11/03/1993 | 384

EL PTS también quiere abrir un fondo de pensión

El Pts, uno de los diversos fraccionamientos del Mas, ha llegado a la cuestión de la lucha contra la “reforma previsional” muy tardíamente, y para no variar de costumbre ha llegado muy mal, con posiciones antisocialistas en los principios y derechistas en lo que se refiere a los temas políticos más inmediatos. En tanto que el Partido Obrero comenzó su campaña  a fines de 1991, cuando el proyecto menemista contra las jubilaciones aún se encontraba en una de las etapas de elaboración, el Pts se ha dado por enterado del asunto hacia fines de 1992, cuando el gobierno y los grandes capitalistas ya habían avanzado un largo trecho en su trabajo de preparación de este ataque social y político. Esta sola circunstancia ubica al Pts en la última retaguardia de los que dicen luchar contra este intento de confiscación capitalista contra los trabajadores.


Socialistas y propietarios


Pero como ocurre frecuentemente con los recién llegados, el Pts pretende colocarse a la delantera de todo el mundo, arremetiendo contra las posiciones de varios partidos de izquierda y en particular contra el Partido Obrero. Aunque al Pts le llevó , como cabe suponer, un año entero meditar sobre las nefastas posiciones de sus adversarios, el resultado de tan larga reflexión no ha podido ser más miserable.

 Mientras que el Partido Obrero lucha por una jubilacion estatal bajo el control de los trabajadores y los jubilados, y en cierto momento bajo su gestión anti-capitalista directa, el Pts rechaza ese carácter estatal y plantea: “Desde el Pts (sic) luchamos porque las Cajas jubilatorias… sean entidades cuyos propietarios sean los trabajadores activos y pasivos” (Rebelión Nº 22). Siguiendo una fraseología heredada de Nahuel Moreno y del Mas, los petesistas no pretenden luchar como partido  sino  “desde” el partido, borrando la característica fundamental del partido, de ser la expresión de una actividad colectiva basada en un programa.  “Desde” el partido, los afiliados quedan habilitados para cualquier clase de compromiso “fuera” del partido —un rasgo típico del morenismo; luchando como partido, en cambio, los militantes están obligados a ser consecuentes , en la acción, con el programa partidario.

Pero la “posición” del Pts en relación a los jubilaciones no tiene desperdicio si se tiene en cuenta que pocas veces se ha visto, “desde” un partido socialista, llamar a los trabajadores a convertirse en propietarios. En este caso, los trabajadores se enfrentarían, en su calidad de propietarios y no de trabajadores, a los otros propietarios, sean éstos industriales, comerciales o financieros. Aunque en la producción esos trabajadores sigan siendo individualmente obreros explotados, en el plano financiero se habrán transformado en sujetos capitalistas y en el plano de la defensa política de sus intereses como propietarios, en burgueses. No existe una diferencia sustancial o de cualidad entre este planteo del “trotskista” Pts y el conjunto de la burocracia sindical. Precisamente en relación a la cuestión de la “privatización” en general, tenemos a los burócratas de la CGT y del CTA “peleando”, por un lado, por la apropiación de las acciones de las empresas “privatizadas” que corresponden a la llamada “propiedad participada”; por el otro, tenemos a esas mismas corrientes de la burocracia planificando el lanzamiento de Fondos de Pensión privados, previstos en la “reforma previsional”.  Un Fondo de Pensión organizado por un sindicato no sería otra cosa que “entidades cuyos propietarios (son) los trabajadores activos y pasivos”. Luego de llegar muy tarde al tema el Pts ha elegido el campo de Lescano y compañía.

Esta coincidencia con la burocracia lucifuercista llega a tal extremo que el Pts ni siquiera propone una propiedad colectiva de los trabajadores sobre las Cajas, sino, dicen, “que las cajas serán fusionadas o no según el interés de los trabajadores”. Prevé de este modo la existencia de Cajas obreras de primera, segunda y hasta de cuarta, ya que obviamente los intereses especiales de los trabajadores de Telecom, por ejemplo, no van a coincidir con los de los obreros rurales. Dado el capital considerablemente mayor que podrían reunir los primeros con relación a los segundos, la rentabilidad de su Fondo podría permitirle, eventualmente, sacar jubilaciones del 100% del salario al cese, contra un 20% de los segundos —y aqui hacemos abstracción de las diferencias de salarios al cese que también favorecen considerablemente a los primeros. El planteo del Pts es una expresión “teórica”  de los intereses de las fracciones más poderosas de la burocracia sindical, y conlleva una “depuración étnica” entre las distintas categorías de trabajadores. ¡No es casual que, con Lescano, boicotee las manifestaciones contra la ley menemista!


Obreros, a la Bolsa


 No es insano suponer, a la luz de los argumentos que desarrolla (o mejor, de la completa falta de éstos), que el Pts no sabe exactamente de lo que habla, algo típico de los aventureros. El Pts no se ha dado cuenta que los trabajadores argentinos ya son propietarios, no solamente de sus aportes previsionales, sino incluso de los efectuados (o que deberían haber sido efectuados) por los patrones. Una prueba de la vigencia de este derecho propietario se puso de manifiesto cuando Cavallo tuvo que retroceder de la intención original de desconocer los aportes realizados a las cuentas de los trabajadores menores de 45 años. En la campaña contra este propósito inicial, el Partido Obrero destacó que los aportes previsionales no eran un “derecho adquirido” que habilitaba la obtención de alguna clase de jubilación, como pretendía la pandilla de Cavallo, sino una “propiedad”. El proyecto oficial violaba, por esto el “derecho de propiedad” consagrado en la Constitución burguesa vigente. Pero la “propiedad” del trabajador sobre los aportes no es otra cosa que su propiedad sobre el salario, es decir sobre la venta de su fuerza de trabajo, la única propiedad que posee el proletario como proletario bajo el capitalismo. El Pts, propone, en cambio, que los obreros se conviertan en propietarios capitalistas, toda vez que la gestión de toda la masa de aportes reunidos en un fondo único constituye, en las condiciones presentes, un capital, que sólo puede ser gerenciado a través del “mercado de capitales” (deuda pública y mercado de acciones). En lugar de defender la “propiedad” de los trabajadores sobre los aportes previsionales ya realizados y confiscados por los capitalistas a través del saqueo de las Cajas, es decir, el valor de su fuerza de trabajo, (explicitando en una cuenta de cada trabajador el valor actual del conjunto de los aportes obrero-patronales realizados durante su vida activa); en lugar de esto, el Pts propone que los trabajadores se conviertan en propietarios de aquí en más (borrón y cuenta nueva),  no de sus aportes sino de las Cajas, que quedarían transformadas así en un Fondo de Pensión único, obligado a destinar sus ingresos a la especulación financiera. ¡Qué aborto de socialismo es este partido “por el socialismo”!


Salario y capital


Ocurre que el dichoso Pts simplemente no sabe distinguir entre la propiedad sobre los aportes y la propiedad sobre las Cajas. Esto revela la mentalidad pre-capitalista que es natural en la pequeña burguesía de izquierda. La distinción es similar a la que existe entre un depósito en un banco y la propiedad del propio Banco. Si el depósito fuera confundido con  el capital del Banco, se perdería en el caso de la quiebra del Banco; como no es así, como el depósito es un capital de su titular distinto al capital del banquero, el depositante puede reclamar el resarcimiento en un juicio a costa de las propiedades del Banco, o en el caso de que los depósitos tengan garantía del Estado, a que el Estado devuelva el dinero acreditado. La “posición” del Pts apunta simplemente a retirarle al Estado capitalista la responsabilidad de garantizar la intangibilidad de la propiedad  y del valor de los aportes previsionales, con la consecuencia de que si quiebra el Fondo de Pensión de los trabajadores, se pierden al mismo tiempo los aportes que corresponden a los trabajadores. ¡Exactamente lo que plantea el proyecto previsional de Menem, que no garantiza los aportes a los Fondos de Pensión a crearse!

¡Pero ésta es precisamente la cuestión! ¿Cómo garantizar el cobro integral de la jubilación y los aportes previsionales en un régimen (capitalista), que se caracteriza por las violentas desvalorizaciones de patrimonios, la confiscación de los grupos sociales más sometidos, la instrumentación del Estado para proceder —vía inflación— a la expropiación de los ahorros de la masa trabajadora, etc.? Esa garantía no la puede ofrecer ninguna Caja, incluso si es de propiedad del Pts (y probablemente  menos si éste fuera el caso). Lo único que le queda al proletariado, en las condiciones del régimen burgués, es exigir al Estado, por medio de una ley, que se declare garante colectivo de los aportes previsionales —es decir, responsabilizarlo ante la clase obrera como un todo  por la intangibilidad del salario diferido que es la jubilación, y de los aportes realizados. Esto es precisamente lo que pretendió el movimiento obrero al imponer el 82% móvil —que desde la dictadura en adelante ha dejado de cumplirse, pero que ha permitido a los jubilados ganarle los juicios al Estado, y que hoy es el punto en el cual justicialistas, radicales y centroizquierdistas coinciden que hay que poner fin. 

La lucha por la defensa de las jubilaciones de la clase obrera es una lucha de contenido político, es decir, que pasa por la imposición al Estado de los reclamos y de las exigencias de los trabajadores. Lo mismo ocurre, por otra parte, con cualquier otra reivindicación obrera. La pretensión de que los trabajadores resuelvan sus necesidades sociales haciendo abstracción del capitalismo y del Estado corresponde a los sostenedores del “socialismo utópico” de principios de siglo pasado. En la actualidad, es un despropósito completamente reaccionario.


Contenido de clase


El Pts no quiere dejar ningun lugar a dudas en lo que se refiere a los propósitos que persigue con su planteo. No es un malabarismo polémico lo que desenmascara sus posiciones antisocialistas: “… los fondos jubilatorios de propiedad obrera …, dice, el movimiento obrero los podrá utilizar para su beneficio exclusivo”.  Claro que para obtener un “beneficio”, y en particular si es “exclusivo”, el fondo, sea de “propiedad obrera” o de cualquier otro tipo, deberá primero obtener una rentabilidad que no sea inferior a la media del mercado. El planteo apunta a insertar a los obreros y a sus organizaciones en el mecanismo del capitalismo financiero, como sujetos capitalistas. Convertir a los obreros en “propietarios” con vistas a un“beneficio exclusivo” —esta es la receta “socialista”  que nos proponen “desde” el Pts. Los petesistas pretenden ignorar, en definitiva, que la única forma social en que los Fondos de Pensión puedan alcanzar un “beneficio exclusivo” es mediante la explotación de los trabajadores, ya que ese “beneficio exclusivo” no es otra cosa que una fracción de la plusvalía extraída por los capitalistas a los obreros.

Al final, el único “beneficio exclusivo” sería el que obtendrían las Cajas “obreras” más ricas  (Luz y Fuerza, Foetra, Asociación Bancaria) en detrimento de las más pobres, lo que convierte al planteo del Pts en una propuesta de explotación social de una fracción de trabajadores contra otra. Solamente en este sentido el beneficio obtenido sería “exclusivo”, ya que en todo lo demás debería compartirlo con los especuladores bursátiles.

Es a partir de este miserable planteo capitalista que el periódico del Pts pretende crititcar los planteos del PO. A los dirigentes petesistas no se les plantea naturalmente como problema la necesidad de definir el contenido que debe tener, para la clase obrera como clase, la reivindicación del control y la gestión obreras sobre las Cajas estatales, formadas exclusivamente con el aporte patronal y el reconocimiento actualizado de todos los aportes obreros y patronales realizados hasta la fecha. Para el Pts, un  control obrero de un Caja debería apuntar al “beneficio exclusivo”, es decir a la especulación bursátil. Para el Partido Obrero el control obrero no debe solamente garantizar la “transparencia” del manejo de las Cajas, sino que debe estar al servicio de una política anti-capitalista, la cual deberá chocar constantemente con el propio Estado burgués. Por este motivo, el control o gestión obrera de la Cajas debe servir para reclamar, luchar e impulsar un plan económico de conjunto al servicio de las necesidades sociales de las masas explotadas, ejecutado con los métodos de la clase obrera (control obrero, abolición del secreto comercial, expropiación de los monopolios capitalistas, y no para el “beneficio exclusivo” de los propietarios obreros de las Cajas. Pretender que este planteo es el de Clinton, revela una monumental ignorancia… de los planteos de Clinton. Clinton pretende defender la propiedad capitalista ( e incluso extenderla a los obreros, como el Pts), y al Estado burgués, el planteo del PO le da un contenido anticapitalista al control obrero de las Cajas de Jubilaciones del Estado y plantea la necesidad de la conquista del poder. El Pts no sabe que fue así que Tortsky delimitó las posiciones del programa de transición de las del presidente Roosvelt en la década del ‘30.


Autogestión y Estado


A esta altura,  podemos abordar otro de los aspectos decisivos de las posiciones anti-socialistas y contrarrevolucionarias del Pts. La teoría de la propiedad de los trabajadores sobre las Cajas es una variante de los planteos anarquistas y autogestionarios que pretenden resolver los antagonismos sociales prescindiendo del Estado y de cualquier lucha por influenciarlo, conquistarlo y finalmente destruirlo. Se trata de una posición “anti-política”. En las décadas del 60 y 70, el planteo autogestionario fue vigorosamente asumido, en particular en Europa, por el propio clero en su variante “izquierdista”. Las centrales sindicales de filiación cristiana pasaron a oponer a la lucha de clases, a las huelgas y a las manifestaciones políticas, no la caridad y el “salario justo”, sino la autogestión obrera, en especial para las empresas capitalistas en quiebra. La demagogia clerical autogestionaria se abrió camino entre los partidos socialistas, en particular el francés, y aun en corrientes “trotskistas”, como la que aún dirige E. Mandel. En la práctica se desenvolvió un planteo de colaboración clasista y de integración de los trabajadores al Estado, en nombre del “participacionismo”. A través de su posición sobre las Cajas, el Pts nos revela los extremos a que ha llegado en su completo apartamiento de la doctrina del Estado y de la Revolución. Todo el esfuerzo de un partido político marxista debe estar dirigido a la politización de los antagonismos de la sociedad capitalista, es decir a hacerlos “asunto de Estado”, ya que ésta es la única vía para preparar a la clase obrera a la lucha por el poder político. El solo hecho de querer des-politizar la tremenda cuestión jubilatoria, tipifica al Pts como anti-revolucionario. Pero el Pts ha ido más lejos aún en esta posición anti-política, o mejor, ha sido radicalmente consecuente con ella, al boicotear, junto con toda la burocracia partidaria de los Fondos de Pensión privados sindicales, las movilizaciones y luchas contra el proyecto menemista de ley. La “polémica” que ha salido a entablar contra el PO (y de la cual se retirará cobardamente a partir de esta respuesta, como ocurrió con la “polémica” sobre Irak), tiene para el Pts la función de encubrir su sabotaje a los esfuerzos populares para impedir la sanción de la ley y para inflingir consecuentemente una fuerte derrota al menemismo, es decir, a los imperialistas.


Demagogia, encubrimiento


 

El lector puede ya reconocer, sin necesidad de mayores esfuerzos, la ilimitada ignorancia y la desvergonzada demagogia que resume el planteo del Pts en el sentido de que “los trabajadores son capaces no sólo de administrar sus propios fondos (!!) sino que son capaces de destruir a este Estado burgués, construir su propio Estado y administrar centralizadamente la economía nacional”. Cualquier obrero serio se dará cuenta de que la segunda parte de esta cita es una asquerosa mentira. Hoy por hoy los trabajadores no sólo no son capaces de hacer lo que afirma el Pts, sino que ni siquiera tienen la pretensión de derrocar a la burguesía. Para que ocurra lo contrario aún debe emanciparse de la tutela de los partidos capitalistas, llegar a la comprensión de que no hay salida bajo el régimen actual y organizarse en un partido propio, rigurosamente independiente. La afirmación barata del Pts demuestra cuán lejos está de las masas y de la situación política en general; aún está pendiente la tarea de organizar una vanguardia de la clase obrera. Lo más miserable, con todo, es que esta demagogia revolucionaria es usada para encubrir la primera proposición, la de que los trabajadores son capaces de administrar un Fondo de Pensión. ¡Pero si se educan y son capaces para jugar en la Bolsa, o en su “beneficio exclusivo” no se educan ni son capaces para hacer la revolución proletaria! La tarea, no ya histórica, sino inmediata de los trabajadores, no es administrar un Fondo de Pensión. Esa tarea es hoy quebrar el ataque del gobierno e imponerle la obligación de que garantice los aportes realizados y el pago del 82% móvil —es decir, una jubilación mínima de 500 pesos.

 La posición sobre las jubilaciones, de parte del Pts, prueba el completo rigor de nuestra caracterización de que se trata de un grupo aventurero, es decir carente de cualquier clase de principios. Paga así las consecuencias de haber roto con el Mas sin una delimitación política y de haber formado  un partido como si fuera un Fondo de Pensión, es decir, administrativamente, sin un programa.

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