06/12/2001 | 732

El Tesoro yanqui exige el «default»

Las medidas recientes de Cavallo han logrado algo que se creía imposible: que en una economía en depresión los vendedores se retiren del mercado. Como el destino de los depósitos bancarios es incierto, nadie quiere entregar sus mercancías si no es a cambio de efectivo. Esto explica la extraordinaria parálisis económica que han provocado las medidas de control financiero y que han sido apoyadas por la burguesía «productiva» y el Frenapo. También explica esto el auge de los «patacones», los cuales tienen sin embargo el límite insalvable de que sólo sirven para saldar impuestos.


Otra de las contradicciones espectaculares del «Cavallazo» es que el congelamiento de los depósitos transfiere al Banco Central la única posibilidad de crear crédito, mientras que al mismo tiempo, le quita este recurso al dolarizar el sistema financiero. Tapa un agujero en un lado y provoca un cráter en el otro.


Por otro lado, si se mantiene la negativa del FMI a conceder los 1.260 millones de dólares, se precipitará la declaración de bancarrota de la Argentina y una reestructuración forzada de la deuda externa. La consecuencia principal sería la quiebra de una parte de la banca local y el debilitamiento de los bancos españoles. Por eso, el «default» es impulsado por gran parte de la banca norteamericana y el Tesoro de Estados Unidos.


Las contradicciones mortales entre los capitalistas son un componente inevitable y explosivo de cualquier gran crisis capitalista. Precisamente porque obstaculizan este desenlace de la crisis, una parte de la banca yanqui critica los «controles» impuestos por Cavallo. Ahora están reclamando el derecho para sus clientes de retirar los depósitos, lo cual piensan solventar con fondos del exterior (Página 12, 5/12). Esto, claro, provocaría la quiebra de sus rivales en situación diferente. Esto explica mejor que nada por qué varios dirigentes del Frenapo apoyan el «Cavallazo» del último fin de semana.


Al mismo tiempo, una fracción de la burguesía local (Techint) reclama una fuerte desvalorización del peso para exportar. Pero, aunque esto podría recomponer los beneficios de los exportadores, de ninguna manera haría aumentar las exportaciones o el valor que ellas agregan a la producción nacional. Los mayores beneficios irían a parar a cuentas en el exterior.


Lo que surge de todo esto es que bajo la dirección de la burguesía no es posible una salida de la crisis que no se descargue sobre los trabajadores. Esta cuestión elemental es la que no entienden los «izquierdistas» locales que hablan de «redistribuir los ingresos», y que son los más empecinados en negar la cuestión del poder.

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