15/08/1996 | 506

El paquetazo no resuelve la crisis

El masivo y contundente paro del 8 constituye la segunda victoria popular, luego de la caída de Cavallo. Colocó a la clase obrera, a la clase media, a fracciones de la burguesía y del propio oficialismo en contra del gobierno menemista. Es indudable que fue la realización del paro del 8 lo que llevó a que durante dos semanas, Menem y Roque Fernández no se atrevieran a lanzar el paquetazo, lo que indudablemente lo habría hecho aún más masivo y contundente. 



Que la burguesía aprecia este drástico cambio en la situación política y en el ánimo de las masas, se evidencia en la continua fuga de capitales, en la caída de la Bolsa y en la propia división que reina en sus filas sobre el rumbo a seguir. “Algunos analistas no están tan seguros de que la confianza dada a la nueva conducción económica supere la prueba de las medidas que se conocerán, más allá de cuáles fueren”, advertía el martes 6 La Nación. Todas las pavadas que se dijeron acerca de la continuidad cavallista que “aseguraba” Roque Fernández, por su reputación de monetarista ultra-liberal-ortodoxo, quedaron aplastadas en apenas pocas horas, y más aún luego de la contundencia del paro y el avivamiento de las pugnas interburguesas.



El paquetazo del lunes 12 nació herido de muerte y podría ser la antesala del hundimiento definitivo del plan económico. Con excepción de la gran banca, tiene la oposición de todas las clases, lo que traduce un desbande político del gobierno. El gobierno está a la deriva, no consigue retomar la iniciativa política, los signos de la bancarrota económica se multiplican, poniendo al desnudo las cifras fraudulentas de Cavallo y Cía. 



Para los trabajadores, el paquetazo significa carestía, boletazo, mayor desocupación, aumento de los aportes jubilatorios para los autónomos, nueva suba de 5 años de la edad jubilatoria de las trabajadoras, y mayor liquidación del PAMI, al eliminar el aporte patronal.  Esto, unido al corte y rebaja de las asignaciones familiares y tickets canasta, representará una nueva baja salarial y una mayor pérdida de las conquistas obreras. 



Pero la burguesía, si bien aplaude que Roque Fernández se haya comprometido a una nueva rebaja de los aportes patronales a partir de enero,  no quiere saber nada de que se eliminen los reembolsos a las exportaciones, o que esos reintegros paguen impuestos a las ganancias, o que un conjunto de actividades financieras, como los seguros, la medicina privada, los colegios privados, paguen el IVA. Tampoco la burguesía agraria quiere cargar con el aumento del precio del gas oil.  



Por eso, tan sólo tres horas después de los anuncios, el propio Menem “pidió a su ministro revisar algunas medidas”, entre ellas, que no pagaran el IVA  las publicaciones y las escuelas privadas que tienen subsidio estatal, en una clara concesión a los medios de comunicación y a la Iglesia. El resto de la burguesía ya hizo saber que seguirá los pasos de los medios y la Iglesia, para descuartizar del plan las medidas que la afecten. Se abre, entonces, una violenta lucha, presión, pugna, coimas y demás yerbas, que se trasladará al Congreso, con nuevas divisiones y enfrentamientos.



Los banqueros fueron los únicos que salieron a aplaudir las medidas, porque el capital especulativo quedó al margen del paquetazo, pero no saben lo que aplauden. La banca camina por la cornisa, y por eso el gobierno quiere poner en marcha “una nueva red de seguridad bancaria”, porque el diagnóstico oficial es que no hay con qué enfrentar otra corrida bancaria. Y que hay una corrida bancaria lo dijo sin pelos en la lengua Roberto Alemann, cuando “se refirió a la caída de reservas líquidas del Banco Central que, desde el 16 de julio hasta el 5 de agosto, perdió 1.500 millones de dólares y explicó que eso es lo mismo que el retiro de los depósitos. ¿A quién le vendió el Banco Central los dólares si no?”. Esto se produce “justo en el momento en que la Argentina está cobrando el dinero de la cosecha gruesa por lo que la pérdida podría hasta ser peor de lo que parece” (El Cronista,12/8).  El efecto recesivo de esta fuga de capitales anula por completo la oscilante reactivación que se viene anunciando desde hace más de un año.



“Según las decisiones tomadas ayer por el equipo económico, se le pide un nuevo esfuerzo a la población a costa de cumplir puntillosamente con el pago de la deuda externa”, reconoce abiertamente Clarín (13/8). Sin embargo, los grandes beneficiarios del paquetazo descreen por completo de la capacidad del gobierno para recaudar más impuestos para cumplir con los pagos de la deuda y para sacar a la economía del marasmo económico.  Roque Fernández no tuvo más remedio que reconocer la bancarrota completa del plan económico, cuando dijo que  el déficit fiscal de 1996 ronda los 6.600 millones, casi el 15% de toda la recaudación. Para la revista imperialista británica The Economist , con la salida de Cavallo “se va un ministro, pero los problemas no”; entre ellos, “el crujido del sistema bancario”, que “no tiene una estructura que pueda enfrentar una renovada pérdida de confianza”. “Fernández no tiene la fuerza política de su antecesor”, después de reconocer que Cavallo la perdió definitivamente “cuando cortó los salarios familiares” y llevó al paro general. Solamente los chachistas-cavallistas del Frepaso siguen saludando los “equilibrios macroeconómicos” de la convertibilidad que se arrepienten no haber votado. 



Todo esto ratifica que los ultraliberales ortodoxos tienen menos posibilidades de llevar adelante el paquetazo que su antecesor. El gobierno enfrenta no sólo a una clase obrera que viene de pararle el país, sino que está tironeado y carcomido por una feroz lucha intercapitalista. Es que agotado el “boom” de las privatizaciones y de la entrada del capital especulativo, se viene desarrollando una feroz lucha interburguesa –de la que la salida de Cavallo es solamente un capítulo–  por quién paga los platos rotos de la fiesta.


Perspectivas


Se ha abierto un período de crisis políticas sucesivas, y la propia cabeza de Roque Fernández podría rodar en menos de lo que canta un gallo. Con todo lo antiobrero y reaccionario, el paquetazo no resuelve la crisis fiscal, de la deuda externa, de la bancarrota de los bancos, de los créditos morosos, de la desocupación. Peor aún, agrava la desocupación y la recesión, y amenaza con llevar a la lona a nuevos sectores capitalistas. “La embotelladora de Pepsi en la Argentina (Baesa) declaró una pérdida de 251 millones de dólares en el último trimestre y anunció una amplia reestructuración que incluye el cierre de plantas y el despido de 1.500 empleados … y anunciará un amplio plan financiero en los próximos meses para administrar su deuda, superior a 800 millones de dólares y hacer frente a la escasez de efectivo” (La Nación, 9/8, reproducido de The Wall Street Journal). 



La ‘luna de miel’ de la clase capitalista con el gobierno ha concluido en un claro divorcio. El gobierno está a la deriva, obligado a giros bruscos en la política económica, en la búsqueda desesperada por ofrecerles garantías a los acreedores. La revista The Economist le recordó a Menem que, “correcta o erróneamente, es el mundo (financiero) el que cuenta” y tiene que reasegurar “que eso continuará”. Pero el gobierno menemista no tiene las bases ni las herramientas para asegurar nada.



Por eso se abre un período más agudo que el pasado, en el que todas las fracciones capitalistas buscarán descargar sobre las otras, pero en especial sobre los trabajadores y sectores populares, el peso de la crisis a través del tarifazo, el desempleo y el desmantelamiento de las obras sociales, y eventualmente a través de la devaluación. 



Pero, por sobre todo, estamos en un periodo de iniciativa del movimiento obrero, y de derrota ideológica y política de la clase capitalista, que asiste impotente a la bancarrota y hundimiento de un régimen que le pareció eterno y que se quebró con una rapidez asombrosa, como resultado de sus propias contradicciones, apenas se terminó el “fuego de artificio” de la convertibilidad. Todo el sacrificio que le impusieron a las masas no les dio para sostenerse en pie. Es otra manifestación de su inutilidad histórica y política.  



La clase y el sector que se paralice está condenado a pagar el costo del paquetazo. Es preciso derrotar esta orientación paralizante de la burocracia y el centroizquierda, por medio de la organización, el programa y las consignas de lucha.



Carlos Auyero, del Frepaso, declaró : “No seremos dique ni motor de ese conflicto (social), queremos ser su cauce” (Página 12, 2/8/96). Es decir, quieren aprovecharse del motor ajeno para desviar al movimiento obrero de su propio cauce y dirección.

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