08/11/2007 | 1016

Elecciones: ¿Es necesaria una autocrítica?

Los resultados electorales, parecen haber actuado como disparadores de una tendencia que busca frenéticamente las explicaciones del retroceso electoral en fallas de características políticas. Varios compañeros comenzaron hablar de que es necesaria una autocrítica. Pero además algunos pseudoizquierdistas hoy vienen a aconsejarnos qué hacer cuando nunca participaron activamente en las luchas, en las asambleas ni en nada. Pareciera ser que hemos encarado la campaña electoral de manera improvisada, como electoralistas cualquieras y no como un partido revolucionario. ¿No hemos convocado anticipadamente al XVII Congreso para fijar nuestra táctica electoral? Entre las resoluciones hemos planteado que en estas elecciones “…Nuestra alternativa política sólo será tal si se expresa en una tendencia organizada, en una tendencia que lucha por el poder, no apenas en una tendencia que explota una 'opinión pública' favorable…” (BI 12), pero además hemos señalado nuestras propias limitaciones y fijado un plateo cuando dijimos que “…esta campaña es en primer lugar una campaña para definir un conjunto de incorporaciones al partido, de ninguna manera debe implicar un convite sin principios a los luchadores a sumarse a nuestras listas electorales. El PO debe superar en medio de esta lucha política sus limitaciones en el desarrollo militante y no disolverse en el movimientismo" (ídem).


Pero el lector asiduo de Prensa Obrera puede darse cuenta perfectamente de que el PO no ha sido un improvisado en estas elecciones. Varios artículos previos a las elecciones, han preanunciado, con un análisis político objetivo, las perspectivas que se planteaban en cuanto a los posibles resultados. Desde el PO de Salta señalamos que “…este desguace organizado del romerismo en dos polos, amenaza en el plano electoral el progreso de nuestro partido, el Partido Obrero, en la medida en que se imponga la ilusión de que conviene el ‘voto útil’ por el candidato del Frente para la Victoria. Esta tendencia se encuentra en contradicción con el crecimiento del protagonismo de nuestro partido en todas las grandes causas populares" (http://www.po.org.ar/node/12439).


Las autocríticas, tal como la conciben algunas sectas, se hacen para ver de qué manera se reacomodan posiciones que se estrellan con la realidad, ya sea un seguidismo a figurones que deambulan sin partido, o un reformismo sin futuro, o una mera postura electoralista, que está lejos de ser la postura de nuestro partido.


¿Nosotros no somos acaso un partido que se critica a sí mismo co tidianamente? El Partido Obrero se ha ganado un lugar entre los trabajadores por su acción cotidiana, a través de sus ideas, su accionar, y su planteo de lograr una organización independiente para nuestra clase. Nosotros nos criticamos diariamente porque las condiciones de nuestra militancia así lo exigen.


La participación electoral despierta, y así debe ser, una importante expectativa entre la militancia. El problema comienza cuando uno ve las elecciones como un fin en sí mismo y no como uns instancia más, como un episodio más, que el partido revolucionario debe usar al máximo, de la mejor manera, para hacer conocer el programa e instalar entre las masas la idea de que hay que librarse de los explotadores de una vez por todas. Los resultados deben medirse no sólo desde el punto de vista numérico, sino teniendo en cuenta que la acción del partido en las elecciones pueda potenciar las posibilidades de desarrollo del partido. Algunos ya dicen en Tartagal que no será lo mismo el Concejo sin la banca del PO. Ahora bien, ¿qué pasa si hay un resultado electoral adverso? Es el acabóse? De ninguna manera. Hay que entender que si llegamos a ganar bancas fue, es y será producto de nuestra acción como militantes revolucionarios. ¿Perderlas fue una manifestación de nuestra inoperancia como tribunos de la clase obrera? Absolutamente, no. ¿O no recordamos la imagen de los legisladores patronales salteños huyendo en vehículos policiales y los legisladores revolucionarios en medio de los docentes? Tan sólo por dar un ejemplo. Pero, ¿puede considerarse que la burguesía está tranquila con representantes obreros en sus parlamentos? ¿Puede creerse que se bancan que en la cueva misma donde se pergeñan las más viles políticas antiobreras haya verdaderos representantes de la clase trabajadora y de las masas explotadas? Las repuestas son obvias. Precisamente el desguace organizado del romerismo en dos polos tenía ese objetivo. Ahora bien, cuando participamos en la contienda electoral vamos con todo el optimismo posible. Participar de una manera testimonial no sería revolucionario.


Las premisas organizativas del Partido no están supeditadas a una elección. Nuestro trabajo no se reduce a la elección. Sólo vemos en ella una posibilidad de impulsar la penetración de las ideas revolucionarias en las masas. Quien reduzca la derrota electoral a la derrota final de la clase obrera es liquidacionista. El harakiri es para los desesperados y para los no tienen un partido y una política. La lucha de clases está viva, más viva que nunca, y esto se verá con mayor envergadura, inmediatamente. Retrocedimos en una elección. Pero no en nuestras convicciones. ¿Volveremos a participar? Lo analizaremos en el momento. Pero en la lucha revolucionaria estaremos hasta el final, como clase, hasta derrotar a la burguesía, hasta que la clase obrera gobierne y podamos imponer el socialismo. “Agrupémonos todos en la lucha final y se alcen los pueblos con valor por la Internacional…”. Estaremos en todas la batallas, pero convencidos de que la lucha final es nuestra.

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