27/04/2020

El Presidente, la UIA y la CGT rebajan los salarios

Sin mandato alguno la burocracia entrega al movimiento obrero encuarentenado.

Cuando le habló al país en su nuevo discurso profesoral el Presidente volvió a resaltar logros sanitarios en el anuncio de una nueva fase de salida progresiva de la cuarentena, pero ignoró por completo los temas que ya desatan fuertes conflictos en el movimiento obrero por debajo de los acuerdos de cúpula de la CGT: la caída vertical de los salarios, suspensiones generalizadas, despidos y aún cierres de empresas.


Un día después, hundió la puñalada contra todos los salarios habilitando la rebaja del 25% con la UIA y la CGT en abril y mayo para quienes estén en cuarentena. Daer, Andrés Rodríguez, Caló y Acuña, los firmantes, lograron su objetivo: no evitar los descuentos, sino comprometer directamente al poder político en la rebaja generalizada de salarios contra la letra del decreto inicial de la cuarentena. Han puesto como condición que no haya despidos en esas empresas, pero ya sabemos el nivel de no cumplimiento que esto tiene.


El Presidente, en la parte económica apenas anunció que siguen enfocados en la reestructuración de la deuda, o sea en el rescate de los especuladores y banqueros, mientras se desangra la población trabajadora.


El último acuerdo antisalarial firmado por los gremios supera los recortes ya fortísimos conocidos hasta hoy: la burocracia textil pactó sumas no remunerativas de $17.000 y $20.000 por todo concepto. Las obreras de Textilana en Mar del Plata ganaron la calle ante la delegación marplantense del Ministerio contra este robo. En su empresa trabajan turnos en productos no esenciales, en condiciones laborales de contagio, sin protección adecuada y, ahora, por este importe.


El movimiento obrero argentino está siendo empujado a dejar de cobrar un salario para cobrar un “ingreso de emergencia”. Examinemos todas las variantes de rebajas que sufre el salario.


Si miramos el Observatorio de los trabajadores en PrensaObrera.com, veremos que son decenas las empresas que directamente interrumpen el pago. Minutos antes de escribir este artículo nos llegaba la denuncia de una histórica gráfica, Ramón Chozas, que está trabajando ilegalmente bajo amenaza de despido no obstante lo cual anuncia que a fin de mes no pagará los salarios. Como en todos los casos, con la vista gorda de las autoridades del Ministerio y la complicidad de la Federación Gráfica, a nivel delegados y a nivel Comisión Directiva (miembro activo de la Corriente Federal kirchnerista).


En otros casos se operan las rebajas, con o sin acuerdo sindical. Pero hay que aclarar que los acuerdos son todos homologados de inmediato. Como en la época de Cavallo, se están bajando los salarios nominales, cuando el decreto presidencial inicial de la cuarentena estableció que se pagaran los salarios integralmente. Se borra con el codo literalmente lo que se escribe con la mano, bajo fuego de la presión patronal. Techint, que ganó el primer round, gana ya por puntos la pelea. Sus rebajas salariales se aplican a todos, además de la homologación de sus despidos.


Pero las rebajas son más profundas. Las cláusulas gatillo previamente establecidas en los acuerdos paritarios previos a la pandemia han sido anuladas (provincia de Neuquén, docentes universitarios, etc.) y reemplazadas según arbitrio del poder. Tampoco son respetadas las cláusulas de revisión previstas para estos meses: las reuniones con sindicatos son para rebajar salarios con motivo del aislamiento social preventivo obligatorio.


Como se observa, hasta nuevo aviso se acabaron las paritarias. Pero si la emergencia sanitaria justifica que no haya paritarias, sin embargo, no ha detenido la inflación, aún en medio de una caída económica sin precedentes. Marzo arrojó el 3,3% general y el 3,9% de aumento en alimentos. Esto significa que se rebajan los salarios y se suspenden las paritarias mientras continúa una inflación al ritmo del 40/50% anual. A la rebaja nominal se adiciona la rebaja del poder adquisitivo de esos importes nominales. Por eso la validez de la comparación del importe para los textiles con la canasta de pobreza: es menos de la mitad.


Con todo, la rebaja no termina en estos rubros. Es aún mayor porque se ha eliminado virtualmente la parte diferida del salario, o sea los aportes jubilatorios a la Anses. Como hemos explicado tantas veces, la jubilación no es una “pensión estatal”, sino un salario que debe pagar la patronal y que en lugar de ir al bolsillo del trabajador va a la Anses, para que ese trabajador y todos los trabajadores del país cobren la jubilación al fin de la vida activa. Pues bien, de ese salario diferido se descuenta el 95% según los decretos presidenciales, de manera que la Anses, en este dramático momento de los adultos mayores, está siendo vaciada. Por este motivo y por otro más: los subsidios dispuestos para sostener la mitad del salario por parte del Estado provendrán de los fondos de la Anses.


Conocen la explosividad de esta situación. Por eso emitieron días atrás el decreto que dispone que el Estado asume el pago de la mitad de la nómina de los salarios efectivamente cobrados en febrero. Pero tampoco se cumple.


Sobre 450.000 empresas anotadas habilitaron la viabilidad del subsidio a 180.000 y hasta 800 trabajadores. Ocurre que piden que la facturación nominal haya caído respecto de la que la empresa solicitante tuvo hace 12 meses, con un 50% de inflación de por medio. Entonces las empresas no califican, porque además facturaron hasta el 20 de marzo. Ergo, no pagan, rebajan o despiden.


Indudablemente Guzmán y Fernández pisan la pelota para contener el déficit fiscal imparable, debido a la caída de la recaudación y el parate económico. Pero han seguido emitiendo para pagar la deuda, y tampoco han nacionalizado la banca ni los depósitos bancarios para que sean dispuestos para afrontar la emergencia. Mucho menos han abierto los libros y cuentas de las empresas para examinar sus verdaderas cuentas y tenencias societarias y personales para evaluar la capacidad de pago a sus trabajadores.


Tampoco han movido un dedo ante la gran lucha de los obreros del frigorífico Penta, para reabrir la planta de la patronal superexplotadora. Solo reprimieron brutalmente primero y enviaron la Gendarmería después para impedir el paso de los compañeros en el Puente Pueyrredón. Se vio también presta a la Policía de la Ciudad para llevar presos a los delegados del subte, cuando denunciaron condiciones de contagio en sus trenes.


Todo el poder personal que ha acumulado Fernández, sin Congreso ni Justicia funcionando, con toda la burocracia sindical arrodillada y la oposición capitalista desmoronada y disciplinada, no existe a la hora de garantizar salarios y puestos de trabajo. Sus decretos son palabras que no se cumplen. Y, como se aprecia, pueden ser desconocidos por un nuevo decreto. No rige más la integralidad de los salarios en la cuarentena.


La clase obrera empieza a intervenir como lo han hecho los compañeros de BedTime ocupando la planta ante el no pago y la amenaza de despidos. Lo mismo en los centros de salud con asambleas y comisiones de reclamo desde la base de sus gremios. Como los obreros de la carne y de otros rubros.


La burocracia sindical no tiene mandato para entregar el salario y los puestos de trabajo. Lo peor está por venir. Los trabajadores tenemos que tomar nuestra defensa en manos propias. Ningún despido, salario integral, control obrero de esencialidad de las actividades durante la cuarentena, apertura de los libros al control de los trabajadores, respeto irrestricto de los protocolos sanitarios, actualización de salarios y jubilaciones según inflación. Que la crisis la paguen los capitalistas. No pago de la deuda, impuesto a las grandes rentas y fortunas.