15/10/1998 | 604

El peor de todos

El distrito de José C. Paz, gobernado por el ex futbolista Glariá, es el más pobre y de mayor concentración obrera de todos los municipios en los que se dividió el ex General Sarmiento.


Con una lógica (capitalista) de ‘fierro’, la comuna «recibe el presupuesto más bajo del conurbano: 24 millones de pesos para 230.000 habitantes»(Siglo XXI, 27/8) Además, los trabajadores de José C. Paz deben afrontar la deuda proveniente del «Sarmiento residual», cuyo monto en millones de dólares es ‘desconocido’. Ello ha servido para enajenar la participación de la comuna en la coparticipación provincial duhaldista durante los próximos dieciséis años. Fue esta consideración ‘ideológico monetaria’ la que acercó temporalmente a Glariá al menemismo (cuando Menem prometió fondos frescos de la ‘acción social’ de Palito a los intendentes). La vuelta al redil duhaldista requirió de otra evolución ‘ideológica monetaria’: la aceleración, y luego el archivo, de las causas contra el intendente por parte de la justicia de Duhalde. «Cuando Glariá amagó saltar al redil menemista —dice Siglo XXI— el proceso se aceleró y, ahora que rehizo sus vínculos duhaldistas, podría haber un rebote en la causa».


Es decir, miseria presupuestaria e impuestazo para los barrios obreros, favoreciendo a las zonas residenciales, y manipulación política al servicio de las necesidades electorales de Duhalde, que gusta presentarse por estos pagos como el «presidente de los trabajadores».


Duhalde, responsable


Esta política hundió a José C. Paz en una brutal guerra de mafias. Al desmantelamiento liso y llano de la estructura municipal (cientos de trabajadores municipales fueron despedidos luego de la división) lo acompañó el robo desenfadado. Las prácticamente nulas tareas que cumple la Intendencia serían imposibles sin los centenares de trabajadores explotados en el «Plan Barrios» (trabajadores temporarios que ganan un promedio de 180 pesos), en tanto que Glariá y ‘su gente’, en menos de tres años de ‘gestión’ ya tienen más de cinco causas abiertas por robos y desfalcos.


Y casi como una alegoría, José C. Paz está a oscuras: una deuda de un millón de dólares con Edenor ha dejado sin luz a la Intendencia que para funcionar debe pagar «con partidas especiales el uso de grupos electrógenos» (ídem, 3/9).


Toda la política de Duhalde, el ‘capo máximo’ de toda esta estructura provincial, ha fracasado.


El Partido Obrero exige que la provincia se haga cargo de todas las reivindicaciones de los trabajadores de José C. Paz, comenzando por la reincorporación de los trabajadores municipales cesanteados y el subsidio de 500 pesos a todos los trabajadores desocupados.


Crisis política con Alianza incluida


La puja mafiosa convirtió a la comuna en «un Concejo Deliberante que no sesiona porque dos presidentes (uno oficialista y otro opositor) reclaman ese cargo» (ídem). Ambos, peronistas. Y en la lucha ‘ética’ en José C. Paz también está metida la Alianza. La vicepresidenta del Concejo, la radical Juana Vega, está acusada de convocar a una sesión ‘trucha’ en la cual le cambiaron el presidente del ‘honorable’ cuerpo a Glariá (La Hoja, 16/9)


Esa ‘lucha ética’ alimenta el enfrentamiento entre bandas de uno y otro grupo en las puertas mismas del municipio.


El Partido Obrero convoca a todos los trabajadores del distrito a la tarea de dotarnos de una estrategia política independiente, es decir, a la tarea de construir un partido obrero.

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