas. Bajo el arbitrio de De Vido, se promueve la organización de «fondos fiduciarios (que) podrían ser nutridos con impuestos específicos y administrados directamente por el Estado (peajes), o integrados con fondos de los organismos multilaterales de crédito, como préstamos del BID o del Banco Mundial y coadministrados por los accionistas privados (aguas, gas). En cualquier caso esos fondos significan que las inversiones (…) dejarían de ser costeadas por las empresas» ( Página/12, 10/12) para pasar a ser solventadas por los usuarios y por el Estado.


Se crea de este modo también una doble economía bancaria, pues los bancos ponen la plata en los fondos, que éstos prestan contra garantías específicas, como por ejemplo los ingresos del nuevo negocio, mientras el sistema bancario sigue en bancarrota, recogiendo depósitos que no presta sino a esos fondos, al Banco Central o para financiar la compra de acciones en Buenos Aires o Nueva York.


La canalización de subsidios y de préstamos del exterior a través de los fondos fiduciarios es una muestra de cómo el capitalismo parasita con su propia crisis y del carácter del intervencionismo económico del gobierno de Kirchner.


Estas características de la política económica explican en parte la tendencia al gobierno de camarilla que caracteriza al actual oficialismo, la necesidad de la delegación permanente de poderes al Ejecutivo y la conformación de un gobierno paralelo controlado por los «patagónicos». Un vocero del gobierno ha debido admitir que está «ausente la filosofía de democratizar las decisiones» (Página/12, 17/12).


La llamada «recuperación económica» ha reforzado el parasitismo capitalista y el endeudamiento de las empresas y del Estado, que simultáneamente se encuentran en cesación de pagos de sus deudas pasadas.

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