19/08/2021

El reino del poder y el poder de “El Reino”

Iglesia y política se entrecruzan en este thriller argentino furor en Netflix.
Por Beita De

“Lindo corazón, ¿qué es lo que te hicieron” susurra la intro de cada capítulo en la voz de Cazzu (rapera, compositora y directora argentina​​), al tiempo que un drone recorre Buenos Aires. El Obelisco y una inmensa cruz de luz blanca de un lado y sucia y corroída de óxido por otro, se emplazan en pleno centro porteño. Pañuelos celestes, movilizaciones, iglesias, predicas, biblias, elecciones, pobreza y villas. Es casi un resumen perfecto de El Reino, que acaba de estrenar su primera temporada en Netflix.

Emilio Vázquez Pena (Diego Peretti) un afamado pastor, Rubén Osorio (Joaquín Furriel) un maquiavélico armador político, Julio Clamens (“Chino” Darín) un aprendiz de armador político y Elena (Mercedes Moran) la pastora verdadera cabeza tras la Iglesia, son algunos de los protagonistas de este thriller. Un magnicidio es el puntapié. La noche de presentación de la fórmula presidencial de un naciente partido que destaca la moral y la familia cristiana como ideales, es asesinado sobre el escenario el candidato a presidente, Armando Badajoz. ¿El autor del crimen? Remigio Cárdenas, un feligrés de la Iglesia de Emilio que trabaja en el hogar comedor. ¿El móvil? Sobre esto girará la trama, que irá desnudando capítulo a capítulo quién es quién en esta historia.

“El Reino” cuenta con 8 capítulos en su primera temporada y fue creado por Marcelo Piñeyro y Claudia Piñeiro, quien además es su guionista. También participan del elenco Nancy Duplaá, Vera Spinetta, Peter Lanzani y Sofía Gala. Para evitar spoilers no avanzaremos en caracterizar a cada personaje .

El poder de la palabra, oremos hermanos

La idea que trasciende sin dudas en la serie es la del poder que representa la oratoria en la vida política y religiosa. Discursos que “lleguen” son los que lograrán cautivar audiencias tanto en el mundo de la fe como en el terreno político. El genio carismático del orador podrá transmitir “la palabra” de tal modo que logrará hacer propia “la verdad”, para todo lo demás existen las fake news y el control de los medios amigos. Los pastores, los políticos, los religiosos, lo que se dice y se deja de decir. Todo lo que respecta al “reino” de las ideas tiene un peso propio en esta serie cuya trama atrapa sin ser compleja. “Notamos que la política y el evangelismo, los dos ejes de nuestra historia, tenían muchos puntos en común. Y sobre todo una de las características que va adquiriendo el siglo XXI hasta ahora. Se empieza a cancelar la racionalidad en los debates. Ahora todo se coloca en una esfera puramente emocional”, señala Marcelo Piñeyro.

Aunque pareciera jugar aquí una suerte de representación tipo “aguja hipodérmica”, donde los receptores reciben pasivamente los mensajes de los emisores, resulta interesante este nexo que presenta la serie sobre el fanatismo de los seguidores que hay entre la religión y la política hoy. Los antagonismos de clase también aparecen presentes dentro de esta ficción. En una reciente entrevista, su protagonista Diego Peretti reflexionó al respecto: “Una cosa es la grieta entre las clases sociales, que existe en todos los países del mundo y no se puede negar: la lucha de clases existe y negarla es como negar el inconsciente en psicología. Pero la grieta coyuntural que se vende, este River-Boca que hace que las decisiones se tomen de acuerdo a si algo viene del este o del oeste, esa grieta es un negocio que le da plata y poder a mucha gente. Los dos componentes de esa situación se pelean para los medios, para que uno lea los diarios y se mantenga entretenido como con una telenovela; pero estoy seguro de que existe un teléfono que hace que los dos convivan y sigan llenándose las arcas revistiéndose en una ideología que puede ser populista o liberal, mientras la gente se muere de hambre y ellos siguen en el poder”.

Separación de la Iglesia del Estado

En un punto es inevitable no pensar en esta referencia a una lucha aún pendiente, tratándose de una historia que cuenta de la influencia de la iglesia en la política. De hecho el pastor Emilio hará gala en más de una conversación sobre qué ministerios le interesan en particular para terminar por ejemplo con “la ideología de género que corrompe y destruye a las familias cristianas”.

Por otro lado, es interesante que se haya optado por representar la influencia de la Iglesia Evangélica en Argentina, considerando que se trata de un país donde el poderío principal del culto y por tanto la influencia sigue en manos de la Iglesia Católica. Posiblemente esta elección tenga que ver con que la serie es un producto de la plataforma de streaming que se difunde en toda Latinoamérica, donde sí se ve un avance más pronunciado de está rama religiosa. De hecho, no es la primera serie que Netflix pone en su catálogo que apunte sobre la influencia de las iglesias  en la política. Un ejemplo es la serie documental “The Family”, recorre la historia de un grupo de particular influencia sobre el gobierno de Estados Unidos y cómo esa tendencia se refleja en otros países y líderes mundiales.

“Las cosas que nos preocupan del mundo a mí y a Marcelo suelen ser las mismas, y una de ellas es el avance de ciertas derechas acompañadas por fenómenos religiosos que limitan los derechos de las personas, cómo se van haciendo lugar en distintos países de Latinoamérica y otros lugares, como pasó en los Estados Unidos con Trump”, señala Claudia Piñeiro. De hecho, entrevistada recientemente por A24, la escritora reflexiona y va más allá de la serie en este sentido estableciendo un paralelismo con el escenario electoral actual de nuestro país “a mi siempre me gustan los partidos de izquierda, me parece muy importante que la tercera fuerza sea la izquierda y no la ultraderecha en Argentina” y destaca “vos sabés que cuando estás votando a la izquierda estás votando, no sé a Romina Del Plá que a mi me cae superbien y con la cual trabaje muchísimo por el tema del aborto y no una lista de 10 donde hay 6 que no podés votar.”

“Los demonios son ángeles del cielo”

La construcción de los personajes juega sobre la base en la que todos son a su manera villanos en la historia. En mayor o menor medida, en nombre de Cristo o del poder terrenal. Nadie está libre de tirar la piedra libre de pecado. Algo que vuelve atractivo a El Reino es que no subestima a los espectadores con los personajes que presenta, los cuales a la vez le dan consistencia a una historia llena de condimentos de intriga. Eso explica en parte que en menos de una semana de su estreno en Netflix ya se convirtió en la serie líder de Argentina dentro de la plataforma.

Como punto final no podemos omitir mencionar que la serie es producida por la productora de Hugo Sigman, la cual, como sucede con todo en su “reino”, fue beneficiada en la pandemia por descuentos en cargas patronales, ganancias y servicios de exportación, pero eso ya es parte de otro cuento.

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