24/03/2020

El Partido Obrero (Política Obrera) frente al golpe genocida

1° Congreso de Política Obrera: cómo caracterizó y encaró la lucha contra el golpe

La huelga general de junio-julio de 1975 –la más importante de la historia nacional- derrotó al “Rodrigazo”, un gran ajustazo del gobierno peronista de Isabel Martínez de Perón contra el pueblo trabajador.


Superdevaluación monetaria, tarifazos, retroceso salarial: fueron enviados al tacho de basura. La derrota del gobierno peronista a manos de las masas lo dejó herido de muerte. Para la burguesía este se evidenciaba impotente para detener el proceso de radicalización obrera y juvenil y la amenaza de una irrupción de masas que se transformara en revolucionaria.


En ese marco, en diciembre de 1975, se hizo el 1° Congreso de Política Obrera (PO, antecesora del Partido Obrero), en condiciones de semiclandestinidad (las Triple A seguían actuando, etc.). Durante tres días, cada vez en sede diferente, camuflado con diferentes justificativos (reunión de vendedores, etc.), el Congreso Fisher-Bufano (en homenaje a nuestros compañeros víctimas de un escuadrón parapolicial) balanceó la huelga general, analizó la situación y las variantes políticas que se abrían y votó nuestro curso de intervención. Los documentos aprobados se publicaron en la Revista Política Obrera.


Se abre la tendencia golpista


La Resolución Política votada planteaba: “La descomposición del peronismo ha dado lugar al surgimiento de la tendencia golpista…”. No era la única alterativa burguesa. La unidad de las Fuerzas Armadas, conseguida en gran parte con la depuración del ala lopezreguista del gobierno de Isabelita, permitía intentar un operativo de características frentepopulistas: “… se ha formado una coalición de hecho entre los mandos militares, el peronismo ‘verticalista’los radicales… Su objetivo político es montar un gobierno de ‘apertura’ y eventualmente de coalición, para atraerse a la pequeño burguesía y a los sectores obreros más conservadores, y aislar de esta manera al proletariado combativo. Pero la debilidad de este gobierno frente a las masas, así como la necesidad de ejercer la máxima contrapresión represiva sobre los trabajadores en lucha, colocan a las fuerzas armadas como los verdaderos árbitros de esta alternativa” (ídem).


El Congreso del PO denunció que la función de los gobiernos de coalición en el medio de situaciones prerrevolucionarias no es la de defender las libertades democráticas como planteaban sectores de la izquierda, sino tratar de contener y diluir un ascenso revolucionario. Y llegado el caso abrir el camino a la contrarrevolución.


El PRT-ERP declaraba estar dispuesto a una “tregua” en su accionar foquista y se esforzó con conversaciones entre Santucho con Alfonsín (UCR), Sueldo (Democracia Cristiana), Alende (Partido Intransigente) y otros políticos en crear un “Frente Patriótico Antigolpista”. El PC llamó a formar un gobierno de coalición cívico-militar, incorporando militares al gabinete ministerial. La Resolución Política del Congreso planteaba que: “El gobierno de ‘apertura’ o coalición trata de sustituir la función del golpe contrarrevolucionario” como alternativa para evitar los riesgos de un golpe. Pero señalaba que “constituye también un paso directo hacia el golpe, desde que su orientación es combatir a las masas mediante una mayor intervención militar”. Caracterizábamos que los gobiernos de tipo frentepopulista planteaban su oposición al golpe tratando de tomar a su cargo la tarea de contener el ascenso revolucionario.


También que, para imponer una salida golpista, era necesario desmovilizar a las masas y proscribirlas como alternativa política nacional. Y que la fracción golpista iba a “agotar todavía las expectativas políticas en un recambio ‘constitucional’ que existen entre los explotadores” para evitar los riesgos de un choque de fuerza contra las masas con un frente burgués dividido. El gobierno de Isabelita (y sus variables) iba a tratar de contener las luchas de masas y reestructurar el frente de apoyo burgués para poder proceder al gran “ajuste” antiobrero y antipopular. Para ello se iba a reclinar cada vez más en la represión y participación directa del alto mando militar. Era fundamental enfrentar ambas alternativas burguesas: la política frentepopulista de emergencia que buscaba contener las luchas de masas y avanzar en la regimentación represiva y la amenaza de golpe militar represivo.


El Congreso del PO caracterizó claramente el carácter de un futuro golpe: “Un golpe militar que emerja del desarrollo de esta crisis no tendrá el carácter de la ‘libertadora’ ni del onganiato: se tratará de un golpe de liquidación de todo el régimen de libertades democráticas y de ilegalización del movimiento obrero, con métodos de guerra civil”. Una diferencia sustancial frente al PC y al PST que caracterizaron que era una ‘dictablanda’ que venía a depurar para reconvocar a un proceso institucional electoral.


La consigna votada por el Congreso Fischer-Bufano, publicitada en una Declaración, planteaba: “Fuera Isabel. Terminemos con el gobierno antiobrero. Abajo el Golpe”.


El Congreso definió que “La agitación antigolpista tiene que ser una agitación antigubernamental, porque es bajo la cobertura del gobierno oficial… que el golpe se prepara”. El conjunto de la burguesía tenía una alianza común para derrotar a la clase obrera: “Toda la burguesía ‘democrática’ está respaldando la actual militarización del Estado”. El golpe se estaba preparando desde el propio gobierno. Planteábamos que si estallaba el golpe y había una resistencia –y no entrega como efectivamente se dio en marzo de 1976- íbamos a pelear en el campo oficialista y de eventuales sectores progresistas, para “aplastar físicamente” a los golpistas, sin olvidar la alianza que tenían para enfrentar a la clase obrera.


 



El pregolpe de Capellini


El 18 de diciembre del 75 estalla un golpe dirigido por un sector de la aviación (Capellini). Es detenido el comandante de la Fuerza Aérea (Fautario) que apoyaba al gobierno y se reclama la renuncia de Isabelita. Videla y Massera no reprimieron este alzamiento contra las autoridades constitucionales. Presionaron al gobierno para que nombrara un nuevo jefe de la aviación militar. Fue nombrado Orlando Agosti, quien sería el tercer hombre de la Junta Militar que tomaría el poder el 24 de marzo. Isabelita no quiso recibir a Fautario que se había fugado de su encierro, políticamente lo entregó: cedia frente a la tendencia golpista, buscando contenerla.


Fue la declaración de la CGT que el lunes 21 se iniciaba un paro general contra el golpe lo que hizo ceder a Capellini. Se cernía, nuevamente, una intervención protagónica de la clase obrera, que desde el primer instante venía pronunciándose por el paro antigolpista. Política Obrera saco sus volantes apuntalando esta tendencia y organizando el inicio de la huelga.


El domingo a la noche, Capellini depuso su golpe, bajo la presión del reinicio de la huelga general y ante la promesa secreta de Videla y Massera (comandantes del Ejército y Marina) de preparar un golpe del conjunto de las Fuerzas Armadas.


Cómo enfrentar el golpe


La Resolución Política del Congreso planteaba: “Un aspecto importante de la actual situación es la cuestión de la preparación de la huelga general. Esta consigna se desprende de toda la lucha huelguística contra el plan Cafiero, en defensa de lo conquistado en julio”. Señalaba que había “que prepararla” luchando “por la democratización total de los sindicatos”.


Al mismo tiempo, el Congreso de PO era consciente de que si no se presentaba una fractura en el Estado y sus clases dominantes era “altamente improbable que la situación se desarrolle directamente hacia la huelga general, y en flecha hacia el choque revolucionario y el doble poder”. El Congreso rehuía como la peste a todo tipo de propagandismo, se negaba a tomar “en abstracto” la consigna de “Huelga General convertida en un fetiche”. Definió un conjunto de consignas transicionales. Llamábamos a que “las Coordinadoras interfabriles (creadas durante la huelga general) convoquen a todos los partidos que se reclaman obreros o antiimperialistas” para constituir un frente común de lucha por el “cese de los ‘operativos’, del estado de sitio, del trato inhumano en las cárceles y por una Navidad sin presos. Por un frente práctico de defensa de los partidos y las organizaciones contra el terrorismo. Abajo todo tipo de arbitraje estatal, por el derecho a la libre organización de los trabajadores frente al Estado. Fuera Isabel, basta con este gobierno antiobrero, abajo el golpe, por elecciones generales inmediatas sin proscripción”. Un sistema de consignas para desarrollar la movilización de masas, con una perspectiva de armar la lucha por la conquista de su poder.


El PO caracterizó la marcha del golpe, pero no para pasar a la clandestinidad, sino para discutir cómo enfrentar y derrotarlo.


Con el anuncio el 5 de marzo del 76 del lanzamiento del Plan Mondelli –nuevo intento de imponer un “Rodrigazo” contra el pueblo trabajador- cobra vida la tendencia a la huelga general. PO estaba con todo metido en esta tendencia. Las huelgas y pronunciamientos que se iban dando llevó a la burocracia, incapaz de contenerlos, a “borrarse” (expresión del secretario de la CGT, Casildo Herreras, en Montevideo el 23 de marzo). No solo la burocracia sindical, sino que la inmensa mayoría del aparato peronista y la oposición burguesa (UCR, etc.) alentó el golpe cívico-militar. Gran parte de la izquierda no vio venir el golpe. Una organización semifoquista lo reconoció abiertamente. El Grupo Obrero Revolucionario (GOR) realizó su congreso partidario en los días que se estaba ejecutando el golpe. Uno de sus dirigentes señalo: “Cuando salimos de la casa donde estábamos realizando el Congreso, recién ahí nos enteramos que se había producido el golpe…. El golpe no figuraba como una pieza clave de nuestro Congreso” (El trotskismo armado de Argentina de Eudald Cortina).


No solo encaramos decisivamente la lucha contra el golpe, sino que preparamos al Partido para enfrentar la represión gubernamental y la eventualmente golpista. Se adoptaron numerosas medidas para preservar la actividad partidaria, de sus cuadros y activistas obreros.


Un compañero relataba que en la mañana del 23 de marzo tuvimos una reunión en un bar de Ramos Mejía, donde se elaboró la lista de los compañeros de la Zona Oeste del Gran Buenos Aires, que esa noche no debían dormir en sus domicilios habituales, para preservarlos de allanamientos y detenciones. Supimos armar de inmediato una estructura clandestina, pero militante del PO. Preparados ya por el trabajo clandestino bajo la dictadura de Onganía y el semiclandestino bajo el terror de las Triple A de los gobiernos peronistas, el PO encaró la nueva fase de la lucha contra la dictadura militar.

También te puede interesar:

Infobae revisitó en un artículo reciente la historia de quien fuera miembro del PO, secuestrado por la dictadura y luego activista contra la barbarie imperialista en los Balcanes.
A pesar de la pandemia, miles reclamaron cárcel común y efectiva para los genocidas y el fin de la impunidad de ayer y de hoy
Quiere la militarización de las barriadas ante el agravamiento de la crisis social por coronavirus.